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miércoles, 30 de julio de 2008

Capítulo Nº 4.5

25 de agosto de 1985
Fragmentos de mi renuncia a la escuela freudiana de Buenos Aires
A los integrantes de la Comisión Directiva de la Escuela Freudiana de Buenos Aires y por vuestro intermedio al conjunto de miembros y adherentes.

Este encabezamiento no es formal, por el pido que esta carta se publique en el Correo de la Escuela1. La carta tampoco lo es, pretende producir efecto en mí, y en la Escuela.

Las razones
En la Asamblea del 3 de agosto apoyé el acta propuesta por Isidoro y propuse se la llame actas de refundación, sosteniendo que mínimamente nos representaba a quines quedábamos y no nos contradecía, máximamente.

El párrafo donde aparece lo que no me representa, articulado con lo que representa un anhelo también mío, es el siguiente: “Los miembros de la Escuela Freudiana de Buenos Aires, reafirmamos nuestra dis-posición a desplegar nuestro único pacto: con el psicoanálisis, en el surco tajante de la verdad abierto por Freud y extendido por Lacan”. No me siento representado, cuando un guión me separa disposición en dis y posición. En el código castellano, que yo sepa, hacer ese juego no esta contemplado. Cuando lo hacemos incurrimos en galicismo. No es algo que considere malo, considero una estupidez de quienes en la Argentina, “crisol de razas”, como gusta en decirse, se escandalizan por la inyección en nuestra lengua de significantes o modismos provenientes del crisol. Pero como psicoanalista no dejo de saber que el significante significa al significable. Dis, separada por el guión de posición, subraya su carácter de preposición, de la que el diccionario dice: “preposición inseparable que indica negación, contrariedad, separación, como en: disgustar, disfavor “. O sea que, separada por el guión, que a la vez la articula, dis: niega, separa, contraria, la “posición a desplegar nuestro único pacto:…”. El diccionario francés español dice aproximadamente lo mismo de la función “dis”. O sea que, como galicismo, juega la misma función.

Se podrá decir entonces –bueno, es solo producto de la identificación imaginaria al estilo de Lacan, padre ideal, y sus guiones separando palabras-, es más, hemos escuchado mas de una vez, en boca de Isidoro, que para aprehender a Lacan, hay que alienarse en sus significantes. La tragedia reside en que, la identificación imaginaria, impide encontrarse con la vacilación en la articulación significante que viene del Otro, y condena al sujeto a no poder salir, en su función de jefe de escuela de un sentido que lo aplasta. Claro que ello, genera ambivalencia y en el mismo momento en que se quiere subrayar la posición de mantenerse fiel al surco extendido por Lacan, se la niega.

Si en mi carta de renuncia, parto desde acá, es porque 1) sostengo el resto del acta (es lo que mínimamente me representa), 2) es en la ambivalencia de la mayoría de la escuela, en lo que observo un accionar que no se resuelve por organigramas, que por el contrario, lo único que hacen, es intentar una ortopedia para la anarquía agónica.

Frente a la evidente crisis que la escuela atraviesa, se han intentado tres tipos de operaciones y eludido una, que considero la fundamental.
Una ha sido decir que lo que pasa es porque no se ha puesto en marcha la propuesta lacaniana de carteles y pase. Últimamente se agregó: psicoanálisis en extensión.
Sobre la gestión del pase se ha dado a entender que había tenido que ver con las nominaciones políticas hechas por Masotta. Se me ocurre que cuando menos, es causa insuficiente, sobre el resto no hay pregunta, por el por qué. Por lo tanto las diferentes propuestas hechas con amplio despliegue doctrinario, no intentan una interpretación. Sin interpretación no hay relanzamiento del discurso.

Una segunda la plantea Benjamín en su memoria. Como toda memoria esta marcada por el deseo. Dice: 1) que el primer periodo de la Comisión Directiva que el presidio se tuvo que debatir contra los obstáculos que los otros le ponían. Había que recordar dos cosas, una, que por la estructura de la elección que produjo esa C.D., los otros eran independientes, ya que al rechazar el grupo de Cosentino integrarla, y no seguir aquellos la orientación de Domb, quedaban en posición independiente.

Otra, que fue uno de los periodos más productivos de la escuela en enseñanza, sección clínica y reflexión de grupos de trabajo. Además del laborioso trabajo de tesorería y de los infructuosos esfuerzos de publicaciones. Claro que, con sentidos, que no le gustaban a la presidencia, pero que por alguna razón no lograba poner en cuestión en quienes los sostenían.

2) En segundo lugar, dijo que la escuela andaba mal porque de antiguo había un grupo que la saboteaba, en obvia alusión al que formaban Aramburu, Cosentino, Ariel y Kahanoff. Si la inhibición se articula en lo imaginario , este es un caso de inhibición del pensamiento. Solo así se puede entender semejante conclusión. Seria como si del otro lado, hubieran dicho que la escuela se escindió por la ineptitud del presidente.

Fui pensando la crisis de la escuela desde un trabajo que publique en “Cuestiones de Escuela” en 1983, con el titulo “un viernes 13”. En realidad desde antes, ya que ahora recuerdo que entré a la Escuela presentando un trabajo en las jornadas sobre “La Ética y el acto psicoanalítico”, al que llame: “En el psicoanálisis, ¿ética o etiqueta?”, en el que señalaba el efecto empobrecedor, que en las instituciones psicoanalíticas producen las capturas especulares. No volveré en esta carta, a las diversas cuestiones planteadas en esos trabajos, que culminé en el presentado en las ultimas jornadas con el titulo: “¿Los buenos y los malos o la herencia de Lacan?”, y en el que llevé al interrogante de hasta que punto la crisis no tenia que ver con la herencia de los pecados de Lacan, un padre demasiado ideal. […]

Mi planteo era y es muy sencillo. No es secreto para nadie, excepto según lo indicó, para Benjamín Domb, que hay una distancia apreciable en el punto en que se halla en su movimiento en relación a la formación psicoanalítica Isidoro Vegh, del resto de la escuela; en sus diferentes gradaciones. Ello suscita la transferencia de la mayoría, que lo identifica con el sujeto supuesto saber. Movimiento que no es sin ambivalencia.

Por lo tanto planteé: hay que hacer de esa verdad de la escuela (aunque sea a medias), acto. Para que eso fuera así, plantee que en las próximas elecciones había que elegir un C.D. presidida por quien verdaderamente suscita las trasferencias mayoritarias, en compañía de los colegas de fuerte formación y presencia, capaces de ponerlo en cuestión cada vez que hiciera falta. Mi propuesta podía escribirse así:

Gráfico 1 Pág. 97
c.d. (P) = S (A)

Lejos de eso, se optó por, después de una discusión con tufillo estudiantil, reproducir la experiencia anterior, elegir una C.D., que con alguna excepción, no suscita verdaderamente las transferencias de la mayoría de la escuela. Otra vez, el verdadero poder jugara detrás del trono. Como se reveló en oportunidad del intento abortado de “congreso latinoamericano…”, otra vez los sectores mas representativos, habrán quedado afuera. Podemos escribir esta opción así:

Grafico 2 Pág. 97 3
S(A) = c.d. IV

La mayoría insiste en gozar del síntoma.
Que esto no es sin consecuencias, lo demostró en acto el 3 de agosto, que la declaración aprobada fuera por unanimidad, la propuesta por Isidoro, para inmediatamente, la mayoría, oponerse a que se llame Acta de Refundación, aunque después la secretaria administrativa hablando la verdad desde su ingenuidad, convoque a los retrasados, “a firmar el acta de fundación”. Ni qué decir la farragosa discusión, donde al proponer llamar a las comisiones colaboradores del CD, cárteles, borran de un plumazo la doctrina lacaniana sobre los mismos, para finalmente, después de manejos “nos sanctos” de la votación, llegar a la conciliación obsesiva, “comisiones cartelizables”.

Considero que esta situación, en estos términos, no tiene arreglo, y es el preludio de una anárquica agonía. Las agonías no me gustan, y por lo tanto cuando puedo decir no, no las acompaño. Es este caso.
No obstante aclaro, que respeto y tomo en cuenta, la producción de muchos miembros de la Escuela. Por eso hasta ahora me quedé en ella como miembro, calidad a la que renuncio, a la vez que explicito mi demanda de continuar formando parte de la lista de adherentes. […]

A pesar de todo, amistosamente,
Sergio Aldo Rodríguez
1 Este pedido no fue concedido
2 Se lee: Comisión Directiva Significante (de la falta de Isidoro Vegh) congruente con significante (de la falta en el otro)
3 Significante del (Otro) comisión Directiva Significado de (Isidoro Vegh)

Capítulo Nº 3

20 de noviembre de 1993

La causa del psicoanálisis y el psicoanálisis como causa.

¿Cómo es posible que no piensen mas que en la foto de primera pagina? ¿Como es posible que no tengan un poco de respeto? ¿Con que dignidad están haciendo su trabajo?, les gritó Marcelo Mastroianni a los “paparazzi” que lo fusilaban con sus flashes en los funerales de Federico Fellini.

Esta sociedad se pierde muchos talentos sometiéndolos a una selección antropofagica […]. Somos una banda de la época en que los bombos llevaban los nombres de las bandas, no de los sponsors. (De las declaraciones del Indio Solari, cantante de los Redonditos de Ricota al suplemento Si de “Clarín”).

En diferentes contextos, tanto Freud como Lacan se refirieron al psicoanálisis como causa. Las primeras veces que me apercibí de ellos sentí irritación. La palabra causa convocaba antiguos fantasmas de militancia y sacrificio. La observación en el movimiento psicoanalítico de dos posicionamientos diferentes con respecto a la práctica y la teoría me llevo a tratar de conceptuar las razones de dichas referencias. Para resumir esas dos posiciones no me guío sólo por dichos, sino también por hechos, hay una gran masa de psicoanalistas que arguyendo las dificultades de la vida en sociedad, se marginan de las instituciones psicoanalíticas. No por eso muchos de ellos se excluyen de participar en agobiantes internas de diversas variantes de agrupamiento del movimiento psicoanalítico. Internas que en razón de la estructura de las mismas no tienen, por objeto los obstáculos que se le presentan a un la ética del psicoanálisis y que serían las que no puede ignorar toda institución que genuinamente se precie de psicoanalítica. El otro posicionamiento, del que formo parte, es el que no evita el malestar de encontrarse con lo real del lazo social entre analistas puesto en acto en sus instituciones. En ellas el psicoanálisis causa y encausa.

Desde siempre, a las fallas de goce (déficit o exceso), los seres parlantes respondieron con saberes sobrenaturales en sus diversas variantes, o filosóficos, hasta la aparición de las ciencias. Desde ese umbral, la teorizacion y la práctica de Marx y a posteriori las de Freud, proponen otra respuesta también de saber, pero con eficacia sobre lo real. Marx analizando la estructura económica de la sociedad capitalista y Freud psicoanalizando las neurosis, o sea la modalidad predominante de estructuración del ser parlante, descubren causas del malestar en la cultura. El enganche de Lacan en ese tren va a ser fundamental para la posibilidad de articular ambos caminos en el cruce clave en que se encuentran. En ese cruce aparece tempranamente lo designado por Freud (1895: Proyecto de psicología para neurólogos) como el lugar y la función de la perdida de objeto, confluyendo con la plusvalía de Marx y agregándose mas tarde el plus de gozar de Lacan, situando las cusas del movimiento del homo-eroticus-sapiens-faber. Apoyado en Marx, Lacan capta que no se goza (en Marx trabaja) sin perdida y que se desea donde no se goza, lo que formaliza en las diversas matematizaciones de los discursos amo. En ese viaje redescubre la causa del deseo (la perdida del goce) y al significante como causa del goce, ya que el goce no pude ocurrir sin un saber que lo haga posible y le ponga limite antes de que lo haga la muerte. Como podemos comprobar, la elaboración de Marx sobre la causa del capitalismo y la del psicoanálisis sobre lo que causa al movimiento en la estructura de los seres parlantes, desembocan en la función del a1 y del significante, como causa cada uno de los dos movimientos fundamentales, el del deseo y el del goce.

Si abandonamos las falsas modestias a que tratan de conducirnos las “almas bellas” de ciertos intelectuales, podremos hacernos cargo de que el discurso psicoanalítico (así como el de análisis económico de Marx) no es uno más entre los tantos que conforman el coro de los saberes, ya que descubrió y trabaja, apegado a la practica de la escucha y la lectura de la articulación borromeica de los que hablan, la castración como cruce de lo que causa al malestar y al movimiento de la Cultura.

De su lugar entonces, deviene una ética. Ella no permite reducir al psicoanalista a su legítimo interés por el dinero y al ejercicio de una técnica.
Si encuentro un error clave en Marx, lo refiero a su creencia en que se puede arribar a una sociedad sin amos. Desde ella llego a decir que en la comuna de París “la clase obrera toco el cielo con las manos”. Por dicho error Lacan caracterizó al marxismo como un evangelio. La experiencia ratifico que los destacamentos que toman el poder tras cualquier ideal, no pueden escapar a la función que a partir de ese momento les determina su lugar en la estructura, y pasan a ser los nuevos amos. Freud con su Malestar en la cultura y Lacan con su Envés del psicoanálisis no suscribieron aquella ilusión por lo que tampoco intentaron generar movimientos revolucionarios. ¿Entonces el psicoanálisis es causa de que? Laborando en intención o en extensión, de la subversión del sujeto. A través de acompañarlo en su trayecto discursivo con el acto analítico que lo libera hasta los limites que la estructura impone, del efecto alienante del significante. En consecuencia, a identificarse a su significante unario y a su poca, pero no despreciable libertad de sujeto, con mayor facilidad para elegir como, donde y cuando goza y se da a ser gozado como objeto.

Entonces: 1) el psicoanálisis es causa eficiente del pasaje de la alienación del propio deseo y de acceso al goce por las vías mas cortas y según las vicisitudes con que la castración nos marcó. Facilitada por ello la sublimación, el trabajo tendrá menos de condena y más de realización subjetiva.
2) Causa material de que el Inconsciente se realice.
3) Causa formal, en tanto su teoría del anudamiento de los tres registros, del efecto sujeto y de producción del a, es el andamiaje formal que sostiene a su practica.
4) Causa final del atravesamiento del fantasma fundamental y del recorrido por las diversas escalas del itinerario fantasmatico.

Finalmente: ¿Qué causa al movimiento del psicoanálisis? Que el psicoanálisis se pierde. Lo que es imposible que no ocurra en razón de la función de anudamiento que juega lo imaginario, o sea la represión. Tanto como en 1905, resulta difícil hacerse cargo de los efectos de la represión sobre la sexualidad infantil y adulta que se manifiestan en los síntomas, las inhibiciones y la angustia, en la obstaculización a la sublimación, a la creatividad, a la sociabilidad, etc. Cuesta reconocer la extimidad del sujeto y su objetalización en razón de la existencia del inconsciente. Cuesta, soportar la acción de lo real sobre lo imaginario y ejercer la operatividad de lo simbólico en el agujeramiento de lo real.

Por repetidamente perdido, funciona como causa del deseo del analista de reencontrar en la singularidad de cada análisis los actos que lleven a la resolución de la transferencia, separándola de la demanda para articular a esta a su fuente pulsional, promoviendo en ese movimiento la esquizia entre el Ideal del (Yo/del Otro) y el objeto a.

Causando por esto, un verdadero analista no se apasiona por ser líder político, pues su deseo, si atravesó un análisis eficaz, reconocerá como escena fantasmatica la inversa de la del político. En ese analista, junto al imaginario de la militancia habrá caído la disposición al sacrificio, pudiendo la libido libre investir lo que en la causa del psicoanálisis no se abandona, la pasión por el deseo. El error suele ocurrir en este punto, por confundir deseo con hedonismo. Mauricio Abadie ¡dixit!

El deseo inconsciente nos conduce a despertar a lo real. El, no es fuente de equilibrio, de bienestar. Todo lo contrario, es combustible para la vorágine, con su multiplicidad de sensaciones y sentimientos encontrados de bien y malestar. ¿Significa esto hacer la apología de un nuevo ideal sacrificial? Nada de eso. Simplemente registrar la complejidad del ser parlante, de la que el psicoanálisis no puede quedar ausente sin traicionar a su causa, a su ética.
1 a: objeto a del álgebra lacaniana, representante del goce en tanto gozado -lo real del cuerpo y sus objetos parciales.

Capítulo Nº 2

Marzo-Abril de 1990

Psicoanálisis e institución

Publicado en PSYCHE
Presentado en las jornadas Sigmund Freud de Rosario y en la reunión Lacanoamericana, Mar del Plata, 1989.

Fui invitado a hablar en una mesa redonda que el Circulo Freudiano realizo el 26 de mayo de 1989, como parte de una serie de actividades preparatorias que se llevaron a cabo en buenos aires, con motivo de la realización de la presente reunión lacanoamericana. En la publicidad, me llamo la atención el siguiente texto: “Reunión de analistas”: Sergio Rodriguez, Mauricio Szuster, José Zuberman y Carlos Pérez se proponen a dialogar entre ellos y con los asistentes, sobre este tema tan habitual como raro: “reunión de analistas”.

La convocatoria proponía una predicación paradojal –“tan habitual como raro”- al tema “reunión de analistas”.
Lo que escribí tuvo que ver con un efecto de interpretación que me produjo ese enunciado. Que relanzando viejos interrogantes, me facilito llegar a una nueva puntuación de la que esta exposición es efecto. Ella articula, entonces, una larga experiencia dentro y fuera del movimiento psicoanalítico, el trabajo sobre algunas conceptualizaciones de Freud y Lacan, y el efecto de ese panel, más una reunión de los docentes de la Escuela de Psicoanálisis del Borda, donde intercambiamos ideas sobre la cuestión.

Para el sujeto de la enunciación de ese enunciado, el mismo habita en una verdad, por eso no lo propuso como un problema a resolver por vía de la disyunción, como hubiera sido: reunión de analistas: ¿tema habitual o raro?
El sujeto del enunciado -“tema: Reunión de analistas”- nos hace olvidar que al sujeto de la enunciación se le abre mas de un sentido posible, aunque, como cuando el inconsciente pulsa, algunas marcas quedan en el enunciado de las vacilaciones en la enunciación. El sujeto del enunciado –“tema: Reunión de analistas”- si bien sitúa como objeto para la reflexión a “tan habitual como raro”, deja sobre el propio sujeto una cierta ambigüedad, que puede dar a suponer que no solo se trata de que el dialogo sobre el tema sea tan habitual como raro, sino que también lo sean las propias reuniones de analistas. Esto se subraya, porque después de los dos puntos del tema, reunión va con mayúsculas, además de que se repita –Reunión de analistas-. Tomo el camino de trabajar esta ultima cuestión.

Me interesan dos sentidos posibles de “Reunión de analistas”.
1) Reunión de profesionales que ostentan esta denominación para señalar el lugar en el que aspiran a situarse en las relaciones sociales de intercambio, de prestigio y de trabajo.
2) Reunión en la que los que participan ejercen función de analistas.

No cabe duda de que reuniones de analistas en el primer sentido son habituales.
En el segundo sentido, la cuestión es más compleja y no anticipable, es solo determinable por retrosignificación. En este segundo sentido resultan más raras.

Para indicar que entiendo por reunión de analistas en este segundo sentido, me voy a apoyar en la carta de disolución de la asociación Escuela Freudiana de París, enviada por Lacan. Carta que fue un acto con valor testamentario para el movimiento psicoanalítico, a diferencia de la cesión de la propiedad intelectual, llegada a la familia según el llamado de la sangre.

Recorto de aquella: “demostrando así que no es merced a ellos (desviaciones y compromisos), como mi escuela acabara por convertirse en institución, en grupo consolidado, a expensas del efecto de discurso que de la experiencia se espera cuando esta es freudiana. Ya se sabe el costo de haber Freud permitido que el grupo psicoanalítico primara sobre el discurso convirtiéndolo en iglesia”.
Procedo a analizar el fragmento. Denuncia el obstáculo constituido, a través de dos significantes que remiten a distintas problemáticas.

El primero –desviaciones-. A mi modo de ver presenta las siguientes complejidades: la denuncia de las mismas, la propone como efecto del trabajo. La sanción del carácter verdadero de ese trabajo solo puede soportarse en el sujeto, en el discurso del amo:

Grafico 1 Pág. 32.

Para nuestro caso, Freud con respecto al suyo y Lacan al de él. Lo cual, no obstante, deja la falla abierta de que en tanto sujeto no puede dejar de serlo del inconsciente y de la división que le es inherente. De lo que es testimonio que ese trabajo sea hecho en otro lugar y que su producto no puede dejar de ser un resto que en la verdad del amo divide al sujeto.

De ello son expresiones las contradicciones internas al discurso de Freud, y aunque todavía nos resulten menos conocidas, las de Lacan. En fin, que las desviaciones se producen, no cabe la menor duda, lo difícil es cómo descubrirlas y señalarlas en tanto el otro también está barrado. Ahí, la función del analista encuentra un lugar en una lectura textual, capaz de renunciar al saber referencial, a menos que el referente reaparezca en conciencia, como un efecto del inconsciente en el lector. O sea, invirtiendo los hábitos universitarios de lectura en lo que el alumno, en transferencia con el texto, queda hipnotizado por él.

Analizar, es realizar la operación en que el texto, sitúa al autor en transferencia con los significantes del Otro. Si el lector soporta la transferencia del texto al Otro, quedara ubicado en el lugar del significado al sujeto, según la operación que formaliza Lacan.

Grafico 2 Pág. 33.

En el grafo de inicio de la transferencia la flecha inferior indica la operación: posicionamiento del analista. Será entonces efecto de las letras del texto, y podrá leer lo que dice más allá de lo que el autor creía decir. O sea, leer tal como Freud ya lo planteo en la “historia del movimiento psicoanalítico” y Lacan a través del acto que fue su vida intelectual y de analista.

No obstante en el futuro y el presente de nuestra praxis tal como ocurrió en el pasado, no dejará de ser efecto, como cualquier psicoanálisis singular de los vaivenes de la sobredeterminación, entre cuyos componentes el azar también juega. Una vez más: no hay garantías del Otro.
El segundo significante apunta a otro registro. Los “compromisos” son resultados del intercambio de dones. Estamos entonces en el reino del amor narcisista, del engaño que detiene al deseo y disimula la carencia. Es el cemento de las construcciones burocráticas.

El núcleo del enamoramiento, la hipnosis y la constitución libidinosa de una masa artificial, o sea, de un grupo, Freud lo describió así: “…una masa […] que tiene un conductor y no ha podido adquirir secundariamente, por un exceso de organización, las propiedades de un individuo”. “una masa primaria de esta índole es una multitud de individuos que han puesto un objeto, uno y el mismo en el lugar del ideal del YO, a consecuencia de lo cual se han identificado entre si en su YO”
Y propone una de sus pocas numerosas representaciones graficas. Como vemos, desde el planteo sobre “compromisos”, Lacan empieza a introducir el problema del efecto de grupo. El peligro que lo preocupa en la carta.

Es que su escuela se transforme en institución.
A esta altura del recorrido considero útil transcribir lo que Ducrot y Todorov dicen del signo. “el signo es siempre institucional: en ese sentido solo existe para un determinado numero de usuarios. Este grupo puede reducirse a una sola persona (por ejemplo, el nudo que hago en mi pañuelo). Pero fuera de una sociedad, por reducida que sea, los signos no existen. No es justo decir que el humo es el signo natural de fuego, es su consecuencia o una de sus partes. Solo una comunidad de usuarios puede instituirlo como signo”, ósea, de lo que Lacan se defendió fue de que su escuela se haga signo. Recordemos de “Encore” “el amor hace signo”.

De un solo golpe retórico Lacan une en la carta a tres internacionales: Iglesia Católica, marxismo virado e IPA.
Denuncia a la vez la reducción a su ser puro síntoma, tanto como su confortable estabilización por religarse sosteniéndose en el sentido.

Digresión: la velocidad de los tiempos actuales efecto de la implosión descubridora de la ciencia, inventora de la técnica, y multiplicadora del significante electronificado, hace que a poco menos de 10 años el sentido, sea escaso resguardo contra lo real; toda estabilidad esta en cuestión: la del sueño americano con sus viernes negros y su impotencia ante el avance de las toxicomanías, la japonesa con la destrucción de su tradición familiar, la del Mercado Común Europeo, con el trastorno de los lazos familiares y la promoción de la renegación de la castración al sitial de ideal cultural, la del monolitismo centralista del socialismo real, con su vía pacífica al capitalismo. No hace falta nombrar, porque de ello somos afectados, el avance de la miseria en lo que los que suponen ser el centro, imaginan como los márgenes del planeta.

Vuelvo a mi tema. Lacan, lo que buscó con la disolución de la asociación –no de la escuela- que le daba estatuto jurídico a ésta, fue impedir que su escuela se convirtiera en una institución, definida metonímicamente como “grupo consolidado a expensas del efecto de discurso que de la experiencia se espera, cuando esta es freudiana”. Queda a la vista su acto como efecto de concluir que la consolidación del grupo hace obstáculo al efecto de discurso que se espera de la experiencia freudiana. Creo lícito deducir que consideraba a grupo y discurso en conjunción-disyunción y en una alternancia más-menos, como condición necesaria para que no se detenga “el efecto que de la experiencia se espera”.
Esto se podrá, sin ninguna ingenuidad, escribir así:

Grafico 4 Pág. 37

Digo sin ninguna ingenuidad porque el rombo queda en relación al grupo, pero a través del objeto exterior, o sea, del líder. Por otro lado porque no planteo como ideal la liquidación de los grupos, las formación de masa en el movimiento psicoanalítico, sino el acto contra que se consoliden a expensas del discurso.

La institución, el grupo consolidado, el hacer signo, promueve la identificación, detiene el deslizamiento significante, obstaculiza la aparición de la palabra plena, engaña al deseo. El discurso, definido por Lacan por hacer lazo social, “articula una lógica que, por mas débil que parezca es todavía lo suficientemente fuerte para soportar lo que es signo de esa fuerza lógica, o sea, la incompletud”, según lo plantea en el Envés.

Lo que estoy diciendo es que lazo social es contrario a formación de masa, y que mientras aquel es consecuencia de la lógica puesta en movimiento por la carencia, la formación de masa lo es de la identificación*.
En la “proposición del 9 de octubre de 1967”, plantea Lacan: “la función de la identificación en la teoría –su prevalencia- como la aberración de reducir a ella la terminación del análisis, esta enlazada a la constitución que dio Freud a las sociedades, y plantea la cuestión del limite que quiso dar con ella a su mensaje. Ella deber ser estudiada en función de lo que es en la Igle-sia y el Ejercito, tomados aquí como modelos, en supuesto saber”.

Sabemos por la teoría y la practica de la transferencia que a quien se le supone el saber, se lo “odiama”. El objeto exterior de “psicología de las masas y análisis del yo” obtiene de parte de su masa, por merito propio, por delegación, o por gerencia, esa suposición. Es a la vez heredero de la identificación al padre que se produce no por ligazón erótica, sino porque ocupa el lugar del ideal de ser, de modelo. A todas luces es el que “sabe”.

*aunque ésta también, finalmente esta motorizada por la carencia, a la vez la vela y obstaculiza al deseo.

El problema que aqueja a la masa en esas circunstancias es el de todo enamorado; Freud lo describe así: “el afán que aquí falsea al juicio es el de la idealización. Pero esto nos permite orientarnos mejor; discernimos que el objeto es tratado como el yo propio, y por lo tanto, en el enamoramiento afluye al objeto una medida mayor de la libido narcisista. Y aun en muchas formas de la elección amorosa salta a la vista que el objeto sirve para sustituir un ideal del yo propio, no ha aspirado para el yo propio, y que ahora a uno le gustaría procurarse, para satisfacer su narcisismo por este rodeo.

Si la sobreestimación sexual y el enamoramiento aumentan, la interpretación del cuadro se vuelve cada vez más inequívoca.
En tal caso las aspiraciones que esfuerzan hacia una satisfacción sexual directa pueden ser enteramente esforzadas hacia atrás, como por regla general ocurre en el entusiasmo amoroso del jovencito; el yo resigna cada vez mas todo reclamo, se vuelve mas modesto, al par que el objeto se hace mas grandioso y valioso; al final llega a poseer todo el amor de si mismo del yo, y la consecuencia natural es el autosacrificio de este. El objeto, por así decir, ha devorado al Yo. Rasgos de humillación, restricción del narcisismo, perjuicio de sí, están presentes en todos los casos del enamoramiento; en los extremos, no hacen más que intensificarse y, por el relegamiento de las pretensiones sensuales, ejercen dominación exclusiva.

Esto ocurre con particular facilidad en el caso de un amor desdichado inalcanzable; en efecto, toda satisfacción sexual rebaja la sobreestimación sexual. Contemporáneamente a esta “entrega” del yo al objeto que ya no se distingue más de la entrega sublimada a una idea abstracta, faltan por entero las funciones que recaen sobre el ideal del yo. Calla la critica, que es ejercida por esta instancia; todo lo que el objeto hace y pide es justo e intachable. La conciencia moral no se aplica a nada de lo que acontece a favor del objeto; en la ceguera del amor, uno se convierte en criminal sin remordimientos. La situación puede resumirse cabalmente en una formula: el objeto se a puesto en el lugar del ideal del Yo”.

Sabrán disculparme por hacer una cita tan extensa de Freud. Lo he hecho para ejercer el poder de la trasferencia con el cual sustituir mi fragilidad como “semblant” de sujeto supuesto saber en el movimiento lacaniano; si hago esta maniobra, es porque lo que diré es fuerte, y a mi modo de ver necesario de decir para que un trabajo sobre psicoanálisis e institución no se transforme en un hipócrita despliegue doctrinario sin eficacia sobre la práctica.

Planteo que la relación entre el movimiento lacaniano y Lacan fue, y en buena medida aun lo es, la típica de una de una foración de masa, enamorada, privada de reconocimiento por parte del líder; pagando entonces, con humillación y restricción del narcisismo, perjuicio de si, y autosacrificio. Y que la desesperación que se palpa en la carta de disolución – significante que lo representa a Lacan-, es el efecto de encontrarse al final de su recorrido, con esa evidencia y con la responsabilidad que en ella le cabía. Esto se interpreta articulando retroactivamente la insistencia significante desde donde dice Lacan: “y no me quejo de los llamados miembros de la escuela freudiana: antes les agradezco haberme enseñado donde estaba mi fracaso: es decir, donde me había enredado los pies”.

Lo cual produce efecto de sentido con lo escrito en la misma carta en sus primero párrafos, “pues en el intervalo que va de la palabra que desconoce a lo que cree haber pensado, el hombre se enreda los pies, lo que no le da muchos ánimos. De modo que el hombre piensa con debilidad y tanto más débilmente cuando más se exaspera… por enredarse los pies, precisamente”.

Por lo tanto, haya sabido o no lo que decía en la carta, Lacan nos decía: ¡también mi pensamiento sufrió debilidad! Al modo de los grandes trágicos, en la cumbre del destino, o sea cuando se instaura la certeza de la muerte inminente, nos transmitió: “nuevamente me encuentro con la castración en el Otro, con su falta de garantías”. El que escribía esa carta ya no era el amo que tantas veces fue (esto no tiene carácter peyorativo, me refiero a su lugar en la estructura), sino el esclavo que también fue. Y que ese esclavo tenia pocas esperanzas de hacerse oír de manera clara por ninguno, lo plantea desde el primer párrafo donde agrega: “se lo que hago, incluyendo lo que eso comporta de inconsciente”.

1) Creo que el S1 en el lugar del agente que lo hizo trabajar fue, desde la angustia del fracaso, la enseñanza de los miembros de su escuela y psicología de las masas y análisis del Yo, según se desprende de los dichos conceptos que comandaron la carta.
2) El producto del goce de Lacan esclavo, es esa carta. Si no nos quedamos con el efecto imaginario de la misma y dejamos que sus huesos nos interroguen, puede funcionar como causa freudiana del deseo de que el movimiento psicoanalítico, se despliegue y profundice, a través de producir la máxima distancia entre objeto e ideal.

En consecuencia planteo: para que el psicoanálisis trabaje se debe propender a la no consolidación de los grupos, o sea, a no reforzar los vínculos de amor. Las asociaciones de analistas no pueden no atravesar momentos de conformación grupal. Lo que no debe ocurrir es que tales momentos se consoliden. Para ello debe haber un trabajo constante de lectura analítica de la producción de sus miembros.

Por entender que sin saberlo habló de eso, transcribo el colofón de un reportaje a Borges, en el cual creo leer el secreto que permite que una reunión no haga masa y sea capaz, entonces, de una bella producción.
Dice Borges: “Yo creía que escribir en colaboración era imposible, pero fui un día a almorzar a casa de Bioy, y se demoro el almuerzo durante una hora; y el me dijo: “Vamos a escribir aquel cuento, cuyo argumento se te ocurrió, y yo te propuse que escribiéramos en colaboración”. Y yo le dije que si para demostrarle que la colaboración era imposible. Nos pusimos a escribir y, al rato, bueno, se apodero de nosotros un personaje que se llamaría después Bustos Domecq, y ulteriormente Suárez Lynch; se apodero de nosotros y empezamos a escribir. Yo no se realmente de que lado de la mesa surgieron las cosas, pero por lo general, yo creo, los argumentos han sigo míos, y las frases, las felices frases, de Bioy Casares, pero no estoy seguro tampoco de eso, ya que alguna frase se me habrá ocurrido a mí, y algún argumento a él, desde luego. Además yo creo que para colaborar, es necesario que los colaboradores olviden que son dos personas, porque si no. Pueden insistir por vanidad, en que se acepte su opinión, o por cortesía, en sostener que el otro tiene siempre la razón. Y hay que olvidar esas cosas: hay que juzgar lo que se escribe y lo que se inventa de un modo impersonal”.

Ahora bien, para que este trabajo de lectura y consiguiente producción se haga posible es clave el líder (liderazgo), en función a los liderados. A mi modo de ver esa función funciona si significantes que representan a los liderados barran al líder o al liderazgo,

Gráfico 5 Pág. 44
liderados (L) = S (A)

O sea, esa operación escrita se torna equivalente a la del significante de la falta en el otro. La falta en el Otro funciona así, como la condición necesaria para la rotación de discursos, estructura imprescindible para que la asociación no quede aprisionada en la ilusión estabilizadora, congelante, del sentido.

Desde ya que lo que hoy trabajo para nuestras asociaciones de analistas “casa mas, casa menos”, vale para toda la sociedad. Toda sociedad es artificial, resultado de pactos y convenciones, se sostiene en un tejido de signos, lo que la lleva a organizarse en transferencia, porque el saber que sabe que le falta se lo supone a un líder o liderazgo. Pero eso no impide que contingentemente sea escribirle, un dispositivo por el cual a la vez que no renuncia a instituirse en transferencia. O sea, no pretende la ilusión de saltar fuera de la escena, no se congele en la posición neurótica de cargar la castración sólo sobre sus espaldas, creyendo efecto de su impotencia aquello que es de lo imposible.

En conclusión, interpreto como de buen funcionamiento social el no atascamiento de la rotación discursiva en el discurso universitario llamado también por Lacan del amo moderno y de la burrocracia, que situando al liderazgo en el lugar del agente

Grafico 6 Pág.45

considero equivalente a la del graficó de freud en “psicología de las masas y análisis del Yo”, donde focaliza la situación sobre las condiciones que en las masas la hacen posible, o sea, las de la sugestión, las de transferencia no interpretada, las de grupo cristalizado, las de impotencia.

Capítulo Nº 1


Si hasta hace muy poco tiempo la mayoría de los psicoanalistas ocultaba pudorosamente que hay sentimiento de crisis en el psicoanálisis, a partir de la segunda mitad de 1994 este posicionamiento comenzó a variar. Mientras los mas perjudicados por la disminución en la afluencia de consultas venían rumoreando el tema en los pasillos, los mas encumbrados lo negaban. Hoy ya no resulta posible. Cualquier lector atento de sucesos, puede observar que en las últimas elecciones de la asociación más numerosa (APA) el 30 % de los posibles electores no se encontraban en condiciones de votar por no estar al día con sus cuotas. Por otro lado es conocido el des-contento comentado en sus pasillos por sus miembros mas inquietas en relación a la pobreza campeante en la mayoría de lo que ahí se produce. Probablemente ello se manifestó a través de que los ganadores de las últimas elecciones hayan bautizado a su movimiento con el nombre de Grupo psicoanalítico lo que por la lógica de oposición y diferencia que rige al significante plantea que no reconocen, al menos plenamente, ese carácter –psicoanalítico- en el otro grupo. Elegir nueva dirección en una de las mas pobladas escuelas lacanianas necesito de una serie agotadora de difíciles asambleas, entre otras cosas por que nadie aceptaba ser postulado a presidente. Una colega que había sido elegida para formar parte de la mesa ejecutiva de la comisión organizadora de la reunión lacanoamericana que se realizara en buenos aires en 1995, al poco tiempo declino la designación. La que fue una de las mas grandes escuelas de psicoanálisis inserta en un hospital, la del borda, al cabo de algunos años ceso en sus actividades y la institución que con varios de sus integrantes se creo a posteriori termino disolviéndose. Algunos de los que pasamos por aquella experiencia formamos parte hoy, de otros proyectos. Otra escuela inserta en un centro de salud, se enfrento con serias dificultades para su reestructuración. Proyecto Freudiano después de algunos años de trabajo resolvió disolverse. Todas las instituciones se quejan por la disminución de concurrencia a sus actividades de enseñanza. Por esa razón una de las más tradicionales, la escuela de psicoterapia para graduados rebajo su cuota mensual de $250 a $180. Hay instituciones que contraviniendo lo que el psicoanálisis nos enseña ya desde la época de Freud, se centra en la realización de actividades gratuitas como una forma de mantener la afluencia de clientes, que al no pagar con dinero, generalmente pagan con sometimiento. Otras como la EOL, a esta ultima política le agregan centralismo burocrático, dogmatismo, simplificación, y peor aun, “trasmiten” el psicoanálisis en clave universitaria.
Claro también, que toman cuerpo nuevas instituciones como la que presido –herramienta freudiana, o la Sociedad Porteña de Psicoanálisis, Letra, intersecciones, Institución psicoanalítica de Buenos Aires, Conv(b)ocatoria, Colegio de Altos estudios en Psicoanálisis y varias otras que en este momento no tengo presente, no sin verse afectadas por muchos de los problemas antedichos.
Estos vaivenes toman otra fuerza y llevan otro tiempo más allá de la Av. General Paz. No obstante si se observa en detalle y finamente, se verán síntomas parecidos a los de hace unos años en la ciudad capital. Tensiones al interior de los liderazgos, desarrollo de grupos excéntricos.

Y si se rascan un poquito las apariencias encontramos por todos lados el peso, el espantoso y amenazante peso de la psicología usando terminología psicoanalítica, incluso lacaniana. Esta ultima afirmación de la pista al lector de que diagnostico la crisis no solo por cuestiones de números, sino también por lo que esta pasando en el terreno de los conceptos y de la práctica.

Mi opinión es que hay que abrir un debate público y escrito sobre todo esto. Esta opinión es la que me ha llevado a editar este libro. Solo haciendo entrar en discurso lo real de la crisis, habrá chance de tornarla productiva. He escuchado decir que si se la nombra se le da existencia, de donde no habría que mencionarla. No comparto esa idea. Nombrar algo, sabemos, es el primer movimiento para articularlo a la red significante y ponerlo en forma para ser tratado por el lenguaje. Lo real irrumpe, y mas sobre los que inhibidos pretenden eludirlo mirando para otro lado, repitiendo la vieja estructura infantil, efecto de la pregnancia imaginaria y de la escasez simbólica, que cree que al cerrar los ojos y dejar de ver, no se es visto y se deja de ser objeto del peligro.

Le supongo a esta crisis varios condicionantes. De fondo, la crisis de la modernidad y sus grandes relatos e ideales de cambios científicos, sociales y subjetivos. No es cierto que la posmodernidad no se sostenga en ideales. Lo que ocurre es que los de esta, son diferentes a algunos de los que por lo menos, pugnaban en aquella. Sin ideales hegemónicos en esta época el desprecio por la solidaridad, abominar la justicia social, poner todas las fichas a la competencia y tener como ideal supremo a la optimización de los beneficios –“eficientismo” (mayor y mejor producción con menos y peor pagas, horas-hombre de trabajo). Para esta ideología, el psicoanálisis es un arcaísmo ya que busca poner a los sujetos en sintonía con sus propios deseos a la vez que, por las vías mas cortas, con su goce pulsional. El psicoanálisis entonces, por ese sendero, estimula en la singularidad la sublimación y la creatividad, lo que no conviene al “individuo universal” síntoma necesario al capitalismo tecnotronificado. Por otro lado la existencia del psicoanalista “moderno” era la del que cambiaba directamente su mercancía (trabajo) por dinero y el dinero por mercancías según la formula M-D-M de la economía mercantil simple, mítica y a lo sumo virtualmente pre-existente al capitalismo. Régimen que en su desarrollo, tal como lo enseñó Marx, funciona según la formula D-M-D. Cada vez mayor cantidad de psicoanalistas son empujados a venderle su trabajo-mercancía a dueños de capital (con lo que ocupan el lugar del “jamón del sanguche” en la formula D-M-D) recibiendo por su fuerza de trabajo cada vez menos dinero con el cual comprar las mercancías que apetezcan (incluidos sus propios análisis, controles y estudio). Quedan entonces, produciendo crecientes montos de plusvalía (plus de goce) para los dueños de las “obras sociales”, de clínicas, pre-pagos y del nuevo engendro primer mundista, las unidades transitorias de empresas (UTE). A esta realidad se suman abortos de psicoanálisis, como un grupo de supervisores que aprovechándose de su posición en el movimiento transferencial en una institución pública enseñan, “dándole” pacientes extraídos de dicha institución al alumno-analista en formación para que lo atienda. Claro que le cobran un precio: se apropian del 80% de lo que el paciente le paga a la “institución” por su tratamiento y le “dan” un 20% al profesional que lo atiende. A estos condicionamientos se agregan otros no menos importantes. Contabilizo entre ellos, desaparición física de Lacan y el subsiguiente “splitting” institucional, un “impasse” conceptual con la consiguiente debilidad de respuesta a modificaciones en la demanda y en este contexto, la expansión de las llamadas terapias alternativas –a tono con el formateo posmoderno-.

Este libro se propone analizar un aspecto parcial de estas cuestiones pero que a mi modo de ver es de los menos trabajados, el referente a las estructuras institucionales.
En ellas se cruzan, multiplicidad de problemas. El primero de ellos, la relación entre masa y liderazgo en la tensión inherente al cruce entre ética del psicoanálisis y ética de la política (hecho inevitable en toda institución) y por lo tanto entre deseo e identificación. Colocar con estos cruces bajo la lupa de modalidades lógicas de articulación entre imposible y necesario y entre posible y contingente según la propuesta de Encore, puede facilitar abrir una nueva puerta entre dicha problemática. Las formas directivas, los organismos de base (cartel) toman entonces su referencia en una lógica que no evita su debilidad, sino que la hace trabajar en vez de deslizarse a identificaciones burocráticas o empresariales, como cuando se pone a los carteles a resolver actividades concretas de una institución.

Otro problema clave que trato de definir aunque sea aproximadamente, es el de quienes pueden integrar una institución a partir de lo que he analizado de la experiencia transcurrida en otras instituciones y en Herramienta. Lo más habitual es que esto quede librado a la inspiración de las comisiones de admisión o equivalentes, en razón de suponer prácticamente inefables las condiciones a exigir. Analizando nuestra experiencia encontramos que los menos que se puede exigir es: fe en el inconsciente, responsabilidad de sujeto y disposición practica para sostener con el trabajo y el dinero el accionar institucional según la ética de psicoanálisis, lo que excluye la incorporación de sujetos a perversiones y psicosis. Exigir Fe en el inconsciente es un posición acorde con el descubrimiento del psicoanálisis de que el saber hacer en el sentido de la conveniencia del sujeto –no del individuo- es patrimonio de la producción inconsciente, la que como sabemos no lo es, sin la función del Otro.

Gráfico 1 (pag.18)

Con esa base para la admisión de miembros se puede sostener más decididamente, una postura en el movimiento psicoanalítico sobre la suposición, a quienes los soliciten y den las pruebas necesarias, de estar en condiciones de posibilidad para analizar, así como, para quienes se crean en condiciones y deseen hacer la experiencia del pase, construirles los artefactos que hagan posible llevar adelante la misma.

Este libro trata entonces sobre: el “semblant” del movimiento y la problemática de su construcción, estructura institucional, articulación entre liderazgo y base, reconocimiento de analistas, pase. Cinco grandes cuestiones que, según mi modo de ver, en su “impasse” contribuyen a la crisis actual.

Lo hace básicamente a través de siete artículos: Psicoanálisis e institución, La causa del psicoanálisis, De una ética de lo imposible, a una consecuencia – la defensa de la democracia y a una dificultad – la necesariedad de la política, comunidad psicoanalítica y responsabilidad ética, La situación del psicoanálisis en la argentina en 1993, para el circo de la vida, las payasadas de Lacan y este Des-con-cierto psicoanalítico. En ellos despliego un análisis que pretende y a veces logra, resultar conceptualizador de la temática. Los otros artículos dan un sostén analizado de la experiencia de mi pasaje por instituciones psicoanalíticas como la escuela Freudiana de Buenos Aires, un periodo en “stand-by” institucional – en el que ejercí como director de la revista Psyche1-, mi pasaje por la Escuela de psicoanálisis del hospital Borda y finalmente mi participación de la fundación y dirección de Herramienta Freudiana Transdisciplinaria.

El lector familiarizado con las teorizaciones de Lacan descubriría que estos artículos están escritos teniendo como herramientas las principales que de Lacan: los tres registros anudados borromeanamente y los discursos formalizados en matemas. Claro que esto plantea una discusión sobre si es posible hacer caer bajo el campo del psicoanálisis en extensión a las instituciones. Se argumente en contra, que en ellas no es pertinente analizar la transferencia. Estoes cuando menos discutible y para esa discusión es bueno volver a la proposición del 9 de octubre de 1967 en la que Lacan lleva a cabo un riguroso análisis de la situación del psicoanálisis y su movimiento, continuando el iniciado con La situación del psicoanálisis francés en 1956. En ese contexto y mientras afina, formaliza y formuliza sus elaboraciones sobre la trasferencia hace el siguiente planteo que esta recogido en este libro: “el segundo punto esta construido por el tipo existente, cuya factibilidad esta vez es evidente, de la unidad: sociedad de psicoanálisis en tanto que coronada por un ejecutivo a la escala internacional”.

“Lo hemos dicho, Freud lo ha querido así, y la sonrisa molesta con la que retracta el romanticismo de la especie de KOMINTERN clandestino al que en un primer momento dio su carta blanca […] lo subraya aun mas”.
“La naturaleza de estas sociedades y la forma en que obedecen se aclaran a través de la promoción por Freud de la iglesia y del Ejercito de lo que concibe como la estructura del grupo […]2.

1 Período en que estuve tomado por una idea de Fernando Ulloa que enunciaba mas o menos así: No es necesario que los psicoanalistas formen parte de instituciones psicoanalíticas pues existe la institución virtual del psicoanálisis a través de paneles, congresos, jornadas en los que los psicoanalistas discuten sus cuestiones. Lo que yo no advertía y creo que mi querido maestro tampoco, es que esa posición articula al psicoanalista solo a su realidad, ósea a su anudamiento simbólico- imaginario, a los lugares en los que los psicoanalistas se relacionan desde el yo, desde la prestancia, desde su desconocimiento. Es una posición que intenta evitar toparse con lo real de la relación entre analistas, o sea, con lo que convoca por la vía de la falta en ser a la puesta en cuestión de lo imaginario y a la operación de lo simbólico, agujerado ese real, que perturba vitalmente.

“El efecto incluido de la estructura así privilegiada se esclarece aun si se añade la función en la iglesia y en el ejercito del sujeto supuesto saber. Estudio para quien querrá emprenderlo: iría lejos”

“Al atenerse al modelo freudiano, aparece de forma evidente el favor que en el reciben las identificaciones imaginarias, y al mismo tiempo la razón que encadena al psicoanálisis en intención a limitar a ellos su consideración, incluso su alcance”. En este texto, Lacan lee la constitución que Freud le dio a la IPA en relación al contacto de enunciado/enunciación con que sostuvo su teorizacion del Edipo y al sostén que en ella le otorgo a la función padre ideal. Lo primero que quiero subrayar es la evidencia de que no se privó de interpretar en el campo de lo que claramente resulta Psicoanálisis en extensión y que a ojos vista implica a la institución psicoanalítica. Lo segundo es que a la vez que denuncia la ideologización del Edipo y la consiguiente utilización psicológica que se hizo de él por los que resultaron hegemónicos en aquella época de la IPA (los psicólogos del yo) entiende a la burocratización de la IPA como una consecuencia de haber propiciado Freud el modelo de identificación imaginaria al sujeto supuesto saber, y su encarnación al modo de en la iglesia y el ejercito, congruente con la promoción de la idealización del padre consagrada en la teorizacion del fin del análisis –como identificación al analista-. Da como prueba de que las cosas funcionaban así, a escala internacional. ¿Qué diría del movimiento milleriano coronado por la manipulación monopersonal del yerno? Pero mejor aun, ¿cual podemos interpretar fue el deseo de Lacan con respecto al futuro del movimiento? Su deseo, sin lugar a dudas fue que se organizará según el discurso del psicoanalista. A ellos apunto con sus propuestas más importantes. En relación al liderazgo y separar grados de jerarquías. En lo atinente a la organización de base para la producción teórica, los carteles con sus elementos distintivos pequeño numero de integrantes, obligación de dar cuenta del trabajo a cielo abierto cada seis meses relatando las dificultades surgidas en él, el mas uno como desestructurante de las capturas imaginarias (fascinación/agresividad) y nombrado como el significante en más, que se produce en el discurso del analista.

GRAFICO 2 página 23.

Como vemos, un artefacto elaborado para ser trabajado por el discurso del psicoanalista. Se puede entonces suponer al no saber sobre lo que se investiga, como lo que semblantea operando sobre las subjetividades en carencia de los integrantes y llevándolas a la producción de ese significante en mas, en tanto aquel no saber se sostiene en la verdad de un saber previo que encontró en ese no saber del semblant, su limite, limite que se torna agente causante de la producción del cartel.

Ese deseo de que la Escuela se organizara modulada por el discurso psicoanalítico se manifiesta claramente cuando propone separar grados de jerarquías como una forma de que el prestigio de por si, no tenga un excesivo peso en las tomas de decisiones y de que el manejo del aparato institucional no arrase con los valores psicoanalíticos. Esta es otra cuestión por la que considero inconveniente que los estamentos organizativos tomen apariencia de cartel.
Finalmente creo que ese deseo también se manifestó sin concesiones en su propuesta de pase 3.

Deseo que en parte quedo inhibido en lo que enuncia para selección de AME y en la practica de la escuela Freudiana de Paris, cosa esta ultima que como sabemos, en el final de su vida lo lleva a disolverla. La razón fundamental de la inhibición, según creo, estuvo en que su persona le hizo de pantalla, no solo a los miembros de su seminario, como nos dijera en Venezuela, sino también a los que allende los mares lo leíamos y además y fundamentalmente a él mismo. El nos enseño la relación con la fijación a lo imaginario. Pues bien, eso es lo que le ocurrió en ese terreno. Prueba ellos el evidente movimiento de anulación que hizo cuando disolvió la“Ecole” y a los pocos días llamo a los mismo que la constituían anteriormente

2 En este sentido no se puede negar que la asociación mundial del psicoanálisis (Miller) y su sucursal, la Escuela de Orientación Lacaniana, han “progresado”, pues han logrado condensar Komintern-iglesia-corporación trasnacional. 3 ver dentro de este libro el capitulo Comunidad Psicoanalítica y responsabilidad ética.

(lo que se nota en la forma en que lo hizo) a fundar la Escuela de la Causa. Nos toca a nosotros salir de la inhibición y poner en escena nuestro propio deseo.
De lo que conozco del mío, no concibo un movimiento psicoanalítico marginado de trabajar sobre los grandes problemas de su época, sobre el malestar en la cultura. En eso estoy con Freud y con Lacan. Decía este en la Proposición: “antes de proponerles una forma, quiero indicar que conforme a la topología del plano proyectivo, es en el horizonte mismo del psicoanálisis en extensión donde se anuda el circulo interior que trazamos como abertura del psicoanálisis en intensión”. Ese trabajo interpela a otros discursos – en primer lugar el económico, pero también al de la sociología incluida la políticologia y el de dirección y administración de empresas, a la semiología, el de los historiadores, los filósofos, el de los cientistas de la educación, el del periodismo y comunicadores sociales en general, antropología – particularmente la etnología-, la medicina, el derecho, etc.… y es interpelado por ellos. Creo que el psicoanálisis, como lo dijo Noaim Von Foerster para si, necesita que le perturben el pensamiento. Deseo un psicoanálisis que amplíe, que tense hasta lo imposible su eficacia sobre el sujeto. A partir de los aportes de Lacan sobre la psicosis se amplían las posibilidades de trabajo con lo que queda por fuera de las neurosis –psicosomáticas, sujetos de acción, discapacidades, pobres de simbólico, etc.…

Para ello es fundamental el análisis de los analistas incluido el de su conducción de las curas. Las instituciones no pueden cerrar los ojos a un hecho con cada vez mas peso y es el de que mucha gente toma a su cargo curas, sin haberse analizado suficientemente, ni estar en análisis, ni llevar las curas que supuestamente conduce al control de un analista mas experimentado.

Para generar condiciones favorables a todas estas “buenas intenciones” es muy importante la estructura que se den las instituciones. En ella un punto clave reside en como funcione la relación entre liderazgos y liderados. A diferencia de en la política no es función del liderazgo conducir a ganar elecciones o tomar el poder. Por lo tanto no resulta necesario aprovecharse de la transferencia para cohesionar a la organización. Por el contrario dicha política obstaculiza a la función fundamental de la institución que es promover el psicoanálisis (en todos los sentidos del significante promover). Para ellos el liderazgo no debe “creérsela” con respecto a su persona. Al modo de, en un psicoanálisis, debe hacerse cargo de la transferencia para no “usar” de su poder identificatorio y mucho menos abusar. Lacan, aunque su persona hiciera de pantalla y nos dificultara en vida de él descreer del padre idealizado, con su producción abrió la posibilidad de ir mas allá del padre, lo que precisa en sus propuestas finales en el Sinthôme al plantear ir mas allá del nombre del padre a condición de haberse servido de él. La función del liderazgo está en operar de tal modo que abra paso al relanzamiento discursivo y a los giros de discursos y por lo tanto de su posición en la institución. Algo de eso planteaba Miller 4 en 1979 –en vida Lacan, cuando hablaba del Lacan amo, del Lacan esclavo, del Lacan universitario, del Lacan histérica y agrego: del Lacan objeto. Por supuesto esto no es fácil, hasta podríamos decir sin temor a equivocarnos que es imposible, en tanto llevaría a encontrarnos realmente con un liderazgo, pero lo imposible, es la meta del psicoanálisis.

4 Teoría de la lengua (rudimentos) analítica, N°1