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jueves, 5 de junio de 2008

El maltrato a los adolescentes y "El proceso"

Publicado por TEKNE en 1985 para la Cátedra Clínica de Niños y adolescentes.

Voy a hablar de los adolescentes. No de todos y de todo, eso es imposible. Pero de los que voy a hablar no son los menos importantes. De algunos párrafos se podrán desprender reflexiones más generales sobre la adolescencia y sobre psicología de las masas.

Adolescer, raíz de adolescencia, me lleva a definir a ésta como la enfermedad constitucional del ser humano. Un período entre los once y los veintipico, la exacerba. ¿Qué de lo biológico, qué de lo simbólico, qué de lo imaginario? "La edad del pavo", dicen unos, "los viejos no entienden nada" dicen los otros. ¿Dónde está la verdad? ¿Hay una verdad? La música que cultivan los adolescentes sería para muchos adultos el ejemplo del primer dicho. Posiciones políticas de los adultos serían para muchos adolescentes el paradigma del segundo dicho.

"La comunicación no existe", nos dice Lacan. Esta verdad, efecto del valor multívoco y equívoco del significante y de que el mensaje es significado desde el lugar del Otro, adquiere una dimensión especial en la exacerbación adolescente de la adolescencia. El análisis de cada caso nos habla de su proyección particular, la experiencia global nos habla de algunas constantes.

El desarrollo gonadal, las transformaciones físicas y los actos provenientes del orden simbólico que los estructura (por ejemplo el Bar Mitsvá, la confirmación, el baile de los quince, el cambio de la primaria a la secundaria), ponen en crisis las identificaciones en que se sostenía el latente. Cambió su posición en la estructura. Deja de ser el niño aquel totalmente dependiente del designio de los padres y pasa a ser ¿qué? Ahí está la dificultad. La adolescencia es una descomunal pregunta sin respuesta, o frente a la cual las respuestas fracasan.

Desde lo simbólico, la frase "edad del pavo", propone un mal lugar para sostener una relación con lo real de ese cuerpo en transformación, que no encuentra un sólido imaginario en el cual mirarse. Así leo lo que nos plantean Enrique Millán y Silvia Wainstein cuando dicen: "Estamos frente a un drama cuyo empuje interno se precipita de la suficiencia a la falta de anticipación". Yo lo leo como: suficiencia de la latencia, falta de anticipación de una imagen que se afea, al no poder ser niño y no llegar a ser adulto y donde las andaderas simbólicas que la sostienen le dicen: "Está en la pavada".

Pero, ¿por qué le dicen eso? Simplemente, reproducen, transferencian, transmiten, su propia conflictiva adolescente?, o además ¿son sujetos de la tensión agresiva que produce la presentificación de la muerte que representa el adolescente? No es solamente que él se hace hombre o mujer, sino que el adulto, se hace "viejo", y en esto lo principal no es lo biológico. Es la edad en que los chicos empiezan a llamar "viejos" a sus padres, tanto como expresión de afecto y reconocimiento, como de censura y desilusión. Mientras ellos se adhieren firmemente a los ideales inalcanzados de los padres, estos han sufrido el segundo golpe de la castración y habitualmente se han tornado sensatos, normatizados.

Pero los que fueron ideales de juventud, siguen funcionado como remitencias a las historias, del mito, aunque el adulto renuncie, o incluso se oponga a ellos. Cuánto más conflictiva es la relación del adulto con aquellos ideales, más complicada es la situación para el adolescente.
Lacan nos dice: "El padre, el Nombre-del-Padre, sostiene la estructura del deseo con la ley -pero la herencia del padre, es su pecado"(1). Los conflictos con los ideales expresan y proponen las fallas en la ley, hablan el pecado. Y no hay que hacerse ilusiones, es un efecto de la estructura, de la castración, que en el adulto neurótico normal, de algún modo, se expresen conflictos con el ideal juvenil, que le dificultan atender a los ideales de los hijos. De ahí que en el decir: "los viejos no entienden nada" algo de la verdad habla.

El adolescente es expresión de un nuevo intento de renegar la castración, lo que se expresa en el terreno de los ideales, de ahí su absolutismo.
Decía, la adolescencia, descomunal pregunta sin respuesta. La reactivación sexual de la pubertad señalada por Freud en "Tres ensayos..." lanza al adolescente tras el saber sexual. La reactivación de su Edipo, señalada también en la misma obra, cruza a Edipo adolescente en el camino de Layo. Lo que hace que Layo no pueda saber, ¿dónde encontrarlo? Quien busca un saber, lo supone a algún sujeto. Sujeto supuesto saber. De ahí los diversos oráculos que el adolescente escucha (musicales, políticos, deportivos, danzantes, etc.). Esa búsqueda hace de estos, líderes, objetos de identificación, y de los adolescentes, masa, grupo.

En salud mental hablan de prevención primaria. Con la adolescencia de este momento, si de prevención se habla, ¿de qué hablar? Para un adolescente actual, siete años son muchos. Para algunos la mitad de lo vivido. Para otros, más cuando comenzaban estos siete años, algunos actualmente adolescentes, se enfrentaban a la castración, los argentinos a la muerte. ¿Cómo se inscribió en esos padres la amenaza de muerte? ¿Qué efectos produjo en esos hijos dicha inscripción?

Una adolescente en un grupo decía, refiriéndose a la actitud del padre en estos años previos: "Se lavó las manos, cuando hubo que callarse, calló y ahora habla"/.../ Si afirmativamente lo acusa "se lavó las manos", en el "cuando hubo que callarse",lo reconoce sujeto a un orden que lo condiciona y lo determina. El final "calló", describe y tal vez sentencia, ya que la transformación porteña en "y" de la "I, en ese contexto puede estar hablando de la caída de un padre y cuestionando su resurgimiento: "habla".
En estos años muchos padres transmitieron por la negación, el silencio, el rumor, el temor y la vergüenza.

Contaban adolescentes en el grupo antedicho: "Era el silencio absoluto, me decían, no hables de esto con nadie, decí que a tu padre lo transfirieron a otro lado" (era la hija de un exiliado que volvió), y agregaba adultamente: "¿Y cómo me explican?" Que es la recepción invertida del mensaje de los padres: ¿Cómo le explico?
Otra agregaba: "Ese silencio te confundía. Pensaba que se lo habían llevado porque era ladrón".
Esta última nos contesta parte de las preguntas: ¿Cómo se inscribió en los padres la amenaza? ¿Qué efectos produjo en esos chicos dicha inscripción? Silencio. Confusión.

Esto crea una peligrosa situación. Un adolescente decía en dicho grupo: "Ante los padres derrotados la juventud aparece como la esperanza, como que se abre una nueva fuerza. Es un error cargar mucho a la juventud. Mucha presión sobre la juventud para que hagan sobre este país. Es un peso. Desgraciadamente vamos a llegar a los 40-45 y vamos a decir: "ahora vos". Hay una gran contradicción, por un lado empujan a la juventud, por otro lado la frenan". Si los hijos se hacen cargo de las deudas imaginarias de los padres la actuación política se puede hacer suicida en diversas variantes.

Por otro lado, como analizaba una de las partícipes en dicho grupo, el terror generó vergüenza en muchos padres, sentimientos de culpa por deudas imaginarias contraídas con los ideales postergados los argentinos desaparecidos.
El orden simbólico preexiste al sujeto y lo produce inconsciente y dividido. ¿Cuál fue la palabra dominante en ese orden, la del "proceso", o la de los "muertos"? La de los muertos: ¿Como signos o como significantes? Como significantes. El adolescente de hoy, ¿es el mismo que el de 1973? No, como masa. Esta aseveración es psicoanalítica. El sujeto del inconsciente es un punto en el tiempo y sólo es aprehensible en su emergencia y desvanecimiento por la interpretación psicoanalítica. Aunque se utilicen categorías provenientes del Psicoanálisis.

"Psicología de las masas y análisis del Yo", y la magna obra de Freud, desde el mismo título indica. ¿Puede ser útil la prevención primaria? Puede serlo a condición de que se la entienda, no como restringida a un manual de consejos sobre la relación entre padres e hijos, sino como un discurso destinado a operar, a incidir, a cortar, en lo real, con el significante que interprete al orden simbólico que produce al sujeto. En el caso que nos ocupa, al sujeto de la adolescencia. Con la interpretación que en su corte, produzca la caída del Sujeto supuesto saber y relance el discurso del adolescente.

"Nuestros enemigos son los subversivos y los corruptos", decían en marzo de 1976 los que se proponían como los nuevos padres de la patria. Llamaban a su acto: "Proceso de reorganización nacional", parafraseando lo del "Período de reorganización nacional", posterior a los caudillos, y se comparaban con la generación del 80, de los Pellegrini, Roca, etc. Proposición frustrada, pues su acción que se montó en el descontento con el gobierno de Isabel y en la retracción del pueblo ante el accionar de las organizaciones guerrilleras y de la represión para-militar, no propuso ningún ideal en relación al cual los jóvenes pudieran identificarse. El intento más importante lo estructuraron con la guerra de las Malvinas que la derrota transformó en su mayor fracaso. Era un saber sobre la Patria, que le otorgaba lógica, hasta al ofrendar la vida. La derrota desenmascaró la aventura y desde lo real emergió desnuda una cierta verdad que destituyó a ese saber.

Este "proceso" ha mostrado que el funcionamiento o no, como objeto de identificación, depende de la posición que se logre en una estructura de poder pero, en relación al discurso que sostiene dicha posición, cuyos significantes están formados por palabras, consignas, actos, que interpretan o no, deseos circulantes en determinados estratos sociales.
La relación de estos significantes que sostienen los ideales del yo de la masa, darán de la capacidad de los que se sostienen en ellos, para ocupar el lugar de objetos de identificación, objetos que se saben sobre lo que la masa desea, generándose un proceso de ida y vuelta, de deslizamiento de sentidos, entre los ideales en que se sostiene la masa y los ideales que producen a los dirigentes.

El acto de institución del "proceso" -y sabemos que los actos pueden ser también significantes -subvertía la Ley constitutiva de la Nación, abolía lo que proclamaba. La corrupción terminaría de agujerear ese simbólico. La locura se tornó amenaza. Eso lo palpaba cualquiera, todos los días. Se tema la paralización total, la catástrofe de la economía. Se inventan neologismos vg.: están inflación. La guerra, la masacre, amenazan desde lo real en convertirse en la restitución delirante del agujero que deja en lo simbólico la palabra pérdida.

Sin embargo, la República se resiste y en la discrepancia, se sostiene en los significantes que, mentando lo de los muertos, se transmitieron a través de la música (rock, folklore) o del rumor, y hoy sostiene al movimiento social: volver y ser millones. Liberación o dependencia. Derecho a la vida. Somos la vida. Justicia es reparación del daño al pueblo. La Causa contra el régimen. Luder o Coca Cola. No al pacto sindical-militar. Rendición de cuentas. Alfonsín o milicos. Aparición con vida. En plena guerra de las Malvinas, en una de las canciones que más se cantaban, León Gieco decía: "Sólo le pido a Dios/ que la guerra no me sea indiferente/Es un monstruo grande y pisa fuerte/ toda la inocencia de la gente. Sólo le pido a Dios/ que lo injusto no me sea indiferente si un traidor puede más que unos cuantos/ que unos cuantos no lo olviden fácilmente./Sólo le pido a Dios/ que el futuro no me sea indiferente/ deshauciado está el que tiene que marchar a vivir una cultura diferente..."

La guerra, la injusticia, la traición, el exilio; cuatro flagelos de estos años, eran hablados por los adolescentes, con la voz de León Gieco.
De la misma manera podría señalar muchas otras, que rompieron el silencio abriéndole una posibilidad a los adolescentes frente al desconcierto. Recordar también "La cigarra", pues si desde la voz de Susana Rinaldi, Mercedes Sosa y otros, y desde la pluma de María Elena Walsh hizo nube en la boca de los chicos, fue porque como significante habló de lo real del "Proceso de Reorganización Nacional"; de los desaparecidos.

"Tantas veces me mataron/ tantas veces me morí/ sin embargo estoy aquí/ resucitando.../ Tantas veces me borraron /tantas desaparecí/ a mi propio entierro fui../ Tantas veces te mataron/ tantas resucitarás/ tantas noches pasarás/ desesperando/ A la hora del naufragio / y la de la oscuridad./Alguien te rescatará/ para ir cantando.
Y este hablar, como ocurre con la atemporalidad del inconsciente, fue independiente de la fecha en que lo haya escrito la autora y de la intencionalidad conciente de la misma. Según las leyes del tiempo lógico, desde el después en que se actualizó, resignificó retroactivamente, lo que la experiencia de amigos o familiares o el rumor indicaban que estaba pasando. Lo mismo ocurrió con la "Marcha de la bronca" de Cantilo, recuerdo dos líneas: "Bronca porque matan sin descaro, pero nunca nada queda claro".

No pretendo con esto explicar la realidad político social de la hora, que exige poner en juego categorías de otro orden, aunque el punto de vista psicoanalítico puede brindar su aporte.
Tal vez se piense que me he deslizado del discurso psicológico al político. Creo que no. Si hablamos de una capa generacional, hablamos de Psicologías de masas. Freud en su trabajo nos decía: "Una masa primaria de esta índole es una multitud de individuos que "han puesto un objeto, uno y el mismo, en el lugar de su ideal del yo a consecuencia de lo cual se han identificado entre sí en su yo".

Aquellos significantes son los ideales en relación a los que están surgiendo los líderes con los que se identifican los adolescentes de hoy. La política es un mal mayor necesario, no hay otra forma de relaciones sociales. En su discurso se articulan los significantes que harán de un pueblo Nación o de una Nación desastre. La represión del estado, el silencio aterrorizado de los padres, la palabra sin ley de los gobernantes, habían sumido en el desconcierto y la confusión a los adolescentes que se deslizaban a la violencia irracional, a la drogadicción, a la desestructuración. La crisis aguda de ese estado de cosas, particularmente como consecuencia de la guerra de Las Malvinas, venció al terror, reabrió las bocas, puso en primer plano a esa música que transmitía los significantes de los muertos, y los adolescentes, retomaron sus banderas, sus ideales.

¿Esto es la panacea? No hay panacea. Recordábamos al principio, que justamente somos sujetos de la adolescencia, de la carencia. No hay Otro del Otro y el Otro no es consistente, tiene su falla, el significante de la falta del Otro, S (A), la simboliza.
Pero es la vida, con todo lo que contiene de muerte. Que es absolutamente contrario de la muerte con todo lo que ha perdido de vida.

jueves, 15 de mayo de 2008

No es lo mismo ser profundo que haberse venido abajo.

01 de junio de 1990


Publicado en Página 12


Mientras era chupado por el televisor un habitante semidesocupado de Lugano É-IÉ respondía a las críiticas al Gobierno, realizadas por un pariente: "Bueno, los argentinos necesitamos sufrir un poco". Esta frase, tan del imaginario popular como otras que se escuchan a diario -"este país de mierda", "nos lo tenemos merecido", "lo que pasa es que nadie quiere trabajar"- forma parte del discurso melancólico cotidiano. De esta melancolización también dan cuenta hechos tales como que se hagan mal las reparaciones, que no se cumplan los compromisos de entrega, que surjan peleas por nimiedades. La teoría y la práctica psicoanalítica articulan estos fenómenos en una posición subjetiva.

"La melancolía se singulariza en lo anímico por una desazón profundamente odiada, una cancelación del interés por el mundo exterior, la pérdida de la capacidad de amar, la inhibición de toda productividad y uná rebaja en el sentimiento de sí que se exterioriza en autorreproches y autodenigraciones y una extrema hasta una delirante expectativa de castigo", escribió Sigmund Freud en 1915.

A diferencia de esta, el duelo es para Freud "la reacción frente a la pérdida de una persona amada, o de una abstracción que haga suyo veces, como la patria, la libertad, un ideal, etc. En estos años la mayoría de los argentinos ha perdido como personas amadas a Perón -por muerte­ a Alfonsín y a Menem -por decepción­ o al ideal de la Argentina como país próspero y libre. Sólo el sinceramiento sobre el pasado permitirá aclarar el presente, abandonar la melancolía y resolver el duelo ni ser así, persistir el efecto por el cual la población se hace cargo de las culpas de los dirigentes hegemónicos en los partidos tradicionales que a vez, disimular a culpa básica que corresponde a la patria contratista, a la patria financiera y a las multinacionales.

En una trama de hipocresías, las oligarquías argentinas tuvieron siempre la habilidad de hacer la vista gorda a la "viveza criolla de los partidos gobernantes, que utilizan el aparato del Estado para dar "ocupación a sus clientelas electorales entre las que se no la subocupación y la desocupación hubiera reinado antes. Pero eso tuvo un precio en especial a partir del gobierno de Frondizi, consistente en el deterioro económico absoluto -o relativo, con respecto a las empresas privadas­ de los empleados del Estado. Para paliar la protesta los políticos clientelistas, con mí contraprestación, se hicieron los distraídos ante el desgano laboral, los incumplimientos de horarios, las coimas minoristas, las redes clandestinas da base para la defraudación el los servicios, los robos al minoreo, etc.

Equivalente de la plata dulce para las capas medias durante la dictadura militar, esta política de los ahora "partidos del ajuste y la reacción de sus destinatarios genera sentimientos de complicidad y aun de pura culpa propia. Buena parte del resto de la población, sufriente de los efectos de la "contraprestación", comparte ese sentimiento cayendo bajo su sombra, aunque atribuya las culpas a los otros. La frase "este país..." implica a todos.

Como contrapartida de esta melancolización da los perdedores, existe la manía de los triunfadores "La manía no tiene un contenido diverso de la melancolización, ambas afecciones pugnan con el mismo complejo, al que el yo probablemente sucumba en la melancolía, mientras que en la manía si ha dominado o lo ha hecho a un lado (...). En la manía el yo tiene que haber vencido a la pérdida del objeto (o al duelo por la pérdida, o quizás al objeto mismo (...) Cuando parte, voraz, a la búsqueda de nuevas investiduras de objeto, el maníaco no demuestra también inequívocamente su emancipación del objeto que lo hacía penar", explicó también Freud.

El objeto del que se ha emancipado es, obviamente, la vieja lucha popular por una patria libre, justa y soberana. Salir de la melancolía resolver el duelo es, entonces, condición sine qua non para ponerle tope al goce maníaco de los grandes grupos económicos y sus cómplices en los partidos del ajuste.

Un agujero que crece en lo real

31-03-1989


Publicado en Página 12


Las últimas encuestas sobre intención de voto indican descenso de la opción Menem y ascenso de la opción Angeloz. Pero tal vez lo más notable sea que, contrariamente a lo que por lógica se podría esperar, en tanto el acto electoral se aproxima, no sólo no disminuye la tendencia de los indecisos sino que aumenta. Sumemos a estos datos, las conocidas tensiones en los dos partidos grandes debido al descontento de casi la mitad de los afiliados en el peronismo con el candidato y su entorno inmediato, y seguramente de más de la mitad en el radicalismo con el suyo. Agreguemos que si en 1983 la mayoría de quienes votaron a Alfonsín, creían en él, a lo que se sumó después que muchos de los que no lo habían hecho le abrieron una gran cuota de confianza, en las subsiguientes se acentuó el carácter opcional y no eleccional, y apareció el voto castigo. Frisando estas elecciones y progresando la regresión, sectores importantes de la opinión pública ya ni siquiera piensan en castigar, sino en defenderse. Los más empobrecidos optan contra la política económica, los que aún no sufren de desesperación económica, optan contra lo que sienten como amenaza a la legalidad y las libertades civiles.

Este cuadro de situación, de cronificarse por mucho tiempo, abre serios interrogantes sobre el futuro como nación.
En "Psicología de las masas y análisis del Yo" Freud planteó la estructura de las organizaciones artificiales de masas en relación a la fascinación colectiva. Los individuos se identifican al liderazgo porque le suponen saber hacer para restaurar lo que falta. La identificación al liderazgo establece condición de posibilidad para la identificación entre los integrantes de la masa. Que esto es así, hasta la historia de las propias instituciones psicoanalíticas lo muestra.

A mi modo de ver no hay por qu excluir a las naciones de las organizaciones artificiales de masa. De ser así, lo que está ocurriendo en la porción mayoritaria de la población con respecto a los liderazgos, indica que se ha perdido una de las condiciones básicas, desde el punto de vista del Inconsciente, para mantener la cohesión de la organización-nación. Hay entonces tres horizontes posibles, la fragmentación, la recaptura del imaginario colectivo por la ilusión en "una mano dura que restablezca el orden", o el resurgimiento de un liderazgo democrático capaz de suscitar la transferencia necesaria para mantener la cohesión nacional y sacar al país de la crisis.
Aquí cabe la pregunta: ¿Por qué no ocurre esto último?

La respuesta habitual -"se debe a los largos años de dictadura y por lo tanto de no funcionamiento democrático"-, me parece absolutamente insuficiente. A eso se debe agregar que el terrorismo de Estado eliminó parte importante de una generación de políticos que sustentaba la reivindicación de intereses populares. Pero aún así la respuesta queda inconclusa. La corruptela que ha penetrado en algunos sectores tampoco me parece argumento fuerte. Lo llamativo del actual momento argentino reside en que nadie, prefiriendo claro está las reivindicaciones de la mayoría de la población antes que de los poderosos, haya podido elaborar un programa creíble de salida de la crisis. Esto a mi modo de ver, responde a que quienes quisieran hacerlo, en cualquiera de las dotaciones políticas populares, se encuentran con el tope de que las abruptas modificaciones de los '70-'80 en el terreno tecnológico y científico especialmente en los países capitalistas centrales, la entrada en crisis de los países socialistas y el giro tomado por la cuestión de la deuda externa en los países periféricos, inutilizaron el imaginario ideológico que había cristalizado en los años '60. Considero importante tener en cuenta esto pues, desde el punto de vista de las leyes del Inconsciente nos sitúa ante un real sin simbolizar, ante un agujero en el terreno de las ideas que elude la significación, e instala por lo tanto la típica condición traumática que torna insistente la repetición del fracaso.

Un liderazgo capaz de suscitar la transferencia necesaria exige en estos momentos la articulación de:
1)Una imagen confiable por pacífica, democrática y a la vez enérgica e incorruptible. Seguramente se debieron a estos elementos las expectativas que despertó la posibilidad del fiscal Molinas.
2) Enunciados nuevos correspondientes al nuevo real que deben resolver, y verosímiles. Los dos partidos grandes dicen que todo va a mejorar con la colaboración de todos, cuando la experiencia no deja de probar que eso es imposible. Si Alsogaray se le torna creíble a una parte de la población, incluso a sectores que nunca se hubiera sospechado, es porque no oculta que en su política habrá sacrificados en el altar libre-empresista.
3)Enunciación desde un sujeto creíble por ser resultado de una historia mínimamente coherente.

Editorial de Psyche

Abril de 1989.



A pesar de todo, entramos en las vísperas electorales. Estamos en las puertas de cumplir el primer período constitucional después de 38 años. No obstante, nos invade la pesadumbre.
Final grotesco de una gestión presidencial que a pesar de algunas virtudes, terminó siendo una pobre sombra de lo que quiso ser.
Miramos al horizonte electoral y sólo encontramos un sainete en donde se enfrentan el "Se puede" al "Si Dios nos Ayuda".

A mucha gente eso le produce el peligroso sentimiento de que elegir no sirve para nada. De ahí a esperar la salvación de alguna mano dura uniformada o de alguna mano de iluminados salvadores, sólo hay un paso: el que precipita al abismo.
Es mejor entonces no perder la paciencia y trabajar en la dirección necesaria para modificar el panorama.
Es lo que intentamos con este número: contribuir a esa marcha con nuestro trabajo de psicoanalistas.

Nos acompañan en este número "Psi" de otros cuerpos teóricos y un economista de los que no se han dejado aplastar por el vendaval Fridmaniano. Como siempre, se encontrar pluralismo, eso creemos. Psyche, en esta situación tan crucial, no quiso encerrarse en una torre de cristal. Hacerlo hubiera sido, a nuestro modo de ver, dimitir de la ética del analista, tanto como de la del ciudadano.

El psicoanálisis y el malestar en la cultura, entre el Marx de Goce y el plus de Lacan

1989


LACANOAMERICANA de Montevideo.

“Freudismo y marxismo, aunque los discípulos de Freud y de Marx no sean todavía los más propensos a entenderlo y advertirlo, se emparentan, en sus distintos dominios, no sólo por lo que en sus teorías había de “humillación”, como dice Freud, para las concepciones idealistas de la humanidad, sino por su método frente a los problemas que abordan.” José Carlos Mariátegui.*

En la tecera de Roma Lacan plantea: “Con todo, es del malestar en la cultura, de donde procede toda nuestra experiencia”. Dicho que articulo a este de RADIOFONÍA: Costas de goce, he ahí lo primario. Muchísimos de sus trabajos de diversa manera tomaron en cuenta esta verdad de la existencia psicoanalítica. Interrogarse sobre nuestra práctica exige prestar atención a la articulación entre la estructura que preexiste al sujeto y en relación a la cual este se ve obligado a tomar posición cotidianamente, no sin estar condicionado por ella en su forma macro y en sus manifestaciones micro, y lo que este dice presionado por lo real de su ex-sistencia. Lacan definió la función amo y la función esclavo por como queda posicionado el sujeto ante la cuestión de la lucha a muerte. No se trata entonces sólo de una cuestión de condicionamiento estructural sino también de respuesta ética. El esclavo, contrariamente a lo que pensaba Hegel, goza -para eso se rindió al amo. Amo es, el que se decide a la lucha a muerte por el puro prestigio. Esclavo, el que renuncia a ella para asegurarse el goce de la vida, al precio de la bolsa. De ahí que Lacan, contrariando a Hegel diga que el esclavo goza. El amo ordena, sostenido en su deseo, verdad de su discurso. En el punto de partida del capitalismo el esclavo poseía el saber hacer. La sociedad industrial rompió amarras desde la producción artesanal a través de la invención de la máquina. Ello produjo un saldo cualitativo que la diferenció claramente de aquella. No obstante siguió muy inficionada por la misma en tanto el saber hacer del productor manual resultó indispensable hasta la década del 70 (1970). Estoy hablándoles de un espacio histórico muy corto. En países atrasados como el nuestro, el saber hacer del trabajador manual aún tiene mucha importancia. Este factor declinante a partir del surgimiento de la industria, entró en tirabuzón en dicha década, tirabuzón que se acelera cada vez más.

A esta altura de la exposición me resulta muy importante intentar desbrozar el concepto de saber hacer enunciado por Lacan. En los seres parlantes no se puede suponer ningún saber que no sea efecto del significante. Más radicalmente planteará en el seminario “La ética del psicoanálisis”: “Finalmente, a nivel de la objetivación o del objeto, se oponen lo conocido y lo desconocido. Porque lo conocido sólo puede ser conocido en palabras, lo desconocido se presenta como teniendo una estructura de lenguaje. Esto nos permite volver a plantear la pregunta de que ocurre en lo tocante a nivel del sujeto”. Entiendo que usa palabra en lugar de significante, porque para producir el efecto de sentido, ella en algún momento es imprescindible. En Lacan, la cuestión de la primacía del significante no es abandonada porque termine planteando al nudo Borromeo como articulación equivalente entre los tres registros. No va a dejar de sostener nunca la primacía del significante porque todo resto se presenta y se ordena en definitiva según las leyes del lenguaje. Al saber hacer en algunos puntos de su obra, Lacan lo emparenta al instinto de los animales a la vez que lo diferencia claramente del mismo. Esto me parece importante, porque en cambio, al saber teórico nunca lo va a emparentar al instinto de los animales. El saber teórico es efecto del pensamiento, del proceso secundario, del sistema prc./cc. Articula representaciones, que reprimen a los representantes (significantes) reduciendo por lo tanto la capacidad combinatoria y polisémica de la batería lo que facilita, como diría él, la imbecilidad. El saber hacer es el que Lacan privilegia para la función del psicoanalista que debe liberarse en su acto del saber referencial, teórico, para atender sólo al saber textual, al que se lee en el discurso del Otro, o sea en las manifestaciones del Inconsciente. Ergo el saber hacer es efecto del saber Inconsciente, por eso tiene apariencia de instintual.

En la década del 70 Lacan va cirniendo el concepto de goce. Parte de la comprobación manifiesta por Freud de que la repetición de lo desagradable no puede ser explicada por el principio del placer, o sea de la tendencia a la homeostasis, a la mínima diferencia, al equilibrio. Nada de esto es lo predominante en la existencia. En Intervenciones y textos, en el artículo Psicoanálisis y medicina, dice: “Pues lo que yo llamo goce en el sentido en que el cuerpo se experimenta, es siempre del orden de la tensión, del forzamiento, del gasto, incluso de la hazaña. Incontestablemente hay goce en el nivel donde empieza a aparecer el dolor, y sabemos que es sólo a ese nivel del dolor que puede experimentarse toda una dimensión del organismo que de otro modo permanece velada”. Es importante también, recordar su planteo de que el significante es la causa del goce, a diferencia de lo que causa al deseo que es la carencia. En -“Encore”- lo dice así: “El significante es la causa del goce. Sin el significante ¿cómo siquiera abordar esa parte del cuerpo? ¿cómo, sin el significante, centrar ese algo que es la causa material del goce? Por desdibujado, por confuso que sea, una parte del cuerpo es significada en este aporte”. Y agrega: “Iré ahora derechito a la causa final, final en todos los sentidos del término. Por ser su término, el significante es lo que hace alto en el goce”. Agregando: “La eficiencia de la que Aristóteles hace la tercera forma de la causa, finalmente no es otra cosa mas que ese proyecto con el que se limita el goce”. Y poco más adelante: ¿Y el abrazo, el abrazo confuso donde el goce toma su causa, su causa final, que es formal, no pertenece acaso al orden de la gramática que los rige?”. No es lo mismo te abrazo que: me abrazas. O, en nuestro tema, trabajo, que: trabaja. Al poder demostrar que el significante se halla presente en las cuatro causas del goce puede aseverar: “Diré que el significante se sitúa a nivel de la sustancia gozante”, o sea del cuerpo. Por la razón de que el significante es causa del goce y el saber efecto del significante, el saber resulta instrumento para gozar. Esta lógica soporta una afirmación muy fuerte de Lacan en el Envés del psicoanálisis, el saber es instrumento de goce. Al usar la preposición “de”, en lugar de “para”, nos sitúa ante una bifurcación de sentidos no contradictorios y por lo tanto posibles: de y por saber se goza.

Dice en RADIOFONIA: “Al definir a la estructura por relaciones articuladas a su orden, y tales como ahí participan, no se lo hace más que a su costa”. El ser parlante vive a costa de la estructura que lo produce y en su costa, ex-céntrico, ex-tímico, extranjero, alienado, ex-sistente, exiliado. “Costas de vida o bien de muerte es secundario”1 . La disyuntiva que da nacimiento al amo y al esclavo la disposición a la lucha a muerte por el puro prestigio, ante la amenaza -la bolsa o la vida lleva a la “solución” del esclavo optar por la vida sin bolsa que embolsa el amo. Por eso lo que sigue: “Costas de goce, he ahí lo primario”1 . El amo exiliado del goce de la producción del objeto. El esclavo perdiendo al plus que produce, enajenado de él. Todos en la costa, al margen.

“De donde la necesidad de plus-de-gozar para que la máquina trabaje no acusándose ahí el goce sino para que se le tenga de este esguince como agujero a colmar”1 . Porque es una necesidad de la estructura (la máquina) que se produzca un plus, pues, siempre hay un agujero a colmar, estamos todos condenados al deseo, es decir a quedar en las costas del goce, exiliados y pagando un precio. En el Envés de psicoanálisis, en la clase del 17 de diciembre dice: “/.../el significante no está hecho para la relación sexual”/.../ “En todo caso hay algo que es cierto, es que, si para el hombre eso anda más o menos es gracias a un truco que lo permite, pero que de entrada lo vuelve insoluble. Esto es lo que quiere decir el discurso de la histérica, industriosa como ella es/.../ Vemos entonces a la histérica fabricando un hombre como ella puede, un hombre animado por el deseo de saber”, en tanto ella se oferta como objeto causa diciendo “quiero un hombre que sepa hacer el amor2 ” $/a-----S1/S2/... Es desde ahí que Lacan puede afirmar: “Al nivel del discurso de la histérica, que es aquel que ha permitido el pasaje decisivo dando sentido a lo que Marx articuló históricamente, es a saber que hay acontecimientos históricos que sólo se juzgan en términos de síntomas2 ”. Fijémonos que en esto Lacan coincide con Marx, que descubre por qué el modo de producción capitalista hace síntoma. En terminología psicoanalítica podríamos decir que porque en él queda reprimida en la tasa de ganancia la plusvalía que pierde la fuerza de trabajo y que pasa a ser la ganancia del amo, lo que origina demandas. “No se vio hasta donde llevaba eso hasta el día en que se tuvo el discurso de la histérica para hacer el pasaje con algo diferente que es el discurso del psicoanalista. El psicoanalista al principio no tuvo más que escuchar lo que decía la histérica”. El discurso de la histérica se caracteriza por ser el de la demanda de amor que es la que late tras toda demanda. “Es bien el caso de verificar lo que digo del plus-de-gozar. La plusvalía es la Marxlust, el plus de gozar de Marx”/.../ “la plusvalía, es la causa del deseo del cual una economía hace su principio: el de la producción extensiva, por consiguiente insaciable de falta-de-gozar. Por una parte se acumula para acrecentar los medios de esta producción a título de capital. Por otra se extiende el consumo sin el cual esta producción sería vana, justamente por su inepcia a procurar un goce con que ella pueda retardarse”. Como se ve el planteo de Lacan es que la verdadera producción extensiva, de la producción extensiva del modo de producción capitalista insaciable, es la falta de gozar, y que eso y no otra cosa son la plusvalía y el plus de goce.

“En el contexto en que Marx lo plantea -modo de producción capitalista en el cual el trabajo adopta o reviste la forma de valor- el concepto de plusvalía surge como la diferencia entre el valor total generado por el obrero dentro del proceso del trabajo en el marco de la relación asalariada y el valor efectivamente retribuido. Es la diferencia entre el trabajo total generado y el trabajo efectivamente pagado”.3

La plusvalía es lo que queda velado en la categoría de ganancia de la economía clásica. Para entenderlo, Marx tuvo que descubrir el doble carácter del trabajo. El trabajo concreto genera un valor de uso determinado, efecto de la tarea desempeñada. El trabajo abstracto es el gasto de energía humana en la producción por el cual al trabajador se le paga lo mínimo posible para su reproducción. Esta relación es formulada por Marx en el siguiente matema T=TA/TC. Incorporando así una categoría que brillaba por su ausencia en la economía clásica, la de fuerza de trabajo. Propongo la siguiente equivalencia entre elementos de los matemas marxista y lacaniano: TA=FUERZA DE TRABAJO=SABER HACER/TC=PLUS DE GOZAR=SOPORTE DE LA PLUSVALIA. TA/TC=S2/a.

Para escribir estas equivalencias se presentan dos dificultades, por razones de tiempo tomaré sólo una. Marx planteó la plusvalía específicamente para el modo de producción capitalista por estar enlazado a la posibilidad de la venta “libre” de la fuerza de trabajo que se transforma entonces en una mercancía más. El planteo de Lacan sobre el plus de goce lo extiende a toda la historia, incluida la de los amos y esclavos griegos en la que no había posibilidad de venta de fuerza de trabajo “libre”, aunque si de fuerza de trabajo “envasada” -recordemos el mercado de esclavos-. Marx en El fetichismo de la mercancía refiriéndose al feudalismo dice: “Pero, precisamente por tratarse de una sociedad basada en los vínculo personales de sujeción, no es necesario que los trabajos y productos revistan en ella una forma distinta de su realidad”. O sea que a los ojos de Marx no era que en esos regímenes no rigiera la estructura de la plusvalía sino que la misma no era encubierta. Yo diría que era encubierta por otro orden de creencias que tenían que ver con que a ese tipo de relaciones se las consideraba “naturales” por su “origen divino”. La otra dificultad, que no desplegaré, está en el pasaje del saber a la posición agente en el discurso del amo moderno /universitario/ tecnócrata.

¿Por qué estos planteos lacanianos son importantes de enseñar y trasmitir en la formación de psicoanalistas? Porque son nada menos que los que dan fundamento a la estructura del nudo borromeo y del Inconsciente. Como todo discurso, el del amo se produce socialmente. Este desde la apariencia de un significante amo en posición dominante. Pero como la significación proviene del Otro -el esclavo produciendo un plus en el objeto, el amo queda marginado de gozar produciendo, así como de saber sobre su deseo. Y el esclavo de gozar del plusvalor. Como en “A puertas cerradas” de Sartre, quedamos todos condenados a la falta de goce. Efecto irrecusable del modo de producción de los seres parlantes, modo lógico de la imposibilidad que no cesa de no inscribir el goce en proporción, en relación, en complementariedad, en armonía. He ahí la estructura que no cesa de escribir al malestar en la cultura como síntoma social.

Dice Lacan en Radiofonía: ¿QUE ESPERAR PUES DEL CANTO DE ESE MALESTAR? NADA, SINO TESTIMONIAR DEL INCONSCIENTE QUE HABLA -TANTO MAS GUSTOSAMENTE CUANTO QUE CON EL NO SENTIDO EL ESTA EN SU ELEMENTO-.

En la tecnocracia, poder del amo moderno, el otro consumido como objeto sufre y produce su propia división, condición de posibilidad para reforzar su esclavitud aunque también para el relanzamiento de la demanda -del discurso de la histérica, del cuestionamiento al amo tecnócrata. La condición para el giro de discurso es la emergencia de la falta, del Inconsciente. He ahí el lugar para el testimonio del analista.

No a la Weltanschauung, pero también no al no compromiso. No a la Weltanschauung porque ella es imposible tal como lo probó la experiencia con Marx, con Freud y con Lacan ya que el saber todo es imposible. Límite en Marx porque la condición de posibilidad para su teorización fue el análisis económico y filosófico. En los analistas, porque la suya se genera exclusivamente en el análisis del discurso del que el sujeto del Inconsciente es efecto. Por eso transdisciplina e ideología. No hay teoría que no genere ideología, incluídas las diferentes facetas de la teoría lacaniana, porque no hay teoría que no se teja en los tres registros, y al tramarse en ellos no puede dejar de producir cierto efecto de realidad, por la articulación simbólico-imaginaria. Lo mejor entonces, es atender la que se genera para efecto de nuestras propias teorizaciones. El camino no está en oponerse a generar ideología, porque eso es imposible, si no en estar atento a que ideología se está generando.

Presenciamos la culminación de la sociedad edificada sobre la base del velamiento de la expropiación del plusgocevalor por los amos tras el endiosamiento del ideal de la tasa de la mayor ganancia en el que queda velado y develado el carácter salvaje de la Plusvalía que el capitalismo obtiene actualmente. Los psicoanalistas que no resignamos nuestra ética de, a través de la lectura de las marcas de las enunciaciones en los enunciados afrontar al sujeto con lo real, con lo que se atraviesa a lo que marcha en sentido satisfactorio para el amo, encontramos nuestro lugar dando testimonio del malestar.



* En defensa del marxismo -capítulo X, Freudismo y marxismo. 1937
1 Lacan. Radiofonía
2 Lacan. El Envés del Psicoanálisis.
3 Claudio Lozano. Cuadernos de Herramienta Nro. 1.

Editorial publicada en Psyche

Octubre de 1989


"Asumo, en cambio, mi injusta condena como un acto de servicio que, con fe en Dios nuestro señor, ofrezco a mi Patria, al Ejército y a todo el pueblo argentino". Del escrito que Jorge Rafael Videla envió al tribunal que lo juzgó y condenó.
El presidente Carlos Menem, que se identificó con Cristo cuando en su discurso de asunción metaforiza a la Argentina con Lázaro al decirle "levántate y anda", se ufanó de que "se hará cargo de los costos políticos", cuando firmó el indulto a los que secuestraron y desaparecieron a miles, robaron niños, robaron propiedades, desataron una aventura militar en Malvinas que costó la vida de centenares de chicos y arruinó la que les quedó a muchos otros.
Ambos se ofrecieron en el altar del sacrificio en pro de un "supremo bien" para el país sobre el que sólo ellos sabían.

Trágico mesianismo megalómano, en cuya piedra verdaderamente sacrificada es la Nación que, anarquizada por los "salvadores de la patria" desde 1820, no logra consolidar un estatuto civilizado, donde la vida de los seres humanos no dependa de los caprichos de iluminados, sino que está bajo la protección de las leyes y de las instancias legales encargadas de hacerlas cumplir.
Todavía vibra en nuestra retina la imagen de aquel niño de nueve años matado por la policía en San Miguel, en medio del hambre y la locura hiperinflacionaria, por haberse llevado unos comestibles de un supermercado. Para él no hubo, no hay, no habrá reconciliación ni paz. Tampoco para los otros muchos miles. Sus ojos están irremisiblemente muertos.

Los indultados hicieron desaparecer a la mayoría de los que se rebelaron contra la injusticia social. O simplemente hablaron contra ella. O más simplemente aún, sólo tenían, y a veces sin saberlo, algún amigo entre los anteriores. El decreto presidencial con la ideología de la reconciliación adjunta, quiere hacer desaparecer el acto desaparecedor de los desaparecedores.
El riesgo está en que desaparezca la República. Las encuestas hablan de una mayoría que mantiene expectativas favorables en el Presidente. Es lógico. Estando al borde del abismo,lo más tranquilizante es no perder las esperanzas. Pero lo real, no se arregla con gestos espectaculares, ni con posturas de mártir salvador. Mucho menos vendiendo al país al mejor postor.

En los tiempos de la velocidad tecnotrónica, el propio tiempo cambió su medida. El efecto imaginario de traje nuevo durar un suspiro. La verdadera tragedia argentina reside en que no aparece, salvo honrosas excepciones, una dirigencia seria, pensante, respetuosa de su pueblo y que prepare la recuperación del país sosteniéndose en la ley, en sus instituciones y en el respeto a lo que vota la ciudadanía.
No como ocurre ahora, que el primer paso del gobernante electo fue nombrar ministro de economía a quien, en la entrevista a esos efectos, le explicitó: "Yo no voté a su programa".

El inconsciente y el auge de los delitos menores

02/06/88



Que el inconsciente existe, es un lugar bastante común del saber popular en nuestro país. Pero, a causa de malas "divulgatas", suelen campear sobre él suposiciones sustancializadoras, que se lo imaginan como una especie de bolsita de recuerdos olvidados -valga la paradoja- y a la que se accedería por vía de la intuición y la experiencia del psicoanalista. Sin embargo las cosas no son así, y conocer como son, tiene importancia para poder pensar desde un ángulo distinto a los habituales (lo que no excluye a estos), algunos fenómenos sociales de actualidad.

El inconsciente según lo define Lacan, "es el dominio de lo no realizado". ¿Qué quiere decir con esto? Que, volviendo a la paradoja, lo que atesora, lo no recordado, pero existente en la memoria bajo la represión, no son significaciones, sino significantes, o sea los elementos (fónicos, visuales, etc.) que impactando sobre las percepciones y articulándose en ellas, producen sí, significación. A riesgo de simplificar, daré un ejemplo sencillo. La palabra blanco, aislada de cualquier otra, puede querer decir muchas cosas diferentes. Si la articulo a otra,"móvil", por ejemplo, ya produce una significación que sin embargo vuelve a ser ambigua, puede remitirse a las prácticas de tiro o con sólo agregar una coma "blanco, móvil" ya deja sospechar otra significación que sin embargo, no termina de producirse. Para que ello ocurriera, sería necesario agregar otra u otras palabras.

Entonces, dominio de lo no realizado porque hasta que no se articula en discurso, no es capaz de producir significación, y la realidad es construida por significaciones.(1)
Pero, algo importante a agregar a todo esto es que la experiencia del psicoanálisis nos ha demostrado que la realización es efecto de que el mensaje es emitido hacia un otro del que depender la significación. Dicho de una manera sencilla, la significación que produzca este artículo depender no sólo de lo que yo quiero transmitir, sino también de lo que los lectores entiendan de lo que en él digo. Lo que enuncio produce efecto en el lector que vuelve a mí, como la significación que lo que escribo produce en el otro.

Desde estas breves, y por demás fragmentarias aclaraciones, abordo el tema que propongo.
Con respecto a los inicios del gobierno alfonsinista padecemos no sólo un fuerte rebrote inflacionario en el terreno económico, sino también en el campo del delito, particularmente de los delitos menores. Léase violencia en las calles, y en las canchas y otros espectáculos masivos, hurtos y otras sustracciones menores, coimas e incumplimientos en los deberes de funcionarios públicos.

Comentarios a mi ver demasiado apresurados, suelen atribuir estos fenómenos exclusivamente al acelerado deterioro económico. Evidentemente este presiona, pero no es causa suficiente. Ha habido otras épocas de nuestra historia en las que la miseria apretó y sin embargo no subía la espiral delictiva en la proporción actual.

¿Qué nos pasa entonces? Alfonsín ganó las elecciones en 1983 levantando una propuesta ética que reivindicaba una antigua sentencia moral "el fin no justifica los medios". Articulada a la reivindicación del preámbulo de la Constitución Nacional produjo en los receptores del mensaje, una significación esperanzada que, además de darle los votos originó una brisa refrescante de saneamiento moral que se sostuvo un período importante, a pesar de mantenerse y aún profundizarse la crisis económica. La misma comenzó a virar hasta transformarse en el vendaval delictivo actual, tiempo después de que la población fuera convocada a la plaza en defensa de la democracia y se la recibiera con el discurso de la economía de guerra y, particularmente a posteriori de la ley de punto final, y de la defraudación en semana santa de 1987 y su vehículo la "Ley de obediencia debida". Ocasiones en que el Presidente justificó los medios en nombre de los fines. Sin posibilidad de acceder a las intenciones conscientes del Presidente, lo que sí podemos determinar son los efectos inconscientes de sus dichos y actos. La figura presidencial ha sido ungida por la voluntad popular, sostiene la transferencia de expectativas, creencias e ideales de la mayoría de la población. Por eso mismo, cada movimiento suyo tendrá influencia sobre la misma, y sobre su posicionamiento ante lo real que acontece en el país. Es así que iguales dichos, por parte de quienes ocupan posiciones de liderazgo, producen efectos diferentes, según el contexto discursivo y de experiencia en que son enunciadas. Proponerle sacrificios a un pueblo en un discurso de lucha por ponerle coto al goce en plus (excesivo) de los poderosos, crea condiciones de posibilidad para una respuesta solidaria por parte de los receptores. Hacerlo desde el sometimiento a que ellos, en nombre de la impotencia, sólo induce a lo que la cúspide ejemplifica, -el sálvese quien pueda-. Pienso por lo tanto, que la fractura ética del gobierno alfonsinista, ha facilitado la quiebra ética en una parte importante de los marginados por el sufrimiento económico. He ahí otra razón del auge delictivo.



(1) Hay una realidad en el incosnciente, pero no es motivo de este artículo. Ella está constituída por lo que los psicoanalistas llamamos fantasma.

Después que discepolin pidio inyecciones en el sobretodo

13-05-1988


Publicado en Página 12

Antes de morir, cuando ya pesaba solamente 37 kilos,ironiz" que "pronto las inyecciones me las van a poner en el sobretodo".Se había recluído en el silencio tras la campaña de calumnias desatadas contra él por el gorilismo en formación que no toleraba su adhesión al peronismo detrás de su inolvidable personaje "Mordisquito", látigo implacable de oligarcas, niños bien y señoras gordas, que fascinaba incluso a quienes éramos "contreras" de izquierda.

Enrique Santos Discépolo se apagó del todo "aquel fatídico 23 de diciembre de 1951". Pero hasta ahora es inmortal su vigencia y la vigencia de su mítica figura. "Cambalache", "Yira Yira", "Uno" están entre los tangos más propalados por los medios electrónicos y silbados en estas calles, especialmente en épocas como ésta. ¿En qué nos representa que tanto lo amamos?

Prohibido por la absurda concpeción de aquellos que en otros tiempos hicieron lo mismo con la matemática moderna, "Cambalache" permite acceder al enigma de la magia de Discépolo. Si para don Enrique, "...los inmorales/ nos han igualao...", es evidente, y no hay que ser psicoanalista para advertirlo, que la consecuencia de ello ha sido una pérdida para él y para quienes, como él, mantenían valores morales. Esa "mald insolente" que no hay quien niegue hiere, entonces , su amor propio y hace sentir al autor dolorosamente manoseado.

Discépolo sufre así la caída de las jerarquías ("cualquiera es un señor/cualquiera es un ladrón"), la insolencia de la maldad que lo revuelca con iguales en un mismo lodo y lo que marca su principal sorpresa: el atropello a la razón. Discépolo que creía en Dios no tolera que "herida por un sable sin remaches! ves llorar la Biblia/junto al calefón" y se sorprende aún más cuando tampoco la razón es aceptada como ordenadora del mundo.

Discepolín, quizás adelantándose unas décadas al posmodernismo, registra lúcidamente el fracaso de los dos grandes relatos de la modernidad: el cristiano y el racionalista. Su desgracia consistió en que lo hizo todavía apegado a ilusiones modernistas que, entonces, le hicieron sufrir su fracaso. Creía en Dios y la Razón, y al ser horadados ambos por lo real de un cambalache que los terrícolas tratan de arreglar como pueden, ordenados por la única razón eficaz -la del deseo- y por la muerte como único límite real al goce, siente que caen las verdades naturales ya denunciadas en los siglos anteriores, pero sin poder ser sustituídas con éxito por las promesas racionalistas. Pero además de eso, cree. Y el exceso de creencia le impide la duda. Queda preso en la cárcel de la lógica binaria en la que se cree o no, pero no se duda. Junto con Dios y la razón cae el sujeto que entiende toda falla como fracaso.

El mito fundador de la Argentina se reconoce en los versos de Discépolo. Tanto la Madre -primero España y luego, por inmigración, desplazamiento y seducción, el resto de Europa- como el Padre -Don José de San Martín- dejaron mandatos que recoge Cambalache.
Por razones políticas, económicas y de objetivos de colonización, la Madre bien representa "una suerte que es grela (mina) y fallando, fallando nos larga parao". El genocidio y la rapacidad de los conquistadores españoles, el vaciamiento "civilizador" de los ingleses, la traspolación cultural de los franceses, y el "venir a hacerse la América" de todos ellos, más los italianos, son elocuentes al respecto. Si triunfan en sus objetivos nos vacían, y si fracasan nos echan la culpa: "El problema de los argentinos es que no les gusta trabajar..." declaraba en un reciente reportaje publicado en este medio el maternal Astor Piazzolla.

Del Padre San Martín quedan otros legados: su renuncia en Guayaquil que le impide culminar la gesta y el "serás lo que debas ser o si no serás nada". En el primer acto, como ya lo señaló Héctor Rúpolo, para evitar la disputa entre hermanos renuncia a su deseo. Esto, más allá de sus intenciones conscientes y las de Bolívar, crea antecedentes para el fracaso del sueño común de ambos libertadores: "la Patria Grande". Y en la máxima para Merceditas es clarísima la lógica binaria que destrozó a Discépolo y que sigue manteniendo al país entre "la Argentina potencia y la nada". A partir de ella Yrigoyen, Evita, Perón, Alfonsín, repiten la lógica de aquel renunciamiento y de esa máxima. Viejos temas como el apostolado, el deber y la deuda, son puestos permanentemente en circulación. La presentación de la alternativa "victoriosos o derrotados" como ineludible crea en muchos sectores de la sociedad esa melancolía que expresa el tango de Discépolo.

Su trascendencia y particularmente la de Cambalache se debe a que, como muy pocos autores, logró expresar el cruce de caminos de la tragedia nacional. Renunciar a la herencia de renunciamiento y de la lógica binaria es capital para modificar la cultura que nos produce, salir de la tragedia y entrar a un drama con distinto desenlace, que la repetición de desencanto que encerró a Mordisquito cuando ya solamente le podían "poner inyecciones en el sobretodo".

Editorial publicada en Psyche

Agosto de 1988.


Hoy, el Sida. No es conveniente frente al mismo la política del avestruz. Menos la de los conventos. El SIDA existe, es un grave peligro para la humanidad por diversidad de cuestiones a las que se refieren los artículos que sobre el tema se publican en este número. Pero hay medidas profilácticas que pueden prevenirlo preservando la actividad sexual, que como los humanos lo sabemos desde siempre y el psicoanálisis lo redescubrió, dándolo como una de las razones de su existencia, es fundamental para desplegar plenamente la vida hasta la muerte. De ahí el título de este número. QUE NO DESIDA EL SIDA.

Que no se haya descubierto aún vacuna ni remedio, no sólo genera la amenaza de la muerte biológica, sino el enigma, el misterio, la incertidumbre. Por ahora el SIDA es demasiado real y eso lleva a la típica reacción de la humanidad ante lo no significable. Aparecen juicios, tabúes, supersticiones. Por ello y por ellos, se recurre a chivos emisarios, grupos sociales a los que se margina.

Se subraya nuevamente en la erupción de esta nueva peste la constitución injusta del mundo. Si dicho muchas veces, no está de más repetirlo. La deshidratación infantil siega aún, más vidas que el SIDA. Sin embargo, se dedican muchos más fondos a tratar de resolver este problema que aquel. Lo que pasa es que éste, no respeta los hogares de los ricos y, en cambio, aquel no los implica.

A la vez el SIDA podría servirles de advertencia a los poderosos, si no fuera que su sordera y ceguera ante estas cuestiones insiste en ser incurable. La peste de los segregados y los marginados (zaireños, haitianos) ha vuelto desde ese real sobre su cultura tan cuidadosamente tejida y los amenaza en sus mismos centros, con llevarlos a un desgarrón inesperado. Leer, en el artículo de Pedro Fernández Mouján, las comparaciones que el Dr. Cahn establece con las pérdidas norteamericanas a consecuencia de la guerra de Vietnam y las que les produce el SIDA.

Sin credibilidad no hay pacto ni certidumbre

19-10-1987



Otra vez el deterioro económico y su síntoma de mayor impacto, el aceleramiento inflacionario mueven el piso de un gobierno constitucional. A diferencia de 1976 se encuentra al frente del mismo un líder con legitimidad propia y posición activa. Raúl Alfonsín en su discurso del 14 de octubre del presente año pone en marcha para enfrentar la crisis una serie de medidas económicas de coyuntura de las que no busca responsabilizar a nadie fuera del gobierno. A partir de esa raya propone a todos concertar un acuerdo político y otro económico-social imaginando al conjunto como un pacto de certidumbre garantizado por todos los sectores. En él residiría "toda posibilidad de crecimiento", según dice en su mensaje. La "gobernabilidad" ha pasado a ser el problema central para mantener la estabilidad de la transición a la democracia.

En la búsqueda por resolver ese problema central, es importante discernir las condiciones necesarias para factibilizar pacto y certidumbre. El presidente parte de que un efecto del 6 de setiembre de 1987 es que, independientemente de lo que pase en las elecciones de 1989, se estar frente a una situación de equilibrio de fuerzas entre los dos grandes partidos en los órganos de gobierno nacionales, provinciales y municipales por lo menos durante cuatro años. Ello los obliga a resolver las diferencias y aún la disputa por el favor electoral de la ciudadanía, manteniéndose dentro del respeto a reglas básicas que garanticen el funcionamiento del gobierno en sus diversos estratos. A diferencia de otras épocas, tanto la dirigencia radical como peronista aborrecen hoy el ruido de sables. Por lo tanto el presidente, observa acertadamente esa condición, como básica para favorecer entre ellos la tendencia al pacto. Ahora, cuando se atiende al panorama en las corporaciones y en los partidos provinciales de tradición conservadora y/o "procesista", el panorama es más complejo. Lo mismo ocurre con algunas organizaciones de la extrema izquierda, con mínima expresión electoral, pero cuya razón de ser es lograr el fracaso de la democracia como régimen político, para abrir camino a sus creencias dictatoriales como vía necesaria para la redención social. En relación a las corporaciones está en primer lugar la "caldera del ejército" ante la cual el discurso presidencial hace mutis. ¿Nuevamente la política del avestruz?

Si se toman en cuenta estas cuestiones, se podrá concluir que si el equilibrio cuatrienal es condición de posibilidad para el pacto, no es suficiente ni tampoco asegura certidumbre.
El axioma que funda la lógica de los partidos que creen en la competencia electoral es el sostenimiento de la democracia que se transforma así en el bien supremo de su ética.
Para las corporaciones, el axioma es la defensa de los intereses sectoriales. Eso hace que su relación con la ética de la democracia sea más complicada, especialmente en aquellos cuyos intereses difícilmente logren representantes políticos con cristalina y explícita mayoría electoral.
Dice Alfonsín: "Estamos convencidos que las imperiosas modificaciones de estructuras que el país reclama, no se sostendrán sino sobre la base de una amplia voluntad colectiva encarnada en los sujetos que habrán de protagonizarla". La cuestión entonces es cómo se pueden producir esos sujetos y su protagonismo.

Poniendo a operar algunos conceptos de Freud y Lacan, podemos plantear que un movimiento de esas características se puede constituir, si las propuestas de los dirigentes permiten a los sujetos, suponerles un saber hacer sobre la crisis. Esa suposición ser sustento de la identificación (al) los líderes, y de los ciudadanos entre sí en pro de ese fin.
Las elecciones de setiembre manifestaron una pérdida de credibilidad en la acción de gobierno del oficialismo. Creo un error guiarse sólo por las últimas encuestas y suponer que dicha pérdida se debe sólo a los problemas económicos. Es sabido que en encuestas hechas inmediatamente después de los hechos de semana santa y antes del envío al parlamento de la ley de obediencia debida, el oficialismo había trepado alto en las simpatías electorales.

Tampoco es acertado creer que el justicialismo ha recuperado el tipo de credibilidad de que gozaba en las mayorías, en vida de Perón. Síntoma de ello ha sido el 20% a 40% de indecisos que se mantuvo hasta poco antes del acto electoral.
Esa franja de sujetos es el producto más importante de los últimos años de experiencia política, pues su renuncia a la fidelidad, marca un límite a las dirigencias partidarias.

Entonces, para que pacto y certidumbre sean causa de crecimiento, primero deben ser causados. Para ello no basta con la transferencia que de por sí genera, el lugar presidencial. Tampoco el capital de simpatía y confianza que la figura que lo ocupa, atesora para una parte importante de la ciudadanía que trasciende incluso, los márgenes de quienes volvieron a votar a sus candidatos. Lo que claramente demuestran las últimas elecciones es que a pesar de estos dos elementos, su imagen de saber hacer, est claramente dañada.
En esa línea, tanto las medidas económicas de coyuntura como contradicciones en el enunciado del 14 de octubre, dificultan aún más, la credibilidad en el enunciador.

Por ejemplo, se advierte contra la puja distributiva que se propone resolver sobre la base de la equidad en el esfuerzo para lo cual se convoca a todos al acuerdo. Según la lógica y la experiencia no es creíble la concurrencia de todos a ese acuerdo. Sorprende el crecimiento electoral de Alsogaray en la Argentina y de la nueva derecha en el mundo occidental. Sin embargo creo que no ofrece misterios. Tienen un discurso creíble, prometen el desarrollo sobre la base, no de convocar a todos. Por ejemplo, cuando proponen el achicamiento del estado, la eliminación de beneficios sociales, dicen que va a ver perjudicados, no prometen prestigitaciones.
El presidente promete un cambio de orientación en la negociación de la deuda externa, pero libera el dólar financiero dos meses después de decir que se iban a cerrar las casas de cambio, mientras la acelerada remarcación de precios barrió anticipadamente los aumentos salariales previos a los congelamientos.

Porque es cierto que el "esfuerzo con injusticia se vuelve impracticable", es que el presidente, si quiere hacer creíbles sus palabras, no debe convocar a todos para el acuerdo económico social, sino sólo a las mayorías interesadas en "esfuerzo con equidad". De una convocatoria así, el pacto y la certidumbre, pueden ser efectos, que entren a funcionar en el campo de la causalidad.

Elijo la inteligencia en perplejidad

18-9-1987



Y fueron las elecciones y confirmaron lo que decía una inteligente solicitada. No había indecisos, había insatisfechos. Llegado el momento decidieron, votando contra los que no pueden pensar una política económica si no es atada al carro de la deuda con el capital financiero internacional, (1) y que llegadas las pascuas, defraudaron a un pueblo que ofrendaba huevos, haciendo aprobar la ley del gallinero. Rápidos, los líderes de los dos grandes partidos explican sus resultados sólo por el costo social de la política económica. Ese es el juego de ellos, lo lamentable es cuando algunos intelectuales malinterpretan encuestas motivacionales y echan abono a esas lecturas de los resultados.

Y justamente desde ese malentendido planteo la pregunta que deseo pivotee este artículo, ¿y de la izquierda?
Lo primero que rechazo es el simplismo de explicar su fracaso por la radiografía de la fragmentación, pues considero que invierte los factores. Prefiero preguntarme, ¿qu es a lo que la izquierda no responde que no hay electorado que la vote, ni línea que la unifique?
Y a partir de ahí, opino que el análisis debe ser diferenciado.

Uno: le corresponde a la izquierda atrasada, la que piensa con categorías que fueron aplicables teóricamente a la revolución industrial, y efectivamente a países agrarios con relaciones sociales predominantemente precapitalistas, y en los que el giro de la experiencia post-revolucionaria lleva atolladeros que empujan hoy, a una fracción de sus dirigentes, a promover tímidos intentos de democratización. Esa izquierda no tiene futuro en la Argentina, pero no porque se fragmenta, sino porque no piensa.

El otro: a la que fue sacudida por la década del 70, perdió las certidumbres de la del 60 y se aprestó a pensar todo de nuevo. O sea, a la nuestra.
Pienso que por lo menos en una parte importante se ha esfumado demasiado rápidamente la disposición a la perplejidad. Si en los 70, para muchos la ilusión se deposit" en el peronismo por su composición prevalentemente obrera y su tradición nacionalista y populista, hoy se la escucha hablar del mismo, como si lo supusieran reducido al lopez reguismo-montonerismo. Los sesudos artículos escritos sobre los errores de la izquierda en 1945, han pasado al imperio de MANLIBA y se ha recuperado el espíritu de la Unión Democrática. Como entonces, se idealiza al radicalismo y mientras escandaliza el gorilfascismo de Reviglio en Santa Fé, no producen el mismo efecto, las "convergencias" impulsadas por el Presidente, con partidos y figuras del "proceso" y de la "libertadora".

Otra parte volcó, sus expectativas a la "Unidad Socialista" y su divisa moral, olvidando que uno de sus integrantes, el Partido Socialista Democrático ofertó sus cuadros a cuanto golpe militar pudo.
Se me dirá, ¿y entonces qué? ¿te colocás al margen de la política?
No es esa mi postura. Ni siquiera critico a quienes consideran que estar en política exige colaborar de algún modo con alguno de los grandes partidos. Lo que sí considero merece reflexión, es ese eterno bascular de la izquierda del reduccionismo populista, al reduccionismo liberal y viceversa, en el que se pierde la que, a mi modo de ver, debe ser la posición desde la que los socialistas piensen su accionar político: la irrenunciabilidad a luchar por articular democracia y socialismo. Si esto es así, no nos podemos conformar con que "esta no es una sociedad donde los pobres son miserablemente pobres y los ricos abrumadoramente ricos". De la misma manera, es inaceptable que para socializar los medios de producción se imponga una dictadura.

Articular democracia y socialismo aparece como imposible. Pero ese es el modo como se prsenta siempre lo real, o sea, lo no significado. Por eso también, no deja de presentarse, demandando significación. En cada vuelta, algo quedar por fuera y volver a insistir. El "posibilismo" ignora justamente esto. Y se ilusiona con la posibilidad de pensar las sociedades, apelando sólo a la conciencia y a la racionalidad de sus individuos. Ignorando, casi cien años después de Freud, que los sujetos son movidos por la razón de los deseos inconscientes, y que si no se atiende a ello también, no se entienden vaivenes y paradojas del movimiento social.

La perplejidad en la izquierda es efecto de haber creído en los "60" que renunciando a la democracia obteníamos la "posibilidad" del socialismo. Y como efecto de los "70", que rebajando las aspiraciones socialistas obteníamos la "posibilidad" democrática zafando de la amenaza militar. La obstinada crueldad de la historia ha cuestionando ambos posibilismos y creo que, básicamente, la idea de modelos anticipativos. Nuevamente no hay modelos posibles. La historia de la humanidad no es mas que un eterno trabajo de sus actores sobre sí.
Este estado de perplejidad, da razón para la variedad de postulaciones entre los socialistas. Es por ello que no caben juicios condenatorios.

Pero sí, a esta altura, una comprobación. Por los lugares (diferentes) en que han fallado las principales utopías socialistas -la socilademócrata y la comunista- se meten y se hacen fuertes las utopías de la nueva derecha, aquí, y en el mundo. Es por esas brechas que se hacen fuertes en los electorados. Lo que responde a la lógica de que en política el vacío de zonas no se puede mantener mucho tiempo.
Pero para nosotros, intelectuales, socialistas, ser capaces de soportar el lugar vacío en la búsqueda de nuevas verdades es fundamental. En los "60" los fracasos socialdemócratas volcaron a muchos de ellos a las diversas variantes de comunismo. Hoy los fracasos de los comunistas vuelcan a muchos a la socialdemocracia o incluso al liberalismo de derecha, como a Vargas LLosa.

Prefiero como efecto de reconocer las fallas, no apresurarme en salir de la perpeljidad, sufrir mi ignorancia, como condición básica que estimula mi apetito de investigación y experimentación en el trabajo por encontrar nuevas verdades que reabran y abran rutas hacia el socialismo en democracia.



(1) Ver reportaje de Horacio Verbitsky a Alan García en "Página 12", 13 y 16-IX-87, en el que se presenta la práctica de otra alternativa posible en el manejo de la deuda externa.

De tortugas y confesiones, o cuando saber fragmenta

1987


Publicado en Revista Argentina de Psicología: Derechos Humanos.

CUANDO LA TRANSFERENCIA TORTURA.

Lo que voy a presentar no alcanzará a ser un escrito, será a lo sumo algunas propuestas de investigación. No es un tema fácil.
Decidido a escribir, traté de buscar un material clínico y me encontré con que alguien a quien analicé y había sido terriblemente torturado, casi no habló de ello. Cuando lo hacía, lo hacía humorísticamente. En cambio otra persona que me consultó por alcoholismo, encubría con él una personalidad paranoide y un delirio encapsulado. Tenía la certeza de que su hijo mayor había sido concebido durante la tortura en que fue violada. El detalle estaba en que su hijo había nacido 12 meses después del episodio de la violación. El delirio: ¿metáfora de un horroroso goce inconsciente, imposible de decir? El hijo de 4 años en ese entonces, llevaba en el cuerpo eso que no se podía decir, una espantosa psoriasis y presentaba síntomas de un probable autismo infantil. No lo salvó de ello que los padres le hubieran puesto el nombre de quien había sido su líder, caído, salvajemente asesinado por las Tres A.

Pensándolo mejor, tal vez en esa paradoja, de haberle puesto el nombre de su líder asesinado, a quien la madre consideraba hijo de su torturador y de su goce horroroso, estaba el origen de la psoriasis y el autismo del chico.
Decidí buscar material clínico en los servicios hospitalarios. Supe de dos en los que ex-torturadores habían consultado. En ambos había ocurrido algo parecido. Ante la aparición de esos sujetos se había producido un gran rechazo de la mayoría de los profesionales a atenderlo. No obstante algunos aceptaron. Los jefes me autorizaron a entrevistarme con estos profesionales. Les dejé mi teléfono para que me llamaran. Después de largos cabildeos, llamaron dos colegas, que habían realizado una sola entrevista. De los dos, finalmente vino uno a la reunión. Casi no había tomado notas y tenía olvidada la mayor parte de la entrevista. De lo que recordaba, traía algún dato confirmatorio de que el torturador también era hijo del discurso -en ese caso del padre- y de que en él se había desplazado el síntoma que lo hacía torturador.

Cuando pasó a ser "mano de obra desocupada" se dedicó a vender aparatos eléctricos en desuso. Pero, ¿ por qué consultaba? Porque desde que no trabajaba en su antiguo oficio, cada vez se descontrolaba más en la casa y le pegaba feroces palizas al hijo de la esposa, enojado porque ésta lo trataba como a un bebé. El síntoma se había desplazado. El hijo de la esposa era el nuevo objeto metonímico de una antigua pasión.

Recorriendo esta experiencia me adviene al recuerdo de que en 1977 rechacé la derivación de un militar que había hecho un brote psicótico después de cumplir la orden de fusilar a una niña de 15 años en un operativo. Pensé bastante en aquel momento. No quise proceder bajo el impacto de la aversión que me producía el relato que acompañaba a la derivación. Lo cierto es que me despertaba una gran curiosidad el caso. También temor. Podía echarme encima a los servicios de inteligencia de la fuerza a la que pertenecía el sujeto. Esto incidió, pero no fue determinante. Había aceptado, e incluso tenía en análisis casos en los que corría riesgo. Lo determinante fue pensar que la aversión que me producía la historia, me iba a impedir posicionarme, ser sujeto del deseo del analista. ¿Es una defensa contra lo Unmheimlich -lo familiar- siniestro, lo que origina el rechazo en el analista? Otra vez la oscura frontera entre el síntoma y la sublimación, y si no, pensemos en la voraz curiosidad que me empujaba a tomarlo como paciente.

Pero no termina ahí la historia de este trabajo que en su recorrido ya va dando algunas pistas. Hace poco más de un año, apareció en un periódico un artículo de una colega que en ese momento tenía actividad destacada en una institución defensora de los derechos humanos. Trataba en él de dar cuenta de su experiencia como analista de víctimas de la represión terrorista de Estado. En él decía cosas que, además de horrorizarme, me volvían a plantear la cuestión de la posición del analista. Guardé el recorte, pues pensé que alguna vez iba a escribir un trabajo e iba a usar ese material. LLevé más de un año el recorte en mi portafolios. El día que me siento a escribir, lo busco y no lo encuentro. Dos horas estuve buscándolo. Finalmente lo encontré. Lo había dejado sobre una biblioteca adentro de un libro. Este detalle no deja de ser interesante, pues el libro era "La confesión" de Arthur London, ex viceministro de Relaciones Exteriores de Checoeslovaquia, víctima de las purgas del stalinismo, uno de los dos sobrevivientes de un grupo de 13, donde los otros fueron fusilados, tras ser condenados por falsas acusaciones y falsas confesiones arrancadas bajo tortura. Con esta colega habíamos sido compañeros en organizaciones políticas que se subsumían en ideologías que sirvieron de sostén a esas aberraciones. Ese libro hace casi 20 años me había producido una marca que relanzó mi pensamiento. Cuesta hablar, cuando hablar, significa romper con viejos amores.

De eso algo saben los analistas, que todos los días deben dejarse caer, para que por su boca hablen los significantes del Otro, a pesar del amor de transferencia.
Pero, ¿qué me horrorizó tanto? Cuenta la colega en su artículo una sesión: "Paciente: Habían vuelto a esposar a mi hermana conmigo...por la capucha yo no la veía, pero ahí estaba, sin moverse...La oí gritar..."
Terapeuta: "¿Alguna vez la habías oído gritar?"
P:"Así no".
T:"¿Eran alaridos?"
P:"Sí, eran alaridos".
"En la respuesta se le arquearon los huesoso del rostro como si yo estuviera torturándola, seis años después del tiempo removido, obligándola a que se colocara en aquel instante del suplicio".
P:"Yo hablo desde afuera, no puedo volver a ponerme en ese lugar".
T:"Pero vos sabías qué le habían hecho".
P:"Me lo imaginaba".
T:"Mucho más, hay olores fétidos, jadeos de dolor, inmovilidades agónicas, la piel reseca o sudorosa...eso lo percibías de fulana esposada a vos, no lo estabas imaginando".

No abundo, el resto continúa en el mismo sentido. Y más adelante fundamenta su actividad intervencionista. "Yo psicoanalista que trabajo con afectados por las violaciones de los derechos humanos desde 1976, en el exilio, y desde 1980 en la Argentina, soy un interrogador policial frente a los relatos desafectivizados que cada paciente hace de sus experiencias traumáticas de estos últimos diez años en nuestro país".

No abundo ni entro en discusiones teóricas sobre el encuadre más conveniente para atender a las víctimas del terrorismo de estado. Traigo este material a colación sólo para señalar, sin necesidad de agregar ni de quitar nada a las palabras de la colega, el efecto que ha causado en ella lo acontecido en el país y el relato, que de ello hacen los pacientes que atravesaron la experiencia de la tortura. Seguramente no son ajenos a ese efecto la estructura subjetiva de la colega y las ideologías psicoanalíticas en que se sostiene. Pero en todo caso mi intención es señalar lo borroso de una frontera.

Muchos piensan que es demasiado pronto para hablar, que todo es demasiado real aún. Si hay algo demasiado real es la tortura. Pero como toda actividad humana, no sólo.
Dije humana y no por equivocación, es sabido que los animales no torturan. Por otra parte no es patrimonio exclusivo de los regímenes totalitarios. Antes aludí al que nos asoló con los "reorganizadores nacionales" y al stalinismo. Pero no olvidemos que los que torturaron en los campos de concentración, fueron discípulos de quienes se formaron en las escuelas de contrainsurgencia de la democracia norteamericana, o de la democracia francesa, forjadas sus experiencias en Indochina y en Argel. Pero, si con diferencias importantes, es una lacra ubicable en diversos regímenes, también lo es a través de la historia.

Si la ética del psicoanálisis, a través del deseo del analista, enfrenta al sujeto con lo real, esa ética es puesta a prueba hasta el límite, en el intento del psicoanalista de dar cuenta del fenómeno de la tortura. Por eso para empezar no pude hacer otra cosa que hablar de la implicación del psicoanalista. Desde ahí, sólo puedo proponer, como dije al comienzo, algunos problemas a investigar y algunas pistas a seguir.


POR LA ZONAS EROGENAS HACIA LA FRAGMENTACION.

1) La tortura opera sobre las zonas erógenas, fuentes de la pulsión, llevando su tensión al extremo de lo insoportable. Desde su parcialidad tensionada al máximo, excluyendo la mirada y haciendo de la palabra, sólo amenaza, que remite a la fragmentación significada retroactivamente desde el estadio del espejo.
El tabicamiento no perseguía principalmente que los torturadores no fueran reconocidos, ni que no reconocieran a sus compañeros. Buscaba que la mirada de las víctimas no mirara a los torturadores. Buscaba que en la víctima, al no poder ver, lo que no era dolor, fuera pura imaginación. Imaginación que no podía sostenerse en la presencia de la imagen del otro. Sobre esa base, la picana en sus diversas sofistificaciones, casquete, agujas clavadas en los músculos, electrodos hechos tragar o introducidos por ano o vagina o simplemente recorriendo pezones, labios y genitales envía al sujeto a las más horrorosas sensaciones de evisceración y fragmentación espasmódica, sobre una musculatura previamente ablandada por los golpes. De más está decir, que muchos fueron efectivamente eviscerados con una especie de tirabuzón que metían por ano o vagina, a partir de lo cual se transformaba en amenaza para el resto. Jerónimo del Bosco fue transformado así, en un pintor naif. Las sesiones de tortura remitían al horroroso real de la prehistoria del estadio del espejo. Con el agravante de que en las zonas erógenas el exceso era llevado al extremo del puro dolor.
La barrera de defensa contra las excitaciones (Freud), la red significante (Lacan), era absolutamente desbordada.
La sesión de tortura se instalaba como verdadero trauma y no cesaba de volver desde lo real, sobre un yo desintegrado por no dormir,por el hambre, y la sed.
Norberto Liwsky relata: "Cuando no estaba en sesión de tortura alucinaba con ella. A veces despierto y otras en sueños".1.

2) Freud descubrió que en el inconsciente no hay representación de la propia muerte. No hay un significante que la represente. Con eso tiene que ver que, en las sesiones de tortura, la propia muerte se hacía deseable pues se representaba como la paz, el cese de todos los sufrimientos. En realidad no hay otra forma de representarse la propia muerte que no sea delirantemente. Entre sesiones era temida. La técnica represiva proponía una siniestra representación anticipatoria. El tabicamiento, anulación de la visión y el aislamiento total , no sólo de familiares y amigos, sino también de los propios compañeros de infortunio."La sensación era de que giraba hacia el vacío en un gran cilindro viscoso por el cual me deslizaba sin poder aferrarme a nada".2.
Dice él mismo, más adelante: "De todo ese tiempo el recuerdo más vívido, más aterrorizante, era ese de estar conviviendo con la muerte. Sentía que no podía pensar. Buscaba, desesperadamente, un pensamiento para poder darme cuenta de que estaba vivo. De que no estaba loco. Y al mismo tiempo deseaba con todas mis fuerzas que me mataran cuanto antes".3.
En esta situación, la "filtración" del verdadero fin de los "traslados", de las muertes en tortura y de las evisceraciones, daban la información necesaria, para que el secuestrado, estuviera en la condición que estuviera, aún los "recuperados", no pudieran esperar otra cosa que esa muerte horriblemente anticipada.

3) La omnipotencia del Otro, que aparecía imposible de ser barrado, y la reducción del "chupado" a un número, prohibido el uso del nombre propio, que no ve y que sólo siente el dolor de las torturas, reducía al secuestrado a ser un objeto al servicio del goce del Otro. Pero ahí,en la tortura, la cosa se complicaba.
El torturador torturaba con fines distintos. A veces sabía, y lo único que buscaba era reducir al torturado a un resto, según la verdad que ordenaba el estado "apocalíptico-mesiánico-dictatorial".
S2 a.¿Discurso universitario hasta la extrema aberración?
S1 S
Otras, no sabía, y necesitaba saber del torturado, esclavo de su saber.
S1 S2. ¿Discurso del amo hasta la extrema aberración?
S a

EL ENAMORAMIENTO DESPUES DE LA MUERTE

En este apartado no me voy a referir a las relaciones sexuales que aunque todas tienen ciertos puntos que las articulan entre sí, pienso se ofrecen a la investigación en por lo menos dos categorías, las producidas con violencia física en el propio acto de tortura, y las logradas bajo chantaje, como intercambio de dones, por ejemplo la vida propia o de familiares a cambio del coito.

No obstante, analizando al torturador, el segundo caso es eslabón hacia el que resulta más siniestro, y no utilizo el término descuidadamente, el enamoramiento entre el torturador y la torturada.
No es un fenómeno común, y menos común es que se hable de él. Sin embargo es más común y amenazante para el posicionamiento en enemigos, de la pareja torturador-torturada, de lo que se cree.

En la reconstrucción histórica que del infierno de la ESMA hace Bonasso en su novela "Recuerdo de la muerte", además de presentar uno de los casos más impactantes, porque fue un enamoramiento a pleno, da testimonios de momentos puntuales en que el torturador o en el torturado se despliegan, aunque sea fugazmente, sentimientos tiernos hacia el partenaire.
Cito sólo dos. Uno de cada representante del par, pero hay varios más en el libro. En uno, el capitán Acosta, apodado el "Tigre" enamorado de una cautiva logra que le cambie la vida de los padres y de un hermano por su entrega sexual. Bonasso imagina que en referencia al "Nariz", un secuestrado que logró escapar de la ESMA, el Tigre tuvo una secuencia de pensamientos entre los que estaba que..." le caía bien, para colmo. Siempre se había sentido inclinado a protegerlo. Vaya uno a saber por qué. Y justo éste me la tenía que dar".4.

Quica Osatinsky contó que el Tigre dio orden de no torturarla.
"Vos sufriste demasiado en tu vida", admitió con acento paternal y se fue a darle máquina a otro".5.
El asistente conscripto de este "personaje", Sergio Tarnopolsky, desapareció, como se sabe, con toda su familia, excepto un hermano que no corrió la misma suerte sólo por azar.
En la página 58 de ese libro, leemos sobre un secuestrado refiriéndose a un guardia: "El pelado reparó en que lo había tratado bien, sin tutearlo ni vejarlo y se sorprendió reprimiendo una idea de gratitud hacia el muchacho reconcentrado y sombrío que lo hacía jugar a la gallina ciega en la casa del terror". (Observemos, de paso, que la evocación es de un juego infantil).

Plantados desde saber que el fenómeno existe, corresponde preguntarnos, ¿por qué un torturador se puede enamorar de su torturada? ¿Cómo puede ser que la torturada se enamore de quien la torturó?
Para la primer pregunta seguiremos lo que Bonasso nos cuenta del Tigre Acosta y algo del capitán Pernía. Para la segunda lo que nos cuenta de Lucy.
Del primero nos dice: "Iba sumido en esa dulce certeza, en esa blanda sensualidad que lo arropaba y lo acunaba: El Almirante lo había llamado". "Lo había llamado a él sólo".

Fíjense,la sensualidad que se despierta en él, remite a los cuidados maternos. ¿Hacia quién se despierta esa sensualidad? Continúa el relato..."El Almirante lo había llamado a él. El Almirante era joven (más joven que sus colegas del Ejército y la Aeronáutica). El Almirante era pintón.El Almirante conseguía muchos recursos. El Almirante sabía hablar con la gente. Las minas se derretían por el Almirante.¿No decían que hasta la Chabela había quedado embelesada con su pinta? Es que... ¿quién podía llegar a comparar al Brujo con el Almirante? ¡Vamos! ¡Ni punto de comparación!
"Además el Almirante tenía bolas".
Ante el jefe, discurso de la histérica

S S1.
a S2

"...Había cosas, secretos que no podría compartir con su mujer, que lo miraba con cara de imbécil y no entendía nada".
...Ante su mujer, como su verdad era el Almirante era puro discurso universitario y ella desperdicio.

S2 a
S1 S

Entonces una pesadilla de repetición de la cual despertó así: "Pese a haber dormido casi desnudo estaba empapado de sudor malsano cuando despertó. La acidez subía y bajaba como una columna de mercurio por su esófago. El caminaba de noche por un muelle que se hacía cada vez más estrecho. Olía la fetidez del agua cercana. Cuando sintió los pasos detrás. Se volvió y la reconoció: era la viejecita esa de todos los sueños. Lo peor no era su cara, un rostro desvaído, redondo como una galleta. Lo verdaderamente peligroso era esa tonadilla asquerosa que canturreaba casi sin mover los labios. Sin mirarlo. Como si estuviera en lo suyo. Pero él sabía perfectamente que la inmunda cancioncita estaba destinada a desequilibrarlo. Se avergonzó al admitirse a sí mismo que tenía ganas de correr. Entonces sacó el revólver y no pudo tirar. En lugar de la cola del disparador había una sustancia repulsiva. Como un moco. Que no ofrecía resistencia, pero tampoco accionaba el mecanismo del martillo. Simplemente un moco infecto que se pegaba a su dedo birlándole toda respuesta.

Y la vieja seguía caminando hacia él, tarareando entre dientes su canción incomprensible. Hasta que despertó".
Analizar un sueño "post scriptum" reconoce sus límites. Principalmente porque no hay posibilidad de respuesta del analizado a las puntualizaciones que propone el analista. No obstante pienso que podemos encontrar, en este sueño,algunas pistas.
"Caminaba por un muelle que se hacía cada vez más estrecho".
Este párrafo se articula con el despertar, del cual dice: "La mañana empezó mal. Se había despertado angustiado antes del amanecer. Apenas una débil claridad verdosa se filtraba por las pesadas cortinas del cuarto que, aún en tierra insistían en llamar camarote".

"Tardó en reconocer la silueta de los objetos conocidos. Los banderines de los barcos donde había estado, la placa conmemorativa de la Campaña Antártica, el obsequio de un San Martín de bronce que le dieran en la visita a un regimiento del Ejército. Las pocas cosas personales que tenía en ese cuarto de paso, en esos eternos camarotes en los que vivía más horas que en su casa..."

O sea el muelle, el atracadero, la tierra firme, el camino fuera del barco de la soledad, se le hacía cada vez más estrecho. Cada vez menos posible caminar por fuera de esos repetidos camarotes donde hay otra ley que la del gallinero. En la misma serie de asociaciones anterior decía: "Esas puertas descoloridas que un superior podía abrir de improviso, pero a las que los subalternos llamaban con tímidos golpes". "Olía la fetidez del agua cercana cuando sintió los pasos detrás ". ¿La fetidez que olía diariamente cuando entraba a los calabozos y a los cuartos de tortura? Desde ese olor, su propio olor, podemos suponer, lo perseguía detrás, la conocida viejecita que canturreaba, pero no para él, ya que no lo miraba, estaba en lo suyo, lo que lo desequilibraba. ¿Huir o tirar? No puede disparar su pistola sobre esa mujer que le es esquiva. Impotencia. Pero además porque la cola del disparador -el disparador es él, es un moco repulsivo- es caca (el olor fétido), es un cagón (recordemos tributario de la ley del gallinero). Lo que le canta la vieja, es incomprensible.

Este sueño, como veremos, pone en acto a la repetición, en la vida de Acosta, por la vía de Tyché y Automaton. Y es anticipatorio del destino de su enamoramiento de la torturada, de su fracaso.
Más adelante empieza a tomar conciencia de su enamoramiento. Sucede en un carrito de la costanera a la vuelta de una importante entrevista con Massera de la que sin embargo "El Tigre" salió dividido por sentimientos opuestos. Por un lado había aumentado su fidelidad al jefe; por otro lo alarmaban ciertas ambigüedades que nacían en el Massera político. Hubiera preferido las órdenes secas y precisas del militar".

O sea, empezar a tomar conciencia de su enamoramiento, cuando vacila su sostenerse en el discurso de la histérica ya que en el otro, como agente en vez del S1, aparece el S2. El S1 lo preferían los periodistas y asesores del Almirante.
Como la estructura lo mantiene como el otro del agente no puede ser otra cosa que "a".

S2 a
S1 S

Pero al virar el agente, ante Pelusa se posiciona como deseante S. Pero deseante de una amada que como la vieja del sueño, no lo mira histérico ante una "Pelusa" que sabría sobre su deseo. El amo revela su verdad de sujeto deseante cediendo el falo a quien cree que lo es. Gira así de S1 a S yendo S1 al lugar otro: Pelusa.

S S1
a S2

Dice la novela. "El Tigre había perdido los efluvios del poder y caía en un nuevo cono de sombra."
"Un sentimiento insidioso comenzaba a enseñorearse de su alma oscura. Un sentimiento que rechazaba como una debilidad, que lo iba corroyendo como si tuviera una planta carnívora en las entrañas".
"Algo volvía a traerlo a la memoria. Tal vez el vuelo de una falda bajo el sol. O el encendido tono de una blusa frente al ancho, inacabable Río, tal vez venía en la brisa costanera, como un perfume venenoso".

Atendamos a las diversas metáforas que aluden a una oralidad ambivalente."No tenía nada que ver con él y por eso mismo lo desarmaba. No era una de esas clásicas pasiones sucias y mezquinas que lo habían acompañado tantos años. Era una suerte de imposible retorno a los quince. A los días anteriores a su ingreso a la Escuela. A los poemas cursis de entonces. Los poemas que copiaba de los libros baratos y le enviaba a la amada que no se casó con él, que no quiso siquiera ser su novia" (Reaparece el tema del rechazo femenino). "Ahora resurgía en el humo azulado de las parrillas, veinte años después". Recordemos que parrilla le decían a la mesa de picana. Por lo tanto es lícito interpretar: "-a su lado en la parrilla".

Y ahí aparece una clave: "Porque aunque el Tigre no quería reconocerlo, estaba enamorado de una de esas mujeres a las que podía matar o salvar con la misma facilidad con que acababa de pedir comida.
Se articula él, identificado a la omnipotencia del Otro, señor de la vida y la muerte en el registro de la pulsión oral. Él, sin embargo, es carente, ama. Hay un canturreo, seguramente escuchado en la primera infancia, que no era para él. Pero no sólo eso. Eso marcado por el objeto rival, tornado signficante, el falo. "El Tigre la vio de lejos y el corazón se le aceleró como cuando estaba por interrogar a un tipo importante. Se avergonzó de la debilidad de sus rodillas. Y para darse ánimos la recordó desnuda, a su total merced en la parrilla, el día que la trajeron. No sabía qué le impidió violarla. Tal vez el fijarse en ese lugar que parecía resumir todo el desamparo. Tal vez algo en su mirada que era, en medio del terror, tan remota y lejana. Que quizá pertenecía al flaco boludo y suicida que había perdido meses atrás, cuando se cagó a tiros en un control".6.

Verla a ella, le hace presente al "tipo importante". ¿Por qué no la violó? Porque la sinécdoque de un lunar, metonimizaba su propio desamparo, patente en el sueño. O sea, ese lunar, era semblant de él como objeto "a",que caía prematuramente, porque la mirada de ella, miraba a un "flaco boludo y suicida que murió cagándose a tiros en un control". O sea, a alguien al que la pistola no le falló, aunque también se cagara.
La novela cuenta más adelante. "Recordó por fragmentos: los muslos soberbios que se retorcían en la parrilla, el venenoso imán del pubis o la aureola rosada, levemente violácea de los pezones. Trató de imaginarla de pie, avanzando hacia él en la penumbra, pero no le salía: la imagen se desvanecía en hilachas demasiado vagas o en pensamientos demasiados duros y concretos que no lograban recrear la esencia carnal de la diosa. Pese a no poder reconstruirla, se le secaba el paladar y palpitaba en un deseo doloroso, insoportable. A medida que el deseo crecía avanzaban otras fantasías se juntaría con ella como el Trueno con la Lucy y mandaría a la mierda a su mujer, que le parecía cada vez más sosa y empequeñecida".7.

Por fragmentos, de nuevo, la oralidad envenenante: "muslos en la parrilla -pubis venenoso-pezones".Aquí adquiere importancia saber, que Pelusa al caer tomó la pastilla de cianuro y lograron resucitarla.
Señalo también que dentro de la Marina, Acosta pertenecía, igual que Massera, a la logia de los luteranos, aderadores de la diosa de cuatro brazos Khali. Y llegamos al final de esta historia que cumple la profecía del sueño, que no puede evitar el destino del histérico.

"El Tigre se puso de espaldas hacia la puerta del baño. Pero en la penumbra, a través del gigantesco espejo, vio consumarse su sueño de meses: la diosa avanzaba casi desnuda, con una bombacha que dejaba traslucir la sombra del pubis. El pelo salvaje cayendo sobre el tallo increíble de la espalda; los pechos opulentos con los pezones rosados; los muslos soberbios que había contemplado en la parrilla. Un pavor incontenible se apoderó de los músculos tensos y llegó a pensar que no podría hacerle nada"./.../"Pancho reapareció, brutal entre las sombras, cuando era demasiado tarde. Desaforado, torpe, el Tigre la estaba penetrando. Al unísono, como una cuchillada llegó a fondo el recuerdo de la última noche de amor con Pancho, la víspera de su muerte".(En los pensamientos de ese momento de Pelusa).

"El Tigre había sentido los primeros espasmos al llegar a las puertas de la diosa. Buscó mil recetas mentales para contenerlo, pero supo que estaba derrotado desde el vamos y se dejó ir en un orgasmo estúpido y amargo".8.
Al cagó, le fracasó la pistola ante la diosa, que miraba para otro lado.
Si no fuera la E.S.M.A., donde era jefe de la patota, y lo que en su infierno se cocinaba, las torturas, los miles de asesinados, la piratería corsaria, sería sólo la historia de una histeria vulgar.
Recordemos: 2ºpregunta: ¿Y el enamoramiento de la torturada?
Lucy."Se bancó los golpes y la picana. No soltó un dato. Y luego..."Rechazó un intento erótico del Tigre.Se mantuvo altiva y ajena a toda intención de ablandarla por parte de los secuestradores hasta que un día le trajeron al compañero agonizante y a la hija viva, para obtenerlas el "Trueno", también conocido como "Rata", Pernía, había arriesgado su vida.

Transcribo parte del relato."La dejan acompañar al Monra en su agonía. El pelo de Lucy le roza la cara. Las lágrimas de su mujer le mojan el hombro aterido. Allí está el Rata Pernía /.../ 'Lucita' quería tener su hija -explica. El moribundo abre los ojos y los clava en la cabeza que se sacude sobre su hombro. -¿Y desde cuándo te llama a vos Lucita este hijo de puta?".
Es lo último que dirá. Minutos después Mengele certificará la defunción con gestos profesionales./.../ Nadie lo quería creer, hasta que tuvieron que convencerse. Ella misma se lo contó una vez que lo visitó en Capucha para darle esperanzas y confidenciarle sus planes salvavidas.9.

"¿Vos sabés lo mío y lo de Antonio verdad?10. Y le rehuyó la mirada. Con la vista en el suelo, vomitó todo: Lo quiero. Es horrible, pero lo quiero. El a veces me mira y me dice: ¿Cómo me podés querer si soy una mierda? Si soy una bestia y un asesino. Una vez, estábamos acostados fumando y me gritó: Levantate de mi cama, puta. Levantate que yo lo maté a tu marido.
No lloraba. Pero lo quiero ¿sabés?.Aunque me diga esas cosas lo quiero. No sé por qué. Tal vez porque me devolvió a mi hija.

Luego fue de las principales conferencistas en el Centro Piloto de París. Se sabe que se le produjo un delirio místico. Atravesó Europa recorriendo Iglesias y confesionarios. Una carta decía: "El Trueno la trata mal. Le hincha las bolas esta locura mística. Empieza a hartarse de esta monja que lo sigue como un perro faldero. Claro, su ideal para la cama era la montonera dura y altiva, y no esta chupacirios que soporta todos sus desprecios como un acto de contricción".
No es mucho lo que tenemos. Tampoco es nada. Trabajemos con ello.

Había sido Oficial Mayor en Montoneros, una jefa. Esposa del Jefe de una columna. Eficaz operativamente. De ella dice la novela: "Compañera del Monra, pero valiosa en sí misma. Discutidora. Lectora. Conocedora al pelo de la historia de la Orga. De todas las orgas. Lucy carnaza del '68, de nuestra generación. Atiborrada de Althusser y Marighela".11.
Claramente identificada a sus ideales revolucionarios no cede bajo ningún tipo de tormento.¿El enamoramiento y el cambio de bando tiene que ver como ella dice con que Pernía le devolvió la hija? ¿Es por agradecimiento? ¿Es eso solo? O podemos pensar que el enamoramiento como signo, se articula con su febril actividad salvavidas en la E.S.M.A., su locura mística y su actividad propagandística a favor de la dictadura y antimontonera en el Centro Piloto de París.

Esa actividad: ¿No es la respuesta a las terribles últimas palabras de su marido? Ella asume su horrible verdad de objeto que al precio de su escisión como agente salva al amo, todos esos hombres que arma en mano jugaban su vida, aunque en esa posición sólo ganara el desprecio de todos ellos. (Pernía montoneros).
Pernía, ¿agalma de la hostia salvadora?
Devolverle la hija fue, perdonarle -salvarle, la vida a la niña.Ese enamoramiento, horrible locura que ella misma advierte. Pero eso no es nuevo. Recordemos que Freud caracterizó al amor como una psicosis. Pernía, ¿inadecuado a lo que ella deseaba? Recordemos lo que Lacan nos decía en el Seminario de la Transferencia: "La dialéctica del amor de Sócrates nos lleva más allá de una encrucijada /.../ a saber captar el momento de balanceo, el momento de cambio total de una situación o de la conjunción del deseo con su objeto en tanto que inadecuado, debe surgir esta significación que se llama amor".

¿Es la muerte del compañero la que paradójicamente hace que se enamore de quien lo mató, en tanto éste queda con la llave salvacionista? ¿Más aún, mientras más la desprecia, ya que la desprecia en nombre de ideales antimuerte? Para pensar como lo planteo, es fundamental partir de que la relación del sujeto al Otro, mediada por el significante, es esencialmente singular.
O sea, en este caso la histérica se enamora del amo en tanto supone que él produce un saber sobre la vida. Desde la posición del analista: ¿podríamos decir, de los casos analizados, que no nos hallamos más que ante dos histerias más o menos graves, a las cuales algo llevó a que protagonizaran el amor, el sufrimiento y la muerte en el campo de lo siniestro?
Si es así, ¿qué es ese algo?

Cualquiera que haya ido a la cancha, y no sólo en estos últimos años, ha visto a grandes masas, lanzarse a cualquier tropelía a la sola convocatoria del nombre de su club. Los cánticos que se gritan, rápidamente se deslizan a la degradación del otro. Y lo que son cánticos, si una fuerza mayor y organizada no lo impide, rápidamente se transforman en agresiones físicas de todo calibre. Si algún rival queda aislado en el campo contrario corre serio riesgo de linchamiento y en todo caso, es absolutamente común ver una patota, moler a golpes a alguien. 12.

¿Cómo puede ser? Los gritos, los cánticos, el mensaje en que se sostienen, tienen un solo y unívoco sentido, excluyente del que le viene del otro. La palabra pierde así la capacidad de, desde su falla, hacer lazo social, sólo hace efecto de grupo. Por eso, ese tipo de enunciación que define al ideal por la exclusión del otro, produce, por identificación a ese ideal, creerse en masa, ser uno. Y para "ser" uno, es decir sostenerse en el amor, hay que destrozar al otro. El otro así queda del mal lado del espejo. Ahora bien, si en vez de ser el ideal un lugar absolutamente simbólico, (sólo los colores de una camiseta, aunque generalmente articulada a la del padre),está ocupado por un mensaje apocalíptico, salvacionista, totalizador, lo que en la cancha son incidentes, en las mazmorras son tortura sistemática, ya que en pro, del supremo bien, necesariamente se recurre, a los medios necesarios.

REGRESION A LA ESTRUCTURA MAS PRIMITIVA.

¿Qué estructura reproduce el campo de concentración con la pareja torturador-torturado? Hay un punto de partida clave. Los torturadores son representantes del poder que decide sobre la vida o la muerte de los torturados. A veces, son ese poder mismo. A ese contexto se suma el aislamiento, el dolor erógeno (antes analizado), la administración de las necesidades fisiológicas por parte de los guardianes.
Esa estructura reproduce los términos básicos de la relación madre-niño, recién nacido. No va esto en desmedro de las madres. Independientemente de como ellas actúen, necesariamente la estructura es esa.

Si la actividad sádica de los torturadores reproduce constantemente las imagos más terroríficas de la fantasmagoría esquizoparanoide descubierta por Melanie Klein, el mínimo gesto no cruel, despierta sentimientos tiernos hacia (ya que estamos en la posición esquizoparanoide kleiniana) quien así se constituye en objeto bueno. Tácticamente los represores suelen hacer jugar esos roles diferenciados a los ejecutores.

Pero también es cierto que, la estructura del "chupadero" y de la tortura, moviliza esas imagos también en los torturadores. De ahí, esos inexplicables "aflojes",fuera de toda táctica.
Claro indicio de que la estructura de la represión clandestina corre por los andariveles más primarios es que opera negando la visión, privando de la mirada, remitiendo a la fragmentación imaginaria a través de lo real del dolor, tensionando al máximo los orificios erógenos y centrando la jerga, en significantes orales: "chupados", "parrilla".

Hemos llegado al fondo del infierno y en él encontramos la "cosa", la imago terrorífica de la madre omnipotente de los primeros diez días. Ella "sabe", desde su deseo, sobre ese pobre cuerpo que sólo atina a retorcerse por las líneas de fragmentación, de los dolores, y de la insuficiencia de la mielinización, que, a posteriori, una imagen especular anticipada, resignificará como mapa imaginario. De ella dependerán absolutamente, las experiencias de placer y de dolor. La electricidad, hace ahora innecesaria, la utilización de los caballos que reenviaron realmente a Tupac Amarú a la vivencia preespecular.

El saber que no sabe el torturado, o lo que sabe que no tiene que decir, lo condenan a ser objeto de ese saber que fragmenta del torturador, condenado por un sabor apocalíptico, mesiánico, que le ordena trabajar en la tortura como instrumento del Goce del Otro, en estos casos el Poder Absoluto.



1. Testimonio ante CONADEP, pág.32.
2. Liwsky, idem.
3. Idem, pág.30.
4. Pág. 264.
5. Pág. 304.
6. Bonasso,pág. 109.
7. Bonasso,pág. 264.
8. Bonasso,pág. 314-318.
9. Subrayado mío,SR.
10. Pernía.
11. Bonasso,pág. 242-243.