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jueves, 23 de julio de 2015

Psicología y semiología de mensajes políticos

Psicología y semiología de mensajes políticos
Sergio Rodríguez

Comienzo sintetizando así el planteo de Freud[1], las masas se organizan identificándose a un liderazgo, en la que sostiene la identificación entre sus integrantes. También es importante en el trabajo de Freud, que lo haya llamado Psicología de las masas y análisis del yo. Me parece indicar que inconsciente o conscientemente, advirtió que no iba a referirse a lo más inconsciente de las masas, sino a lo menos. Por eso no lo llamó Psicoanálisis de las masas sino Psicología… Por lo mismo, tampoco puso el término Inconsciente sino Yo. Las masas no son analizables en función de su inconsciente, porque éste resulta efecto de las historias individuales de cada persona y las consiguientes subjetivaciones producidas.
A esta altura, podemos acomplejar dicho planteo. Los resultados electorales de estos de últimos tiempos, deben descartar análisis ligeros, que los atribuyen sólo a la composición social de la Capital Federal de la Argentina. Una web partidaria del Frente para la Victoria[2], aportó el siguiente dato de interés.
“Esto está ocurriendo también en sectores más pobres y marginales que las “capas medias”. “Las comunas 4 y 8 (Lugano, Barracas, La Boca, Nueva Pompeya, Parque Patricios) son las más afectadas por la problemática: solamente, el hacinamiento alcanza al 20% de la población de esos barrios. Además, en esas jurisdicciones están las principales villas, con su histórico reclamo de “urbanización”, que el macrismo desconoció en sus dos gobiernos.
En ambas comunas, el PRO, que venció en todo el territorio porteño, ganó con comodidad y solamente estuvo unas décimas por debajo del número que alcanzó en total (46,6%, en cada sección). En esas jurisdicciones, el kirchnerismo superó la línea de los 24 puntos, muy por encima de su rendimiento general: se ubicó en segundo lugar, muy lejos de ECO
En las villas, la mayoría de sus habitantes no se destacan por estar por encima o equivalentes socialmente a las capas medias. Tampoco se distinguen por consumir como ellas, aunque  lo desean, y consumen más que en el 2003. Los  trabajadores con oficio o aprendices, han mejorado laboralmente. Muchos, favorecidos por los programas sociales del gobierno, pasaron del desempleo a estar empleados. Aunque subsiste un desempleo importante. Sin embargo en esas “villas” casi la mitad, votó PRO – Macri[3]. Lo que evidencia que se identificaron con el voto mayoritario en las capas medias. No es raro escuchar en este tipo de votantes comentarios similares a los de muchas personas de esas capas. Por ejemplo decir “negros de mierda”, siendo el que lo dice, alguien de tez oscura. La gran paradoja está, en que hay muchos periodos en los que eligen por aquellos que los desprecian. Creo muy importante, que los liderazgos mejor intencionados adviertan esto, pues esa paradoja muestra que las masas no sólo se identifican a liderazgos y sobre esa base se identifican entre sí. Los liderazgos tienen que auscultar que pasa en ellas no sólo económico socialmente, sino también en el terreno de las ideas, modas y modalidades de conversaciones. Para poder reconocer así, el tejido discursivo e imaginario en que se sostienen. Sólo así, puede haber una ida y vuelta entre lo que ellos desean y lo que ocurre en las masas. Deben observar el sistema de signos, que en ellas van tomando preeminencia. No, para adaptarse así no más. Pero sí para advertir los cambios que van trayendo, tiempos que corren vertiginosamente. Y mucho más aceleradamente a partir del desarrollo de la informática, que marca desigualmente a la Cultura Actual y sus habitantes. Cambios en los que tiene una gran pregnancia la Televisión. Los urbanos al no sentirse mirados[4], tratan de darse a ver en la pantalla. Qué parece mirar, pero ve sólo lo que le rinde utilidad comercial o política. Entonces, son hipnotizados por algún “sueño” puesto en los pisos de la TV. Si no, caen en el goce del zapping ver, sin mirar.
Algo parecido ocurre con los Chat –supuestas conversaciones- O los textos y fotos en Facebook, incluso en rápidos mails. Los teléfonos celulares iniciaron la era de mensajitos de texto. Son seudo discursividades en tanto en general, no logran instalar emisores – receptores, enunciados – enunciaciones, intercambios de ideas. De ahí, que si los malentendidos habitan las relaciones sociales, estos recursos tecnológicos los multiplican y no facilitan aclarar.
Lo que se está expresando en política. En la que la cara  con risa, el baile y los saltitos, los abrazos y los besos, se usan cada vez más como signos para apoyar relatos vacuos en los que se miente sin vergüenza. Buena parte de la masa, se identifica a estas modalidades.
¿Ahora, los políticos bien intencionados, tienen que funcionar como lo otro de esta modalidad? ¿Cultivar ceños inexpresivos, fruncidos, angelicales, o hacer de la adustez un emblema? Esas formas de por sí, no aseguraran buenas política. Y el peligro que afrontan en los tiempos que corren, es el de quedar por fuera de las mayorías.
Identificarse con su propio estilo a lo que ya son un fenómenos social masivos, puede facilitarles llevar su propio discurso, y a éste, ser escuchado y seguido.







[1] En su clásico y fundamental trabajo Psicología de las masas y análisis del yo.
[2] Agencia Paco Urondo. De su boletín del 28 de abril 2015
[3] Macri ahora, trata de apropiarse tomando como banderas  algunos de esos programas
[4] Cómo sí ocurría y aún ocurre, en la vida de poblaciones pequeñas.

martes, 17 de abril de 2012

Romancero Argentino, entre Dolina y Pollerudos

1) Agradecimiento y homenaje al Colegio por punición del plagio y transgresión ética.

2) Hablaremos sobre destinos de la sexualidad, en particular masculina. Tomaré la opereta por el efecto que produce entre quienes la escuchan, especialmente si se hallan atravesando las tribulaciones del amor. = que Freud con Sófocles, yo con Dolinades.

3) Yo que ustedes no me escucharía, pues acuerdo con la lógica que sostiene a toda la obra: Locutor –Cuanto más sabe uno, más cerca está de la muerte. ¡Así que huyan, mientras están aún a tiempo!

4) Punto de partida: la carencia. El bar Pampa = un doliente coro de parroquianos que se jactan de no haber tenido nunca una alegría. 2.1) Causa del deseo, en consecuencia del maravilloso engaño al mismo en que consiste el amor (Dar lo que no se tiene a aquel que no lo es). Se ha dicho que los hombres hacen todo lo que hacen con el único fin de enamorar mujeres. 2.1) La identificación a la carencia, es una posición que pretende rechazar la castración. = Aquí nadie nos puede amenazar/ si al fin es imposible vivir peor/ es preferible estar muerto en otro lugar/ antes que seguir vivo en este bar. Aquí nadie nos puede/ porque al fin/ vivir en este infierno/ ya es morir. Melancolía, antes la muerte que enfrentarse a la castración, a la pérdida (cuando se nombra al bar se escucha un tiro y un grito de mujer). En algunas neurosis obsesivas = enfrentarse a la amenaza de castración, viviendo como muerto con la ilusión de bicicletear la muerte. 2.3) dicha identificación fija a una modalidad masoquística de goce, intento extremo de hacerse causa del deseo del otro. 2.4) Diferente a la posición de quien se decide a amar a pesar del riesgo: Sólo es la historia de un dolor/ que cada vez duele mejor. El que se decide a amar elige también una modalidad de goce de la que el dolor no está ausente, pero lo hace mejor.

5) La clave está en el mal encuentro. Mi amor es un será/ o a veces, es un fue/ pero no pasa nunca por el es./.../ .El mal encuentro relanza permanentemente el deseo. Mientras se mantiene la ilusión, (pag 38: Ni en los tiempos dudosos de ayer/ Ni en el gris porvenir que aún no es/ Ha existido jamás un amor/ Como el que hoy siento yo por usted) paradojalmente se sostiene el amor (pag. 33: es el engaño el que enamora), cuando aquella cae, su caída devela a la causa y con ella al desplazamiento, la metonimia del objeto. El amor es eterno mientras dura. La dialéctica del amor atraviesa la paradoja de por nacer del narcisismo, no desplegarse sin pérdida, lo que escribe Dolina cuando al relatar su amor el coro le devuelve secionadas las palabras hasta que, pasando por el ella me propuso, puso desemboca en; Que en cualquier momento moriré de amor.

6) Laura se presenta: Bueno, aquí estoy./ Sepa que hoy/comienza su perdición/ Soy el engaño y la traición. Lemberg. Declara: Quiero que se haga mi voluntad/ la sumisión/ es más sabrosa que el amor. Dialéctica sujeto objeto, en la que el amado (objeto) por eso mismo puede tomar el lugar de amo. Etimología = Ama ‘nodriza’, ‘dueña de casa’ 1ª mitad del XIII Del hispanolatino AMMA ‘nodriza’ que debió significar primeramente madre que amamanta de ‘dueña de casa’; voz del lenguaje infantil de cración expresiva (como mama) que se halla en idiomas muy diversos. Deriva amo dueño. Amar . Manuel: Desde luego me enamoré en ese mismo instante. Dolina lo atribuye a la atracción por el riesgo. No sólo. También cambiar el curso de la historia. Lo que enamora, la vestidura del objeto es muy común que sea una escena a ser cambiada, por la dificultad para renunciar a las historias, fijaciones originarias.

7) El juramento como objeto libidinizado del amor. Laura: jureme alguna cosa Manuel. M: Le prometo que todo es fugaz. No importa lo que jura, jura la verdad y como ella antes con la verdad engaña. ¿Por qué? Porque ... Laura: Venga y vamos los dos a espantar/ los fantasmas de la inmensidad. Dúo: Que se acobarde la ausencia/ Cuando nos vea pasar. Porque es el amuleto contra el desierto inmenso de la ausencia estructural y estructurante.

8) El amor para ser creíble exige sacrificio. L: Tendrá que demostrar su determinación/ metiéndose en el barrio del dolor. Se acepta la exigencia porque como dice en más de un lugar de la obra: La vida vale menos que el amor. Pero a la vez, no cumplimiento, sino sacrificio sólo por goce del dolor. El coro femenino dice: se propone merecer/

9) Que lo quieran por cumplir./ Ese es un grosero error, no es recompensa el amor. Además es imposible saber que es cumplir: Locutor: Siempre hay niebla en el barrio del dolor. Una niebla tan espesa que ningún hombre puede atravesarla. Hay sin embargo una puerta de claridad. El guardián de esa puerta es un poeta llamado Caronte. El amor es niebla, lo único claro es la muerte. Los componentes de la niebla: terquedad = rivalidad, la renuncia a las otras, la decepción, Este es el rojo buzón/ de las cartas que nunca jamás/ llegarán. El malentendido como constitutivo, la incognoscibilidad de sí mismo y del Otro. Ergo, es imposible no ser tributario en alguna medida de La Confusión. Ahí plantea una nueva y excelente paradoja: Nunca se puede perder el que no sabe adonde va.

10) Lacaneada de Dolina (refiriéndose al amor) Lo que se da porque sí/ sin justicia ni razón. A partir de ahí continúa con los acompañantes irrenunciables del amor: el tiempo como amenaza, la duda (sobre sí mismo, inversión especular de la Margarita), la incertidumbre y la pregunta por el destino, sobre la escenografía de lo único seguro, la muerte. La Pitonisa aclara la temporalidad del Inc.: ... no es sucesivo,/ donde aún es pasado, ... y el futuro ha sido.

11) Reivindicación (58) de la ignorancia como causa del saber por venir, ya que los hombres sabios siempre se equivocan. = Los recuerdos como obstáculos, distinto a cómo olvidos. Lo que lo llevó a plantear una ecuación Todas las mujeres = a Una, que es = a todas menos una. No hay La Mujer. Desemboza en el niño que fue, que por tal lo devuelve a la realidad: Vas a ver que la vida es un juego, / y no importa perder o ganar. El autor, que es padre, lo hace prevenirse al chico de la tentación neurótica de pagar las deudas del padre. Pibe: Es gratis... Si no al final voy a terminar pagando yo. En el mejor de los casos el niño (la capacidad de ilusionarse) no se irá nunca.

12) LA CAUSA: Manuel: Ay, Laura... ¿dónde estarás?. Mozo: -En otro mundo. Una de las poesías más hermosas = Distancia: Leerla página 63/64/5. La Madre de los primeros tiempos y/o la arrancada por la muerte. Pero también la incognoscibilidad deOtro. El Otro siempre está en Otro mundo, otro cuerpo, otro contexto de Lalengua, otra historia, otro tiempo.

13) La pérdida lo retorna a: La esquina del tiempo que vuela y... al amor a la muerte (pag 68)

14) Ante la exigencia femenina de que el amor no sea traicionado hace su aparición genial El Seductor. Su tesis: Todos los amores son uno. La traición no existe. Estructura similar al reclamo de las novias anteriores. Puedo enseñarle los caminos perniciosos que conducen al amor. Es producto de su propio escepticismo. Esos caminos: Son trucos, son maldades, son engaños./ Mentiras dichas con sinceridad. (Lo paradojal del amor atraviesa todo el texto). Amar es inventarse cada día,/ falsedades compartidas,/ ya lo verá. (pag. 70). No obstante su decepción, o como causa de ella, reconoce: una o dos veces en la vida/ le aseguro que no más. .../ Son sombras, son espectros, son fantasmas/ que algunos llaman... verdadero amor. Lo que lo lleva a su verdadera verdad: Usted y yo sabemos que la vida/ vale menos que el amor.

15) Sí el amor es engaño, su sufrimiento es ficticio, realmente ficticio: Mozo: Soy el autor. El autor de la obra. Usted está en peligro. Su destino es trágico. Yo ya no puedo cambiarlo. Pero usted puede escaparse. ¿Ve aquella puerta verde? Da a la realidad. Salga de la obra es su última oportunidad. Manuel: -Déjeme aquí mozo... Estoy enamorado y no voy a privarme del sufrimiento, aunque sea ficticio. Insiste, no hay amor sin sufrimiento.

16) Pág. 74: Detrás del antifaz/ llevaban otro más./ La gente era tal vez puro disfraz. El ser no es más que ficción. Y vuelve la función de la pérdida (pag. 77) Al fin todo desengaño/ una esperanza se volverá.

17) 79: Nadie no traicionó alguna vez. El peligro alimenta el amor. El reproche y la queja se cruzan contra el amor... La brutal tentación de acusar/ al que no pudo amar. Miedo a caer. El atropello de las culpas del ayer (80)

18) Al final está el tan anunciado desde los comienzos, encuentro con la muerte. 83: su presencia permanente y final y su función: Soy el sentido y el motor/ de la poesía y el amor.

19) La muerte: Todos trabajan para mí... solamente yo soy real.... Manuel: Yo sé que hay una verdad. No es mentira mi dolor. La Muerte: Trampas de la nada son el arte y el amor./ Todo lo que ha sufrido/ al final será olvido/ tan sólo la muerte es verdadera, sépalo. Manuel: Mi mentiravale más/ que el horror que usted llama verdad (pone en duda que lo sea)

20) Sombra de sombra son (vaciamiento del doble especular, borramiento de los brillos, mantenimiento de la relación a costa de dicha operación) Sombras somos los dos.

El psicoanálisis y el malestar en la cultura, entre el Marx de goce y el plus de Lacan

1989, LACANOAMERICANA de Montevideo.

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“Freudismo y marxismo, aunque los discípulos de Freud y de Marx no sean todavía los más propensos a entenderlo y advertirlo, se emparentan, en sus distintos dominios, no sólo por lo que en sus teorías había de “humillación”, como dice Freud, para las concepciones idealistas de la humanidad, sino por su método frente a los problemas que abordan.” José Carlos Mariátegui.*

En la tecera de Roma Lacan plantea: “Con todo, es del malestar en la cultura, de donde procede toda nuestra experiencia”. Dicho que articulo a este de RADIOFONÍA: Costas de goce, he ahí lo primario. Muchísimos de sus trabajos de diversa manera tomaron en cuenta esta verdad de la existencia psicoanalítica. Interrogarse sobre nuestra práctica exige prestar atención a la articulación entre la estructura que preexiste al sujeto y en relación a la cual este se ve obligado a tomar posición cotidianamente, no sin estar condicionado por ella en su forma macro y en sus manifestaciones micro, y lo que este dice presionado por lo real de su ex-sistencia. Lacan definió la función amo y la función esclavo por como queda posicionado el sujeto ante la cuestión de la lucha a muerte. No se trata entonces sólo de una cuestión de condicionamiento estructural sino también de respuesta ética. El esclavo, contrariamente a lo que pensaba Hegel, goza -para eso se rindió al amo. Amo es, el que se decide a la lucha a muerte por el puro prestigio. Esclavo, el que renuncia a ella para asegurarse el goce de la vida, al precio de la bolsa. De ahí que Lacan, contrariando a Hegel diga que el esclavo goza. El amo ordena, sostenido en su deseo, verdad de su discurso. En el punto de partida del capitalismo el esclavo poseía el saber hacer. La sociedad industrial rompió amarras desde la producción artesanal a través de la invención de la máquina. Ello produjo un saldo cualitativo que la diferenció claramente de aquella. No obstante siguió muy inficionada por la misma en tanto el saber hacer del productor manual resultó indispensable hasta la década del 70 (1970). Estoy hablándoles de un espacio histórico muy corto. En países atrasados como el nuestro, el saber hacer del trabajador manual aún tiene mucha importancia. Este factor declinante a partir del surgimiento de la industria, entró en tirabuzón en dicha década, tirabuzón que se acelera cada vez más.

A esta altura de la exposición me resulta muy importante intentar desbrozar el concepto de saber hacer enunciado por Lacan. En los seres parlantes no se puede suponer ningún saber que no sea efecto del significante. Más radicalmente planteará en el seminario “La ética del psicoanálisis”: “Finalmente, a nivel de la objetivación o del objeto, se oponen lo conocido y lo desconocido. Porque lo conocido sólo puede ser conocido en palabras, lo desconocido se presenta como teniendo una estructura de lenguaje. Esto nos permite volver a plantear la pregunta de que ocurre en lo tocante a nivel del sujeto”. Entiendo que usa palabra en lugar de significante, porque para producir el efecto de sentido, ella en algún momento es imprescindible. En Lacan, la cuestión de la primacía del significante no es abandonada porque termine planteando al nudo Borromeo como articulación equivalente entre los tres registros. No va a dejar de sostener nunca la primacía del significante porque todo resto se presenta y se ordena en definitiva según las leyes del lenguaje. Al saber hacer en algunos puntos de su obra, Lacan lo emparenta al instinto de los animales a la vez que lo diferencia claramente del mismo. Esto me parece importante, porque en cambio, al saber teórico nunca lo va a emparentar al instinto de los animales. El saber teórico es efecto del pensamiento, del proceso secundario, del sistema prc./cc. Articula representaciones, que reprimen a los representantes (significantes) reduciendo por lo tanto la capacidad combinatoria y polisémica de la batería lo que facilita, como diría él, la imbecilidad. El saber hacer es el que Lacan privilegia para la función del psicoanalista que debe liberarse en su acto del saber referencial, teórico, para atender sólo al saber textual, al que se lee en el discurso del Otro, o sea en las manifestaciones del Inconsciente. Ergo el saber hacer es efecto del saber Inconsciente, por eso tiene apariencia de instintual.

En la década del 70 Lacan va cirniendo el concepto de goce. Parte de la comprobación manifiesta por Freud de que la repetición de lo desagradable no puede ser explicada por el principio del placer, o sea de la tendencia a la homeostasis, a la mínima diferencia, al equilibrio. Nada de esto es lo predominante en la existencia. En Intervenciones y textos, en el artículo Psicoanálisis y medicina, dice: “Pues lo que yo llamo goce en el sentido en que el cuerpo se experimenta, es siempre del orden de la tensión, del forzamiento, del gasto, incluso de la hazaña. Incontestablemente hay goce en el nivel donde empieza a aparecer el dolor, y sabemos que es sólo a ese nivel del dolor que puede experimentarse toda una dimensión del organismo que de otro modo permanece velada”. Es importante también, recordar su planteo de que el significante es la causa del goce, a diferencia de lo que causa al deseo que es la carencia. En -“Encore”- lo dice así: “El significante es la causa del goce. Sin el significante ¿cómo siquiera abordar esa parte del cuerpo? ¿cómo, sin el significante, centrar ese algo que es la causa material del goce? Por desdibujado, por confuso que sea, una parte del cuerpo es significada en este aporte”. Y agrega: “Iré ahora derechito a la causa final, final en todos los sentidos del término. Por ser su término, el significante es lo que hace alto en el goce”. Agregando: “La eficiencia de la que Aristóteles hace la tercera forma de la causa, finalmente no es otra cosa mas que ese proyecto con el que se limita el goce”. Y poco más adelante: ¿Y el abrazo, el abrazo confuso donde el goce toma su causa, su causa final, que es formal, no pertenece acaso al orden de la gramática que los rige?”. No es lo mismo te abrazo que: me abrazas. O, en nuestro tema, trabajo, que: trabaja. Al poder demostrar que el significante se halla presente en las cuatro causas del goce puede aseverar: “Diré que el significante se sitúa a nivel de la sustancia gozante”, o sea del cuerpo. Por la razón de que el significante es causa del goce y el saber efecto del significante, el saber resulta instrumento para gozar. Esta lógica soporta una afirmación muy fuerte de Lacan en el Envés del psicoanálisis, el saber es instrumento de goce. Al usar la preposición “de”, en lugar de “para”, nos sitúa ante una bifurcación de sentidos no contradictorios y por lo tanto posibles: de y por saber se goza.

Dice en RADIOFONIA: “Al definir a la estructura por relaciones articuladas a su orden, y tales como ahí participan, no se lo hace más que a su costa”. El ser parlante vive a costa de la estructura que lo produce y en su costa, ex-céntrico, ex-tímico, extranjero, alienado, ex-sistente, exiliado. “Costas de vida o bien de muerte es secundario”1 . La disyuntiva que da nacimiento al amo y al esclavo la disposición a la lucha a muerte por el puro prestigio, ante la amenaza -la bolsa o la vida lleva a la “solución” del esclavo optar por la vida sin bolsa que embolsa el amo. Por eso lo que sigue: “Costas de goce, he ahí lo primario”1 . El amo exiliado del goce de la producción del objeto. El esclavo perdiendo al plus que produce, enajenado de él. Todos en la costa, al margen.

“De donde la necesidad de plus-de-gozar para que la máquina trabaje no acusándose ahí el goce sino para que se le tenga de este esguince como agujero a colmar”1 . Porque es una necesidad de la estructura (la máquina) que se produzca un plus, pues, siempre hay un agujero a colmar, estamos todos condenados al deseo, es decir a quedar en las costas del goce, exiliados y pagando un precio. En el Envés de psicoanálisis, en la clase del 17 de diciembre dice: “/.../el significante no está hecho para la relación sexual”/.../ “En todo caso hay algo que es cierto, es que, si para el hombre eso anda más o menos es gracias a un truco que lo permite, pero que de entrada lo vuelve insoluble. Esto es lo que quiere decir el discurso de la histérica, industriosa como ella es/.../ Vemos entonces a la histérica fabricando un hombre como ella puede, un hombre animado por el deseo de saber”, en tanto ella se oferta como objeto causa diciendo “quiero un hombre que sepa hacer el amor2 ” $/a-----S1/S2/... Es desde ahí que Lacan puede afirmar: “Al nivel del discurso de la histérica, que es aquel que ha permitido el pasaje decisivo dando sentido a lo que Marx articuló históricamente, es a saber que hay acontecimientos históricos que sólo se juzgan en términos de síntomas2 ”. Fijémonos que en esto Lacan coincide con Marx, que descubre por qué el modo de producción capitalista hace síntoma. En terminología psicoanalítica podríamos decir que porque en él queda reprimida en la tasa de ganancia la plusvalía que pierde la fuerza de trabajo y que pasa a ser la ganancia del amo, lo que origina demandas. “No se vio hasta donde llevaba eso hasta el día en que se tuvo el discurso de la histérica para hacer el pasaje con algo diferente que es el discurso del psicoanalista. El psicoanalista al principio no tuvo más que escuchar lo que decía la histérica”. El discurso de la histérica se caracteriza por ser el de la demanda de amor que es la que late tras toda demanda. “Es bien el caso de verificar lo que digo del plus-de-gozar. La plusvalía es la Marxlust, el plus de gozar de Marx”/.../ “la plusvalía, es la causa del deseo del cual una economía hace su principio: el de la producción extensiva, por consiguiente insaciable de falta-de-gozar. Por una parte se acumula para acrecentar los medios de esta producción a título de capital. Por otra se extiende el consumo sin el cual esta producción sería vana, justamente por su inepcia a procurar un goce con que ella pueda retardarse”. Como se ve el planteo de Lacan es que la verdadera producción extensiva, de la producción extensiva del modo de producción capitalista insaciable, es la falta de gozar, y que eso y no otra cosa son la plusvalía y el plus de goce.

“En el contexto en que Marx lo plantea -modo de producción capitalista en el cual el trabajo adopta o reviste la forma de valor- el concepto de plusvalía surge como la diferencia entre el valor total generado por el obrero dentro del proceso del trabajo en el marco de la relación asalariada y el valor efectivamente retribuido. Es la diferencia entre el trabajo total generado y el trabajo efectivamente pagado”.3

La plusvalía es lo que queda velado en la categoría de ganancia de la economía clásica. Para entenderlo, Marx tuvo que descubrir el doble carácter del trabajo. El trabajo concreto genera un valor de uso determinado, efecto de la tarea desempeñada. El trabajo abstracto es el gasto de energía humana en la producción por el cual al trabajador se le paga lo mínimo posible para su reproducción. Esta relación es formulada por Marx en el siguiente matema T=TA/TC. Incorporando así una categoría que brillaba por su ausencia en la economía clásica, la de fuerza de trabajo. Propongo la siguiente equivalencia entre elementos de los matemas marxista y lacaniano: TA=FUERZA DE TRABAJO=SABER HACER/TC=PLUS DE GOZAR=SOPORTE DE LA PLUSVALIA. TA/TC=S2/a.

Para escribir estas equivalencias se presentan dos dificultades, por razones de tiempo tomaré sólo una. Marx planteó la plusvalía específicamente para el modo de producción capitalista por estar enlazado a la posibilidad de la venta “libre” de la fuerza de trabajo que se transforma entonces en una mercancía más. El planteo de Lacan sobre el plus de goce lo extiende a toda la historia, incluida la de los amos y esclavos griegos en la que no había posibilidad de venta de fuerza de trabajo “libre”, aunque si de fuerza de trabajo “envasada” -recordemos el mercado de esclavos-. Marx en El fetichismo de la mercancía refiriéndose al feudalismo dice: “Pero, precisamente por tratarse de una sociedad basada en los vínculo personales de sujeción, no es necesario que los trabajos y productos revistan en ella una forma distinta de su realidad”. O sea que a los ojos de Marx no era que en esos regímenes no rigiera la estructura de la plusvalía sino que la misma no era encubierta. Yo diría que era encubierta por otro orden de creencias que tenían que ver con que a ese tipo de relaciones se las consideraba “naturales” por su “origen divino”. La otra dificultad, que no desplegaré, está en el pasaje del saber a la posición agente en el discurso del amo moderno /universitario/ tecnócrata.

¿Por qué estos planteos lacanianos son importantes de enseñar y trasmitir en la formación de psicoanalistas? Porque son nada menos que los que dan fundamento a la estructura del nudo borromeo y del Inconsciente. Como todo discurso, el del amo se produce socialmente. Este desde la apariencia de un significante amo en posición dominante. Pero como la significación proviene del Otro -el esclavo produciendo un plus en el objeto, el amo queda marginado de gozar produciendo, así como de saber sobre su deseo. Y el esclavo de gozar del plusvalor. Como en “A puertas cerradas” de Sartre, quedamos todos condenados a la falta de goce. Efecto irrecusable del modo de producción de los seres parlantes, modo lógico de la imposibilidad que no cesa de no inscribir el goce en proporción, en relación, en complementariedad, en armonía. He ahí la estructura que no cesa de escribir al malestar en la cultura como síntoma social.

Dice Lacan en Radiofonía: ¿QUE ESPERAR PUES DEL CANTO DE ESE MALESTAR? NADA, SINO TESTIMONIAR DEL INCONSCIENTE QUE HABLA -TANTO MAS GUSTOSAMENTE CUANTO QUE CON EL NO SENTIDO EL ESTA EN SU ELEMENTO-.

En la tecnocracia, poder del amo moderno, el otro consumido como objeto sufre y produce su propia división, condición de posibilidad para reforzar su esclavitud aunque también para el relanzamiento de la demanda -del discurso de la histérica, del cuestionamiento al amo tecnócrata. La condición para el giro de discurso es la emergencia de la falta, del Inconsciente. He ahí el lugar para el testimonio del analista.

No a la Weltanschauung, pero también no al no compromiso. No a la Weltanschauung porque ella es imposible tal como lo probó la experiencia con Marx, con Freud y con Lacan ya que el saber todo es imposible. Límite en Marx porque la condición de posibilidad para su teorización fue el análisis económico y filosófico. En los analistas, porque la suya se genera exclusivamente en el análisis del discurso del que el sujeto del Inconsciente es efecto. Por eso transdisciplina e ideología. No hay teoría que no genere ideología, incluídas las diferentes facetas de la teoría lacaniana, porque no hay teoría que no se teja en los tres registros, y al tramarse en ellos no puede dejar de producir cierto efecto de realidad, por la articulación simbólico-imaginaria. Lo mejor entonces, es atender la que se genera para efecto de nuestras propias teorizaciones. El camino no está en oponerse a generar ideología, porque eso es imposible, si no en estar atento a que ideología se está generando.

Presenciamos la culminación de la sociedad edificada sobre la base del velamiento de la expropiación del plusgocevalor por los amos tras el endiosamiento del ideal de la tasa de la mayor ganancia en el que queda velado y develado el carácter salvaje de la Plusvalía que el capitalismo obtiene actualmente. Los psicoanalistas que no resignamos nuestra ética de, a través de la lectura de las marcas de las enunciaciones en los enunciados afrontar al sujeto con lo real, con lo que se atraviesa a lo que marcha en sentido satisfactorio para el amo, encontramos nuestro lugar dando testimonio del malestar.



* En defensa del marxismo -capítulo X, Freudismo y marxismo. 1937

1 Lacan. Radiofonía

2 Lacan. El Envés del Psicoanálisis.

3 Claudio Lozano. Cuadernos de Herramienta Nro. 1.

Para vivir un gran amor hay que animarse a correr riesgos

A FONDO SERGIO RODRIGUEZ, PSICOANALISTA


Hojas en la tormenta. Cuando el flechazo ocurre, hay más posibilidades de desencuentro que de unión, quizás porque el enamoramiento no tolera ninguna racionalidad y porque se necesita un coraje a toda prueba para aceptar que el amor tiene en su horizonte siempre la pérdida del otro.




Analía Roffo. DE LA REDACCION DE CLARIN.
A pesar de todo, los humanos insisten en un vínculo tan difícil pero tan interesante. Así lo cree Sergio Rodríguez, psicoanalista lacaniano de gran prestigio. Rodríguez fue docente del posgrado de Psicología en la UBA y en La Plata, dirige la revista "Psyche Navegante" y sus dos últimos libros son "Pollerudos. Destinos de la sexualidad masculina" (con Ricardo Estacolchic) y "En la trastienda de los análisis".

Antonio Tabucchi acaba de publicar una novela deliciosa (Se está haciendo cada vez más tarde
), en la que se cruzan cartas infinitas de amantes siempre insatisfechos. "Es que el amor es siempre desencuentro, incomunicación, malentendido", ha dicho. Buscando en Fragmentos de un discurso amoroso de Roland Barthes, encuentro: "El discurso amoroso es hoy de una extrema soledad". ¿El amor es como cree la literatura, un vínculo casi imposible?

—Sí, el amor es imposible. Sólo contingentemente se establece. Y es imposible, justamente, porque se establece sobre la base del desencuentro, aunque sus protagonistas creen que es sobre la base del encuentro. Hay una frase de Lacan, que nos resultó compleja a todos los lacanianos y mucho más a los inexpertos en sus dichos: "El amor es dar lo que no se tiene a aquel que no lo es". Me parece que es la frase que expresa más radicalmente el desencuentro.

· Suena muy pesimista... ¿Qué significa exactamente?

—Cuando se recibe el flechazo de Cupido suele ser porque imaginamos o creemos detectar en la otra persona aquello que a nosotros nos falta; por eso nos abalanzamos a tomarlo. Como al otro suele ocurrirle lo mismo, nos encontramos con que también se nos acerca buscando lo que cree que tenemos, ofreciéndonos lo que a él o a ella le falta. En el encuentro entre dos carencias, surgen los primeros malentendidos. De cómo éstos sean piloteados por la pareja dependerá que entre ellos se estabilice o no el amor.

· ¿Pero realmente uno llega tan desorientado al amor?

—Le voy a poner un caso extremo. Por ejemplo, el de aquellos que padecen algo que podríamos denominar como formas de orfandad. No necesariamente son hijos de padres muertos prematuramente. Pueden ser hijos de padres que han sido poco padres, o porque han estado atrapados más por otro hijo, o entre ellos mismos. Entonces, ese "patito feo" busca pareja desde esa orfandad. La otra parte siente que esa persona sabe sobre la orfandad, porque la ha sufrido, la ha vivido. Descuenta entonces que va a entender su propia orfandad. Pero en realidad lo que se encuentran son dos orfandades, buscando, entre comillas y metafóricamente, aquellos padres que no tuvieron. Por lo tanto, lo más fácil que ocurra entre ellos es el desencuentro. Porque, por supuesto, lo que uno va a encontrar en el otro es el pedido de padre, y no el otorgamiento de padre. Quizás usted piense que es un ejemplo muy radical, pero no infrecuente. Por eso, los psicoanalistas, desde Freud en adelante, diferenciamos enamoramiento de amor.

· ¿Dónde radican las diferencias?

—El enamoramiento es ese momento pleno del flechazo, donde está la absoluta seguridad de que se encontró lo que se buscaba. Hasta que, por supuesto, la convivencia o el compartir más momentos de la vida empieza a hacer aparecer lo real de la cotidianeidad. Ahí, el enamoramiento se transformará en amor, con todo un movimiento en la pareja de elaboración del desencuentro, o sobrevendrán la desilusión, el alejamiento y la ruptura.

· ¿Elaborar implica hacerse cargo racional, intelectualmente, de los límites del amor?

—No, cuando digo elaboración no me refiero al terreno intelectual del pensamiento, sino a esa posibilidad de soportar el desencuentro y las fallas, porque se empieza a advertir que hay otras cosas que van pasando al primer plano y dan el soporte necesario para poder soportar, valga el juego de palabras.

· Si uno sigue buscando ejemplos en la literatura, encuentra que el amor implica por lo general sufrimiento. Pienso en Werther o en Madame Bovary. Ahora parece que prima el desencuentro, por lo que dicen desde Tabucchi hasta usted. ¿Es más difícil amar hoy?

—Me parece que sufrimiento y desencuentro existieron siempre, pero que quedaban más velados. Las costumbres sociales no incluían la separación (es un "invento" reciente) y los matrimonios solían transformarse en un ministerio de Relaciones Exteriores o de las Fuerzas Armadas, según las circunstancias. Por eso, lo que solía aparecer era la segunda casa para el varón y los amantes furtivos para la mujer. Todo eso velaba, insisto, las zozobras del amor.

· Realmente, ¿nunca hay racionalidad en el amor?

—Habría que ver a qué racionalidad se refiere usted, porque la palabra razón es fuertemente plurisémica. Si usted piensa en la razón del pensamiento, no, no hay racionalidad. Tan es así, que una de las cosas que observamos los psicoanalistas más frecuentemente son esas parejas que se proponen "construir el amor". Fracasan horriblemente. Y no sólo eso: la pasan muy mal todo el tiempo que están tratando de construir el amor.

· ¿Como si fuera un trabajo?

—Exacto. En ese sentido, no hay razonabilidad posible. El amor ocurre o no, no lo construimos. Ahora, si lo pensamos desde el lado de la razón matemática, podemos sospechar que existe un ordenador, que más allá de la conciencia de cada uno de los dos participantes en la pareja da razón a ese amor. Gracias a ese ordenador aparecen muchas cuestiones que implican encuentros y acuerdos que van supliendo, precisamente, esos desencuentros de los que hablábamos inicialmente. Entonces, uno a veces descubre que una pareja que se enamoró suponiendo equis cosa uno del otro, algunos años después ataron un fuerte lazo de amor que no se basa en los datos iniciales por los que se enamoraron. Pero ambos vivieron situaciones de encuentro que fueron tomando el valor de ordenador de su vínculo. Pero fíjese cómo lo digo: tomaron valor de ordenador, no que le dieron ellos valor de ordenador, sino que los hechos se les impusieron.



Ojos ciegos bien abiertos

· ¿Los hijos pueden ser un ordenador?

—Sí, pueden unir mucho a una pareja, o pueden también desunirla. De la misma manera, las profesiones o las creencias religiosas e ideológicas pueden tener esa misma función. Y ni qué decir, el principal convidado, para bien o para mal, en las relaciones de amor, que es el goce erótico, el goce sexual. Así como hay un dicho que dice que "en la cancha se ven los pingos", uno podría decir que en la cama se ven los amantes, ¿no?

· Bueno, está claro que uno no puede ordenar el amor, sino que el amor lo ordena a uno. ¿Uno es una hoja en la tormenta cuando se enamora?

—Efectivamente, uno es hoja en la tormenta. Lo cual no impide que uno esté siempre buscando cómo lograr que esa hoja esté protegida de la tormenta y llegue a buen puerto. Cerrar los ojos no sirve para nada. Me viene ahora a la mente la frase de Los Redondos, que me parece maravillosa: "Te amo con mis ojos ciegos bien abiertos". Cerrar los ojos, insisto, no sirve para nada. Pero abrirlos bien no impide estar ciego. Porque ahí reaparece la misma cuestión: los seres humanos no podemos dejar de creer que vamos a lograr ordenar nuestra vida. Y está bien, en definitiva, que lo creamos, porque eso da un sustento para establecer las relaciones y llevarlas adelante. Pero en medio de nuestras creencias se meten el azar, la disparidad, el desencuentro. Se meten todos esos ingredientes que hacen que las acciones del ser humano finalmente se muestren como puras ilusiones. Pero cuando digo esto no soy descalificativo ni peyorativo, porque hay ilusiones que no se cumplen y otras muchas que sí se cumplen.

· Veamos las que sí se cumplen. ¿Se acuerda de aquel libro de Vinicius de Moraes, Para vivir un gran amor? ¿Qué necesita uno para vivir un gran amor?

—Lo primero es animarse a correr el riesgo. Lo que yo observo en el consultorio, como una de las grandes barreras para el amor, es el temor de la mayoría de los humanos a correr el riesgo de la pérdida. Toda relación de amor presupone que alguno de los dos va a perder al otro. El otro puede morir o dejar de querernos. No hay ningún amor que no tenga en el horizonte la pérdida. Y hay que animarse a tolerar esa posibilidad. Mucha gente, porque no se anima a perder, vive perdiendo. Quiero decir: dan por perdido el amor antes de haberlo vivido. Eso es mucho más relevante, numéricamente, de lo que se supone. Inclusive, hay mucha gente a la que usted ve en pareja, casados o no, y sabe que ya no se aman. Uno los escucha hablar y se da cuenta de que no se animan a disolver su pareja y a armar otra nueva porque ya han dado por perdido el amor. Y han dado por perdido el amor, paradojalmente, para no perderlo. Cuando la realidad es que lo han perdido. Parece un juego de palabras pero es la realidad.

· Hay un texto canónico sobre el amor, El banquete, de Platón. Allí los hombres discurren sobre el amor, pero cuando Sócrates decide preguntarle a alguien por el tema, elige a una mujer, Diótima. ¿Las mujeres saben más que los hombres sobre el amor?

—Las mujeres hablan más que los hombres sobre el amor y saben más que los hombres. Estoy convencido. Los hombres somos muy ignorantes en el terreno del amor. Ya que trae a los griegos, podemos recordar el mito del pastor Dafnis: las mujeres le enseñaron las labores de pastoreo junto con el goce erótico. Por otro lado, ¿quiénes crían a los niños y transmiten conductas afectivas? Básicamente, las madres. El amor se aprende de las mujeres, no se aprende de la realidad. El saber lo tienen las mujeres, aunque creo que es un saber inconsciente. Ellas mismas no saben lo que saben, pero sí lo saben en su hacer. Y el hombre va a buscar en ellas. Después, el hombre alardea, en un rasgo muy típico suyo. Pero nombró
El banquete y no puedo dejar de mencionar que Lacan le dedicó un seminario íntegro. Usó la pareja de Aquiles y Patroclo para mostrar el tipo de intercambio que se da en el amor: cómo de objeto se puede pasar a ser sujeto. Aquiles era el objeto de Patroclo. Cuando Patroclo muere, Aquiles llora sobre su tumba. En ese punto, Patroclo pasa a ser el objeto y Aquiles el sujeto. La situación se invierte y Lacan llama a ese proceso la metáfora del amor.

· ¿El ejemplo sobre el que Lacan estudia el amor es el amor homosexual?

—Es que
El banquete narra básicamente un encuentro de hombres, que incluye grandes amores homosexuales. Pero es cierto también que Lacan podría haber trabajado con cualquier otro material. En verdad, Lacan se burla un poco de la homosexualidad. No de la homosexualidad en sí, sino de la creencia habitual de las sociedades de discriminar entre homosexualidad o heterosexualidad. El plantea las cosas como identificación a la parte femenina o a la parte masculina de las modalidades de sexuación, cosa que es absolutamente comprobable. Cuando uno analiza a los homosexuales, en general capta que, cuando forman parejas que se estabilizan y se ordenan en relación al amor y no sólo al goce erótico sexual, lo hacen sobre la base de identificarse cada uno a alguna de las dos funciones (masculina y femenina).

· Es muy curioso: es como si el amor fuera un relato sistematizado, que trasciende el tipo de pareja dentro de la que ocurre.

—Bueno, ahora le voy a citar yo a Roland Barthes. El dice que "como el relato, el amor es una historia que se cumple, en el sentido sagrado: es un programa que debe ser recorrido". Y esa historia incluye, no importa dentro de qué pareja ocurra, la etapa empedrada del enamoramiento y la definitiva del amor ("infinito en tanto dure", decía Vinicius), cuando uno ya ha aprendido a soportar la carencia en el otro y en sí mismo. La relación empieza entonces a ser más pacífica, más sólida y más generosa.


CLARIN, 2002