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miércoles, 7 de mayo de 2008

Capítulo Nº 3

La dificultad por la que consultaba y su semblant

Eran dos tipos requete finos
Eran dos tipos medio "chiflaos"
Eran dos tipos casi divinos
Eran dos tipos "desbarataos"

Si se encontraban en una esquina
O se encontraban en el café
Siempre se oía, con voz muy fina
El saludito de Don José

Hola Don Pepito, hola Don José
Pasó usted ya por casa, por su casa yo pasé
Vio usted a mi abuela, a su abuela yo la vi
Adiós Don Pepito, adiós Don José



Le doy mucha importancia al tema del semblant porque creo que es capital para que se instale y se sostenga cualquier análisis. Cuando digo cualquier análisis por lo tanto, me estoy refiriendo desde los más sencillos, neuróticos media, hasta los más complicados, como determinadas psicosis y neurosis graves. Ni que decir ciertas melancolías y delincuencias. El Licenciado Marcelo Gómez trabaja en Minoridad en la Justicia de La Plata. Es un psicoanalista muy particular. Viene de abajo. Por lo tanto no sólo ha estudiado, se ha formado, se ha analizado, sino que se ha criado en cierto sentido, con aquellos a los que dedicó luego, parte de su vida. Una vez me contó que estaba detenido un pibe de unos 17 años que ya había tenido muchas detenciones. Yendo en un colectivo, de golpe sacó una navaja y abrió a un hombre por el medio. Estaba pasado de cocaína. Lo mató. Fue internado en un Psiquiátrico. Cuando se logró que hable sobre el crimen, dijo que se había alucinado con que estaba dentro de un camión de frigorífico y que lo que tenía al lado era una res colgada, no un hombre agarrado. Pero eso lo contó más adelante. Al comienzo, no había psicólogo que pudiera hacerlo hablar. Lo mandaron a este amigo mío en función de su experiencia. Intentó de muchas maneras. Luego decidió no insistir. Se cruzaban en el patio del correccional. Cuando dejó de insistir el pibito comenzó a buscarlo, pero provocativamente. "Vos te crees que me vas a curar a mí. A mi nadie me va a curar. Yo cuando quiera me escapo". El colega no le daba bolilla. El pibe insistía. Un día lo agarra y le dice: "¿Vos creés que vas a poder conmigo? ¡A mí la vida me importa un carajo!" Y agregó: "A mí, cruzando la calle, por mirar para otro lado, un colectivo casi me mata". Entonces mi amigo se dio vuelta y le dice: "Ah... sí, ah... sí! La verdad que ya no me interesa atenderte. A boludos no atiendo". A partir de ahí se estableció un fuerte vinculo transferencial del pibito con el colega que le había dado a entender que alguna vez le había supuesto alguna cualidad fálica, que la aseveración del chico le hacía dejar de suponer.

Lacan, después de un largo trabajo sobre el tema del significante, además de llegar a su famosa formalización de que "un Significante representa a un sujeto para otro significante". Llega a otra conclusión que es muy importante y a la que dedica un Seminario entero: " un significante no puede no ser de apariencia". O sea, que todo significante no es más que una apariencia de representación de objeto. Por eso su insistencia en que el significante no representa representativamente alguna realidad, sólo es representante de alguna, lo que es distinto.

Otra cuestión muy importante que podemos entender de este recorrido de Lacan, reside en que: un jefe, no son palabras de él sino un conclusión mía a partir de interpretarlo, no puede no ser más que agente. Después de muchas vueltas, donde empieza como los comunicólogos de esa época (años 50 del siglo XX) hablando del emisor, termina hablando del agente. ¿Por qué? Porque está condicionado por la estructura en su conjunto. En este momento tenemos un ejemplo clarísimo que es el presidente de la Nación (me refería Eduardo Duhalde). Es el presidente, quien lo duda, independientemente de la opinión política que cada uno tenga sobre él. No como De la Rúa, que lo que más angustiaba de él, era que evidentemente no estaba en jefe. Pero la caída del gabinete ahora[1], muestra que un jefe no puede hacer cualquier cosa. No está pudiendo ser más que agente, representante de la variable resultante de la combinatoria de variables conque se las tiene que arreglar, incluidas entre ellas sus propias posiciones.

Consecuencia de que el significante no puede ser más que de apariencia y que el jefe no puede hacer más que de agente, el agente no puede ser más que emisor en apariencia. De cómo se arme esta apariencia, dependerá en buena medida su eficacia para agenciar. El discurso del analista, (a/S2----$/S1) de lo que habla es de esto. En Lacan hubo un momento en que dijo: No hay discurso en el cual el agente no sea de apariencia, inclusive en el discurso analítico. Un paciente me contaba de que había tenido una discusión con alguien que había leído mi libro: En la trastienda de los análisis (Vol. I), donde planteo este tema de la apariencia. Ese otro alguien, estaba muy enojado conmigo porque decía que yo propendía a que los psicoanalistas sean embaucadores. (risas) Lo que él no captaba, es que se trata de una cuestión de estructura. Haga lo que uno haga, igual no va a hacer más que de apariencia. Luego se sabrá que resultó y que efecto se produjo en la instalación o no de la transferencia.

El sufriente suele ir a consultar sintiéndose en inferioridad de condiciones ante el Otro encarnado. He tenido experiencias donde parecía lo contrario. Un consultante me tiraba almohadones, no se iba del consultorio, hacía historias muy complicadas, parecía venir como un gallito. En realidad no era más que una apariencia que encubría la enorme fragilidad subjetiva de ese muchacho. Un día que porque llovía, tomé un taxi que tardó en aparecer y llegué al consultorio 15' después del momento de comienzo de la sesión. El muchacho estaba desarmado. Eso también hace a la estructura, porque si uno recurre a alguien es porque supone que ese alguien le va a saber resolver lo que a uno le ocurre, por lo tanto ese otro aparece ante uno con esa apariencia casi mágica. Sea médico, psicoanalista, brujo, tarotista, astrólogo, adivinador con técnicas diversas, psiquiatra, o cualquier otro potencial psicoterapeuta. Advertirán de paso, que coloco también a los tarotistas y los adivinos, entre los psicoterapeutas.

El que viene así, viene dispuesto tanto a entregarse totalmente, como a salir corriendo rápidamente. La encarnación de ese Otro, por supuesto los estoy escribiendo con mayúscula a estos Otros, carga sobre sí la imago de la omnipotencia de los Otros primordiales. La madre, el padre, las maestras del jardín, directores de escuela, etc.

Pensemos la función de la instalación de un análisis y de la constitución, deconstitución y reconstitución de las apariencias, como teniendo cierto parentesco con el proceso de adaptación en los Jardines de Infantes. En ese movimiento de transición a un nuevo espacio potencial, el infante va pasando de la mano y el acompañamiento de la madre o el padre, a la mano y la voz de la maestra, para ir entrando en el lazo social de la salita, su color y el vínculo con los otros nenes. Ahí sí va otro con minúscula. En ese movimiento el consabido: "y ahora sentémonos todos juntos". Hace apariencia de paridad de la maestra con los nenes sin perder su lugar de agente, ya que la suya es la voz que lo dice, pero de una manera que facilita la función de quitarle la forma monstruosa de la omnipotencia supuesta, sin castrar, que da la encarnación del Otro en esos momentos. Estoy hablando del semblant de la maestra jardinera en ese momento.

Por eso recurriré a mis maestros Gaby, Fofó y Miliki, después se agregaría Milikito. Sigamos tratando de aprender algo sobre construcciones de semblant. Me parece muy importante diferenciar entre el acto artístico y la persona de los artistas. No hay que idealizarlos. Por ejemplo, Gaby, Fofó y Miliki, plagiaron "El auto de papá" de Pipo Pescador, lo que les costó un juicio que finalmente ganó éste. Pero el verdadero valor del acto artístico de dichos payasos lo recibí en su música y sus letras. Trabajaremos un poco su célebre "Hola Don Pepito, hola don José". Haré un juego poco habitual, lo podría plantear de otra manera, pero me pareció que acá cabe así. Tomo una herramienta de los semiólogos que me parece interesante porque también estamos hablando de escena. Divido lo que se dice entre el relator y la voz. El relator, se disfraza de la apariencia de ser el representante de las voces. La voz, es cuando la voz habla directamente sin mediación que la represente. Cristina Corea tiene un trabajo muy interesante sobre el feminismo en el analiza cómo el grueso de la literatura feminista funciona como “representante” de las mujeres. Y señala que otra cosa es cuando las mujeres hablan, cuando hacen oír su voz.

¿Qué nos describe el relator en la primera estrofa? Cuatro definiciones de dos personajes idénticos en rasgos y cualidades, que funcionan casi como oxímorones. O sea, cuando se contraponen dos significados opuestos para producir una metáfora. Por ejemplo: requete finos, medio chiflaos, casi divinos, desbarataos. Algún tipo de psiquiatra o conde de Chitkoff, los etiquetaría de bizarros.

Empiezo por el último rasgo, desbaratao, porque creo que nos sirve bastante para el tema del semblant. Según el Diccionario de la Real Academia Española. Desbaratados: "de mala vida, conducta o gobierno." Viene de barato y de baratar. Tomo algunos de los significados para no abundar innecesariamente. Viene por el lado de fraude o engaño, en los orígenes más antiguos. También antiguamente de: abundancia, sobra, y baratura. Como adverbio masculino: de poco precioso. También como una expresión familiar que se usaba para denotar que una cosa se daba o vendía por un precio muy bajo. En el francés antiguo, como figurar y familiar: predominar una persona por el miedo que impone a otras. También: conceder gratuitamente alguna cosa por no entorpecer el fin principal que se pretende. En otro de los significados: Confundir y oscurecer lo que alguien va a decir, metiendo bulla y dando grandes voces.

Lo colocan como sinónimo de desbarajustar, desordenar. Es muy interesante, porque desbarajustar parece ser un derivado intensivo de barahustar, de barahustar. En el siglo XV queda desbaratar, trastornar, que parece haber significado primitivamente: golpear con lanza, y luego parar un golpe por medio de una lanza. Vendría de hustar procedente del latín tardío: fustare "azotar, golpear". Nuestros gauchos usan fustas. Como derivado de desbarajuste, desbaratado, desbaratar, baratao, desbordar, borde. Descarado, descararse. Cara, descarnar, carne, descaro, cara otra vez.

Barato que yo creía que venía de ... de baratillo, de paquete. Pero no, viene de negociar emparentado con el celta mratos: engaño, traición de donde embaucar.
Como ustedes ven desbaratao nos lleva directamente al semblant del analista, pero pasando por todas las vicisitudes que la Real Académica Española y Corominas, estoy citando de los dos diccionarios, nos dan noticia. Hay una gran plurisemia en desbaratao. Y se juegan muchas de las escenas de los analistas cuando estamos analizando.

Habrán observado que tras las diversas vueltas que van dando los significados de desbaratado, desbarajuste, barato y todo eso, lo que está latiendo permanentemente es la cuestión de negociar y guerrear. Dos caballeros que se encuentran con lanzas, en un combate a lanza, están negociando. Parafraseando a Von Clausewitz podemos decir que las peleas son continuación de las negociaciones por otros medios. Con lo cual digo sin ninguna vergüenza, que la capacidad de cada uno de nosotros para hacer semblant, es una parte importante de nuestro negocio. Si ustedes me escuchan monosémicamente, van a escuchar una parte de la cuestión. Pero esta también es plurisémica. A todos nosotros nos interesa tener pacientes, cobrar lo que los pacientes nos paguen y vivir de eso. En ese sentido es un negocio como cualquier otro. Cuando se dice que tenemos clientes, sí tenemos clientes, no son sólo pacientes o analizantes en abstracto. Pero además lo tomo, porque todo negocio es una transacción. La cuestión del negocio nos acerca al síntoma. Pero además el trabajo del psicoanalista, Freud ya lo advirtió en Psicoanálisis silvestre, no puede ser hecho de cualquier manera. Uno no va a decir determinada cosa en cualquier momento del análisis. Ahí también hay algo del orden de la negociación. En el sentido de que para que el cliente aprecie algo de determinada manera, el análisis va a tener que recorrer muchas vueltas. Sin avergonzarnos. Freud extrajo de la economía política una notable cantidad de términos. Por ejemplo: economía libidinal, objeto, carga, transacción, transferencia, desplazamiento de valores, etc. Negociamos apariencia, para venderle al analizante su propio efecto sujeto devenido de lo que lo representa (S1 y S2) y de su ser de objeto (“a”, que lo divide).

Sigamos a nuestros maestros. Desbarataos va a renglón seguido de casi divinos, otro semblant. O sea parecidos a Dios, pero casi. Primero oponen, requete finos con medios chiflaos. Fíjense qué sentido interesante. ¿No nos presentan la disparidad de gestos, entonaciones de voz, dadas de manos, respuestas telefónicas, participación en reuniones sociales, que tenemos que tener los analistas si queremos lograr analizar?. Nada parecido a esa imagen clásica del analista, que con buen humor suelen darnos los humoristas: peladito, de barbita, anteojos gruesos, espaldas cargadas, carraspeando y dando la mano como si le colgara. Es una imagen estándar, en consecuencia, lo contrario de hacer semblante.

¿Y el consultante? Ahí está la otra cuestión. El relator nos dice que son dos, pero que lo que se oía era el saludito de Don José. Hay un conflicto de cómo define la cuestión y como la describe. Deja por lo menos una ambigüedad que da lugar a la duda. Que los saludos los iniciaba con voz muy fina Don José. Pero ¿¡qué agrega la voz, que podemos tomar como parte de la enunciación: agrega que Don, los españoles lo usan transitivamente de título nobiliario, que Don José saluda a su otro con diminutivo: Don Pepito, que es el apelativo de José. Luego, recibe el mensaje invertido. No se aclara ni en la canción ni en la lectura, con que voz. Lo que como consecuencia debe hacernos suponer que con voz más gruesa. Pero si de Don José dice con voz muy fina y del otro no aclara, nos mete en otra paradoja, el de voz más fina trataría con diminutivo al de voz más gruesa.

Se escucha la pregunta: ¿pasó usted ya por casa?. Fíjense que es indeterminado y con la enunciación como una rutina. No dice, "pasó usted por su casa", sino "paso ud. ya por casa", queda indeterminado. Contesta el otro "por su casa yo pasé". Ahí sí, él determina que pasa por la casa de Don José, pero a mi modo de ver no termina de resolver la intriga. El menor, o el que despierta ternura en Don José, es el que dice eso. Porque el diminutivo se usa en función de ternura o porque se está refiriendo a alguien más pequeño, o en función peyorativa. Pero por como viene la letra no es este el caso. Entonces, Don Pepito discrimina propiedad y pronombres personales. Don José el grande no lo hace, otra vez la inversión la está haciendo el más chico.

Sigue sin puntuaciones, en consecuencia los dichos se tornan ambiguos, no se puede saber sino por el sonido de las voces, sobre quién habla. Esta grabación no es de Gaby, Fofó y Miliki, es de Miliki después de que ya había muerto Fofó. Hay partes que se las hace responder al coro de pibes. ¿Quién habla? Es solo el saludito de Don José, o ¿a partir de él se saludan los dos, Don José y Don Pepito? ¿Quién habla, pregunta o indica? Tampoco queda claro. “¿Pasó usted por mi casa?” Es distinto. “¿Vio usted a mi abuela?”, el otro responde en forma invertida, “a su abuela yo la vi. Adiós Don Pepito, adiós Don José”. Fíjense que invierten la jerarquía. Don José por lo tanto puede creer el oyente que es el mayor, pero probablemente es el que se despide del mayor. Podrían ser dos personas, y no se olviden nunca que persona viene del griego persone, cosa que se conserva bastante en el francés (personne), y que quiere decir máscara. Es muy interesante, porque en ese sentido, creo que los griegos generaron la lengua con más claridad que los occidentales posteriores.

Podrían ser dos personas intercambiando un “discurso corriente”. Fue la última formulación de Lacan para lo que tomándose de Freud empezó llamando "palabra vacía". Lo típico del discurso cotidiano y rutinario: ¿qué tal cómo andás? Todo bien. Uno podría desconcertarlo diciéndole: fantástico, que suerte que tenés. Los rituales sostienen la apariencia de relación. En este caso, ¿es un intercambio de discurso corriente, imaginario puro, o es un disociado charlando con su niño volviéndole desde lo real?. No queda tan claro, si ustedes leen la canción en lugar de comprenderla. Cuando digo: charlando con su niño volviéndole desde lo real, sería charlando con su alucinación.

No olviden ustedes que Lucía había conversado con un hombrecito que poblaba su oreja, hasta que el análisis previo interrumpió dicha conversación. Por supuesto que la imagen, no el sólo juego de voces, ayudará mucho a resolver la pregunta pero no siempre. Recuerden la película Una mente brillante. Para los que no la vieron, es sobre un matemático esquizofrénico que terminó ganando un premio Nóbel. Es sobre un hecho real. Es muy interesante como está hecha la película. Por la necesidad de darle cuerpo a las voces ponen imágenes visuales. No es lo más común de ver en las esquizofrenias, pero a veces se escucha a alguno de esos pacientes relatarlas. Me ha tocado atender a un hombre al que su alucinación visual, un gran ojo, lo miraba desde un paredón de enfrente. Estamos hablando de un semblant de los pacientes. Por eso traigo la canción. Fíjense que por la letra a secas, no sabemos si estamos hablando de dos neuróticos que están produciendo un discurso común y corriente, o de un sicótico que está en diálogo con sus alucinaciones. Sin embargo, serían dos apariencias muy diferentes. O sea, no sólo los analistas hacemos apariencia, sino que cada paciente también trae la suya.

También debemos tener presente el semblant de quien hizo la derivación. Recuerdo mi primer encuentro con ella, con la derivadora. Ambos teníamos 16 años. Fue en un Acto de un 1° de mayo de 1954 en la plaza Lezica, hoy Parque Rivadavia. Acto rojo. Yo había leído Pedro y Lucía de Romain Rolland, y estaba dado vuelta por dicha historia de amor. Una jovencita un poco más chica que yo, con sus largos y rubios cabellos al viento me ofrece una revista de cultura: Mar dulce. Flechazo inmediato. Desaparece tan rápido como apareció. Después, durante años, supe de ella por rumores. Hasta que en la Facultad de Medicina nos volvimos a encontrar, pero mantuvimos siempre prudente distancia. Se había metido con un grandote pintón que me llevaba varias cabezas de ventaja y con el cual se casó y sigue casada. Para ella fui el rudo militante idealizado y caudillo inalcanzable. Comunidad de amores, de ideas, de riesgos y el recuerdo reprimido de un amor por quienes enarbolábamos la antorcha de la revolución. En verdad, ¡qué sé yo si ella me amó alguna vez! probablemente fueron todas imaginaciones mías. Luego, cuando me derivó esta paciente, seguía el "careteo". A sus ojos, seguía encarnando la antorcha de la revolución. A los míos, ella se batía en digna retirada. Tuvo que exiliarse.

Y luego, ¡sorpresa!, ese amor reprimido vuelve a ser recordado en el nombre que le pongo a la paciente. Esto me sorprendió totalmente, porque ... Lucía, se lo puse hace un montón de meses... más, años... porque lo presenté varias veces... Pero después me acordé, de aquella escena inicial, de la que seguramente viene el nombre que le puse a la paciente, además del juego de palabras que me permite. Un nombre que creía colocado sólo instrumentalmente. Tardé en caer en cuenta que se asociaba a la derivadora y ni más ni menos, que a través de Romain Rolland, que fue uno de los grandes nombre del padre para los de mi generación e ideas.

Observen esa derivación, desde los tres. Quien la hizo, la paciente y yo. Todo era un gran malentendido. Sin embargo con algunos rasgos de verdad. Para que esa paciente desplegara su confianza y transferencia imaginaria, hacía falta que se confiara a alguien que no pareciera pertenecer al campo del hombre que amaba, sino al que ella por ideales, suponía suyo propio. Recuerden su conflicto. Su capacidad para amar, aun tributaba a la cara del narcisismo que se fascina con los ideales. La dificultad por la qué consultaba, estaba justamente en que aun no podía transferir esa capacidad de amar a relaciones de objeto no identificadas a sus ideales, políticos, ideológicos y morales.

Comentarios y respuestas:
--Te quería preguntar, si podrías ampliar un poco lo del semblant del paciente cuando llega. Porque yo siempre pensaba que semblant hacerle al paciente. Pensaba cómo hacer semblant, a veces me sale y a veces no. Sobre todo no me sale, cuando lo quiero hacer.

Sergio Rodríguez: Creo muy importante esa cuestión. Porque entrar en un análisis y llevarlo a fondo, suele llevar mucho tiempo. Cosa que la verdad sea dicha, me enteré gracias a Lacan. Anteriormente, casi había un reglamento, aunque no coincidiera con el recurso freudiano de los análisis de prueba. Dos sesiones, diván y comienzo del análisis. Se argumentaba que en la primera sesión el paciente podía estarse presentando de una forma y que en la segunda podían hacer su aparición sorpresas. Entonces, a la tercera ya se la consideraba apropiada para mandarlo al diván. Más o menos esa era la idea.

Cuando me enteré que Lacan hacía largos procesos de entrevistas, empecé a tratar de entender por qué y para qué, lo que me llevó a leer los testimonios de personas que él analizó. También el libro de Jean Allouch Doscientas trece ocurrencias en el consultorio de Lacan. La idea que me fui haciendo tiene que ver con esa pregunta tuya, eso se ve muy claro en el libro de Betty Milan, -El loro y el doctor-. El tema no era sólo como se iba constituyendo él en un semblant que instalara la transferencia. Ella estaba atraída. Me parece, por las cosas que va contando Bety Milan, que el tema para Lacan era como plantarse para que se instalara ella en la transferencia simbólica. Con ese fin hubo un largo tiempo donde trató de calibrar cual era el semblant de esa mujer que venía a verlo. Milan cuenta una anécdota. Ella se le hace presente con una carta de un psicoanalista brasilero que Lacan conocía, se la presenta y le dice que ella tiene interés en traducir los Seminarios de él al portugués. Lo cual para Lacan, era una oportunidad inigualable. Porque iba a traducirlo al idioma que hablan más o menos, doscientos millones de personas. A ella le parecía que a él sólo le preocupaba que le traduzca el libro. Pero cuando uno va siguiendo su relato, se da cuenta que él le estaba devolviendo invertido su propio mensaje a ella. En el sentido de que vino a proponerle traducir el libro. Será sobre esa base primera, que él va a lograr que ella finalmente entre en análisis. O sea a que se instale en una posición que le permita a él traducir y darle a conocer el resultado, las producciones inconscientes de ella.

Cuento otra cosa totalmente distinta. Yo llevaba analizando seis o siete años a un obsesivo común. Una neurosis obsesiva de carácter de las supuestamente comunes, van a ver qué sorpresita. Me había llamado la atención que me contaba mucho, los chistes sobre la Mulatona y Clemente. Por eso y algunas cosas que me relataba sobre su vida erótica, me di cuenta que tenía una fijación muy fuerte al objeto parcial teta. Lo trabajo, la madre, etc... Trabajamos, todo andaba bárbaro pero él seguía con que no podía anclar con ninguna mujer. El circuito era parecido. Salía, se levantaba alguna mina, se acostaba un par de veces seguidas y perdía completamente el interés. Mantenía un interés conflictivo y contradictorio por una dama con la que andaba hacía varios años a la que oscilaba entre hacerla aparecer como novia o como amante. Supuestamente, porque era de otra etnia y extracción social, lo cual creía, resultaría muy complicado para sus padres.

Después que se publica Pollerudos, el libro entra a circular. Lo compra, hace un viaje y cuando vuelve, me dice: "leí su libro". ¿Qué libro? Pollerudos, "a partir de que leí ese libro este análisis cambia". -¿Cómo? Llevábamos seis o siete años, no me considero “de madera” para escuchar, pero sin embargo nunca había encotrado un equívoco o un sueño, que tuviera que ver con lo que me devela. Me cuenta que desde muy chico él tenía un fuerte erotismo anal. Eso no me impactó demasiado, porque lo tenía clasificado como un neurótico obsesivo. Me cuenta prácticas masturbatorias adolescentes anales, tampoco me sorprende demasiado. Luego me dice que cuando fue más grande, alrededor de los 18 años un poco más, se le empezó a meter en la cabeza que tenía que hacerse coger. Pero claro, todos en su barra eran heterosexuales, sus amigas eran heterosexuales, su ambiente era heterosexual, él era un hombre con un cierto lugar dentro de su etnia. Agarró la página 59 de Clarín, buscó taxi boys que se ofrecieran y fue. Al primero que fue, entró en el departamento pero el otro no logró entrar en él. Cerró el culo, no quiso saber nada. El “taxi” lo trató con mucha profesionalidad. Ternura, suavidad, etc. pero nada... Pasaron quince días de ese fiasco, decide ir a otro. Más o menos lo mismo. Renuncia a la idea. Hasta que mirando otra vez las páginas de Clarín se aviva que hay ofrecimientos de travestis, y se hace coger por un travesti. A partir de ahí, cada quince días se hacía coger por un travesti. Tuvo razón, a partir de ahí se reordenó bastante todo el análisis. Él dice, esas cosas no las terminó de creer nunca, de que todo eso se le pasó con el análisis. Piensen que en el travesti aparecen el pene y los senos. Lacan lo plantea en su seminario Las formaciones del inconsciente, el travesti es el semblannt más estricto de la madre fálica. El de este muchacho, era un hogar ordenado alrededor de una madre fálica. Lo traigo como otra ilustración, en el sentido de que con los pacientes pasa también, que vienen aparentando. Pero insisto, por una cuestión de estructura, no porque nos quieran engañar ni nada por el estilo.

Conté antes sobre cuando me atrasé y cambió totalmente un análisis. Uno tiene que estar muy atento a las mínimas modificaciones que en la apariencia se van produciendo, porque también son enunciaciones. En ese sentido, pueden construir por ahí nuestra política clínica. ¿Por qué? Porque se nos oferta otra oferta. Entonces en la transacción en ese análisis se reordena, reordenándose también toda la negociación en el mismo. Cuando digo esto, puedo parecer un analista muy lleno de intenciones, por lo tanto muy desapegado de la abstinencia, la asociación libre, la neutralidad. Para nada. Porque esto en la medida en que el analista ha logrado ser bien analizado, pasa casi a transformarse en reflejos, no tanto en pensamientos. Por eso supongo importante estar atento a la apariencia de los pacientes.

--¿Por qué elegiste la canción del epígrafe?

S.R: La elegí, porque me parece que ofrece algo que es muy interesante. En un mismo discurso es decir en sus enunciados, se nos pueden estar transmitiendo y acá vuelve el tema del semblant, dos apariencias completamente diferentes. Ahí está otra vez la cuestión del detalle. El detalle no viene sólo en las palabras que se dice, sino en otros elementos que funcionan en el contexto de las palabras como enunciación también. Por eso insistí en lo del relator y la voz.

Otra cuestión. He visto y veo mucho el parentesco al mismo tiempo que la enorme diferencia entre neurosis y psicosis. Una vez alguien que supervisaba con Lacan le dice: Doctor al fin estoy tranquilo, he llegado a la conclusión de que no es una histeria grave es una psicosis. Entonces Lacan le dice: ¡Ah, usted piensa que es más grave! (risas)

--Me quedé desorientado con la explicación que diste del nombre de Lucía, porque habías enunciado como que la mirada tenía mucho que ver en este caso. Y el nombre Lucía, está directamente ligado con la mirada.

S.R: Es una nueva interpretación, estoy de acuerdo, ¿qué voy a agregar? Tenés razón. Por supuesto, además aquella de la que hablé era una jovencita que lucía, o así me parecía a mí. ¡Vaya uno a saber!

Alicia Smolovich: Me quedé enganchada con lo que contaste en relación a la pregunta del semblant del lado del analizante, del paciente. En los dos recortes que hacés, en la del neurótico obsesivo y en la llegada tarde en el taxi. Ahí aparece un cambio, no sé... del lado del analizante... Pero a él le aparece el analista también con un cambio de semblant, aunque la llegada tarde haya sido producto del azar.

S.R: Creo que el planteo de Alicia afina la cuestión. Estoy completamente de acuerdo con la observación que hacés. Además, me parece muy importante. En este momento no me viene ninguna a la cabeza... pero si tengo presente que han habido muchas situaciones en las que en un momento me he propuesto una modificación abrupta en determinada cuestión y eso produjo una transformación en el análisis. Lo que planteas, demuestra muy claramente como todo análisis se desarrolla en discurso y esta cuestión de que el agente no es más que agente. Y el otro es otro y como tal, forma parte de dicha estructura. Hice una experiencia, creo que vos estuviste en ese seminario y algunos otros que están aquí también. El Seminario era Diagnósticos psicoanalíticos, herramientas para la cura. Me sorprendí enormemente, porque al final del seminario me di cuenta que a grandes rasgos se habían establecido dentro del mismo, dos discursos al mismo tiempo, habiendo un solo agente: mis enunciados y enunciaciones. Por un lado funcionaba el discurso universitario, por otro aparecía más el de la histérica. Y si no recuerdo mal, creo que hasta me animé a decir que en alguna circunstancia el discurso del analista. Y el “emisor”, el agente, era el mismo. Lo que había, era diferentes posicionamientos de parte del público ante lo que me escuchaban. Esa diferencia de posición producía, que no obstante haber un solo agente, hubiera dos o tres discursos funcionando.

Tenés razón, el posicionamiento y su apariencia, hacen efecto en la apariencia del paciente. Pero también está esta cuestión, donde hay toda una parte que depende mucho de cómo se posiciona el paciente. Hay un ida y vuelta permanente.

--(intervención inaudible) ... sostiene al otro...

S.R: Un semblant, vos tenés razón, sostiene al otro. Esos son los análisis que se estancan, donde se congelan ambos en un mismo semblant que hace una imaginario de complementariedad. Esos analizantes muy enamorados de sus analistas con sus analistas muy enamorados de ellos, pueden llevar un análisis a que dure treinta años. Pero ahí sí también, podríamos recurrir a las teorías de caos y de catástrofes de las que no conozco más que escritos de divulgación. Tienen un ejemplo interesante, el nacimiento de una perla artificial en las ostras. La ostra es una ostra. Pero en los criaderos le pegan un pequeño pinchazo a la ostra, y ese pequeño pinchazo produce una segregación que es lo que va a producir la perla artificial.

El paciente del taxi, de entrada me volvía loco. Conocía a quien lo había analizado, y realmente me parecía una planta para decirlo en términos sencillos. El venía y me hablaba peste de esa planta. Yo pensaba: "tiene razón, peras nunca va a sacar de un Olmo". Pensaba para mí. Pero empezó a sacudirme a mí, a maltratarme. Me empecé a preocupar. Atendía aún con los 50 minutos de rigor en los encuadres tradicionales. Llegados los cuales él me decía: -usted no tiene ningún derecho a interrumpirme, yo estoy hablando y esto es muy importante...- Y se quedaba. Le decía: -Bueno, mire ya terminamos-. Era un psicoanalista civilizado. Hasta que llegado un momento, cada vez que me decía eso, le retrucaba: -Bueno, ¿usted se queda? -Sí, sí. Entonces me iba al salón de descanso de la casa de consultorios. No había caso. Pero pasaban cosas. Él venía cuatro veces por semana. Hasta que se produce el episodio de la lluvia y el taxi. Me empiezo a poner ansioso, me acordaba del muchacho como energúmeno. Fantaseaba: me pone en una pira y me quema. Cuando llegué era un bebé descompensado. -¿Doctor, le pasó algo? Que susto que me pegué, pensé que le había pasado algo-. Ahí el análisis se transformó. Siguió un año más conmigo. Luego se fue a otro país y se siguió analizando allá. Cambió absolutamente el análisis, inclusive también lo que le pasaba en la vida práctica. Ahora, ¿el cambio lo produjo el analista? No, lo produjo la lluvia como intromisión de algo real en el sentido de que había quedado absolutamente por fuera de su saber. Claro que en función de un anudamiento simbólico imaginario, en el cual ese incidente real, hizo reaparecer el huérfano que se escudaba tras su coraza. Para mí resultó tan inesperado como para él. Por supuesto yo no tenía la intriga que tenía él, que no sabía estaba llegando tarde porque no conseguía taxi. Pero produjo esto.

Creo que la cuestión se complica cuando uno cree que está soportando demasiado tiempo algo idéntico. Una cosa es la repetición y otra la reedición. La repetición es con diferencias, si hay repetición con diferencia entonces la cosa de algún modo marcha. Pero cuando hay reediciones y reediciones, hay que preguntarse qué pasa.

--Me acordaba de una frase del librito de Nasio Como trabaja un analista. Donde él en una parte decía, trata primero de despejar el motivo de consulta y de la demanda implícita. Si mal no recuerdo, creo que dice algo así. Me preguntaba cómo relacionarlo con lo que estamos hablando ahora. Y en qué medida conviene mantener... creo que vos ya algo adelantaste, que no se puede mantener mucho tiempo con reediciones. Pero ¿cómo se relaciona esto de despejar el motivo de consulta de la demanda implícita?

S.R: A esto es a lo que me refería en la primera clase con la cuestión de porque Lacan produce un parentesco en determinado lugar entre los médicos y los psicoanalistas, cosa que va a contrapelo de lo todo lo que cree la psicologización del psicoanálisis, incluidos algunos lacanianos. Está referido a esta cuestión. El motivo de consulta, ahora voy a tomar un término de Wilhelm Reich, en este punto y en este motivo me sigue gustando, el motivo de consulta es planteado desde la coraza del que consulta. La demanda explícita no es planteada desde el semblant. Creo que la coraza, todavía encubre al semblant, a la apariencia. El motivo de consulta siempre es planteado muy defensivamente. En la demanda implícita algo ya del orden del deseo se puede empezar a oler. No sé si Nasio se referirá a eso, pero supongo que sí. El motivo de consulta es un concepto más traído del psicoanálisis inglés, en cambio la demanda y la división entre demanda implícita y explícita, tiene más que ver con el psicoanálisis de Lacan. Me parece que se puede hacer esa diferencia y que es interesante. A veces lleva muchísimas entrevistas iniciales, que el hombre o la mujer se desarme. Se desarme en todos los sentidos de la palabra: deje caer su coraza, deje sus armas a un costado. Imaginemos ese momento del consultorio, como un saloon del far west, todos entran con las manos cerca de la culata de los revólveres y la mirada paranoica.

--Vos estabas hablando de que el significante era apariencia, y un poco toda esta cuestión del semblant y las apariencias. También hiciste referencia a la máscara. Si no entiendo mal el semblant es casi una función. Pero en qué sentido se engancha el significante con el semblant, ahí hay algo que ...

S.R: El significante no puede ser más que de apariencia, porque el significado siempre está perdido y convocando a ser reconstruido. Les hice un recorrido etimológico sobre desbaratao, en el cual llegamos a parar hasta los irlandeses de no sé que siglo. Donde habrá surgido la palabra mrato para decir negociar. Hubo una discusión fuerte dentro de la lingüística, dentro del propio Saussure. Porque él hablaba de la arbitrariedad del signo, al mismo tiempo que hablaba del signo como efecto de la articulación de los significantes. Benveniste resuelve la contradicción aparente. Lacan se apoya en él y lo apoya. Disecan la cuestión. El signo es arbitrario en tanto nombra algo. El signo es arbitrario en tanto en ese primer movimiento de que una palabra nombra algo, no hay nada, ninguna legalidad que indique por qué, esa palabra tiene que nombrar ese algo. Una vez entrado al comercio de los significantes, deja de ser arbitrario. Una articulación significante puede decir determinada cosa. Utilicé muchas palabras plurisémicas. Se los hago notar especialmente alrededor de desbaratao, con muchos sentidos, pero no todos. Con desbaratao no puedo decir todas las cosas del mundo.

En el primer sentido de arbitrariedad, el significante no es más que de apariencia. En el segundo sentido obedece toda una legalidad, no es arbitrario, pero que no deja de ser de apariencia. La apariencia nuestra tanto como la del analizante, se construye como un tejido de redes significantes que me representa y que lo representa. Pero tengamos muy presente algo: significante no es sinónimo de palabra, y mucho menos en Lacan. Esto es muy importante porque que vengo con el lacanismo desde un poco después de sus inicios. Acá hasta el 80 o el 85 entre nosotros, era muy común confundir palabra con significante, se usaba a ambos elementos casi como sinónimos. Esto originó situaciones desgraciadas dentro del movimiento, como que la inmensa mayoría decían que no se podía psicoanalizar niños. Niños chicos, se entiende. Entonces los niños chicos iban a parar a los kleinianos.

Por eso les decía lo de la observación. Porque para mi un determinado modo de mirar puede funcionar de enunciación. No por sí solo. Por sí solo es una letra nada más. Un determinado modo de sonreír, alguna respiración rara, una sudoración de más. ¿El otro día qué me pasó? Ah, nada del otro mundo. En determinado momento, alguien dice que el marido le había dicho algo de: ... de las papas cocinadas al rescoldo. A mí me llamó la atención. Porque en el barrio en San Pedro y San Pablo, hacíamos papas y batatas en las brasas, en la fogata. Por ahí, hacíamos también los chorizos en la fogata, en las brasas que quedaban de la fogata. Pero rescoldo, me produjo un efecto muy raro. Me llevó a recordar una canción patria que debo haber cantado en mi primera infancia. La que de alguna manera había usado esa palabra. Pero el hombre que usó rescoldo, no era un hombre de usar ese lenguaje habitualmente, era un muchacho de barrio. Habría dicho: má, sí, tirá la papa al carbón. Ahí ustedes tienen una letra. Cuando se articula en el contexto significante que antecedía y seguía a eso, esa letra empezó ya a “hacer su camino al andar”. O sea, a armar determinado significante.

Entonces la apariencia, tanto nuestra como del analizante, está construida por significantes, pero concebido el significante de esta manera.
Ya que me desafió los otros días Roberto Vecchiarelli, diciéndome: ¿cómo, no traes otra vez las letras, los discursos? El discurso del analista todos ustedes lo conocen = a/S2----$/S1. En determinado momento trabajando a partir del quinto discurso de Lacan, armé un discurso que llamé finalmente: el discurso de apertura la partida = a/S2---S1/$. Ustedes ven que es muy parecido al del analista, excepto que del otro lado, hay un significante Amo en el lugar del otro, y hay una producción de sujeto escindido (inconsciente). En el del analista hay un sujeto dividido en el lugar del otro y hay una producción de un nuevo significante 1. ¿Por qué, inicio de la partida? Porque todo el trabajo inicial del analista es para lograr el semblant que facilite, se produzca un sujeto. El consultante aun no viene en sujeto, viene en yo. Viene a contar toda la tragedia que pasó con la mamá, el papá, la hermana, los hermanos... Siempre hay algún hermano malo. En fin, todas esas historias. Hasta un momento que se produce algo. Entonces encontramos un efecto sujeto. Algo se ha quebrado en la red de significados y ha aparecido alguna letra que nos llevó a eso. La idea que tengo, no es estrictamente la de Lacan en cuanto a que el psicoanalista hace semblant de objeto a. Creo que para poder hacer ese movimiento de cintura que él mismo hacía en las entrevistas iniciales, nos colocamos en el centro del rombo, no nos colocamos desde el lugar del objeto. Lo escribo así = $a (la ps de psicoanalista) Porque si nos colocáramos puramente como objeto en falta, el analizante saldría corriendo. Nosotros tenemos que aparecer como que podemos llegar a ser eso, pero que aun no lo somos. Eso nos coloca, en ese lugar que no es ni el del sujeto ni el del objeto. Somos sí, una cierta vestidura. Algo que pasa: uy esa mina, qué parecida a aquella... Pero no es aquella, no hay caso. Hay algunos incluso que tratan de levantársela, para ver si... No lo van a lograr nunca, no es aquella. Con nosotros tiene que pasar eso también. Por supuesto que no vamos a ser nunca ese objeto del fantasma del analizante, Lacan tampoco lo pensaba, decía hacer de. Eso lo encontrará, siempre fallidamente en su vida real, pero no en nosotros, por lo menos mientras sostenemos nuestra función de analistas.

[1] Renuncia del ministro de economía Jorge Remes Lenicov

Capítulo Nº 12

El fin del análisis: Lograr un analista de producciones del Inconsciente

Trabajemos juntos, leyendo lo más a la letra que podamos el planteo más orgánico que hizo Lacan en relación al fin de análisis. Fue el de La Proposición del 9 de Octubre de 1967. Juan Carlos Mosca, Mónica Veli y otros colegas de Reanudando con Joyce, plantean que hay que tomar el Seminario 23 del Sinthoma, como un seminario que trata también el tema del fin de análisis. Creo que ellos tienen razón. Pero igual lo voy a tomar por el lado de La proposición.... Lo voy a tomar en parte cronológicamente y también tomando en cuenta como se armó el debate dentro del seminario que dio origen a este libro. Que discurrió con el espíritu que animó al intento de Lacan de articular fin de análisis con nominación de analistas. Es un tema realmente muy difícil para el movimiento psicoanalítico.

Lacan va tirando una serie de puntas en diferentes trabajos, sobre el fin de análisis. En La agresividad en psicoanálisis, plantea que al final el analista lleva al analizante al: tú eres eso. En Los cuatro conceptos, dice que al fin del análisis el sujeto vive su pulsión y encuentra su estilo. La cita no es literal, pero esa es la idea. E La Proposición... parte de, les voy a decir la traducción que a mí me parece que es la mejor, que tiene diferencias muy de detalles con la más habitual, pero que me parece que son detalles que tienen cierta importancia. La traducción sería: "el psicoanalista no se autoriza más que de sí mismo". O sea, mete esa modalidad gálica de utilizar la negación para ir a hacia una afirmación. La traducción más habitual es: "el psicoanalista sólo se autoriza de sí mismo". La modalidad gálica en este caso me interesa, porque plantea que: el psicoanalista no se autoriza, para inmediatamente plantear una paradoja, más que de sí mismo.

Roberto Vecchiarelli planteó que hay una aparente contradicción. Si dice: el analista se autoriza de sí mismo, sería contradictorio con la inaccesibilidad de sí mismo. Entonces, dándole una lógica a su planteo Roberto planteó: subrayo esto como momentos, instantes que uno se da cuenta como se mueve, que está funcionando como analista que a veces uno se sorprende a uno mismo. Dijo más adelante: de ahí me parece que desde que va surgiendo el autorizarse, desde una posición subjetiva más que de una relación al saber. En general comparto su planteo. Estoy de acuerdo en que el que se autoriza a sí mismo observa su ser expresado en acto y dice: está en condiciones de analizar. Voy por la fenoménica de nosotros los analistas y estoy seguro que los que están en ejercicio, se reconocerán en alguno de sus momentos. Hay tiempos en la formación de los analistas que duran más allá pasado el promedio de la formación inicial y hasta bastante avanzado el análisis, donde en un momento uno se pregunta: ¿pero esto que hago sirve? ¿Esto realmente cura? Inclusive uno tiende a deprimirse. Esto suele observarse también como efecto, en consultorios que entran a perder pacientes de una manera casi inexplicable. Cuando se conversa con los colegas uno se da cuenta que hay una coincidencia entre ese momento en que están perdiendo pacientes con el que se formulan esas preguntas y entran en ese estado de ánimo. Uno se puede preguntar ¿pero qué es primero, el huevo o la gallina? Creo que ninguno de los dos. Se trama una trama. Justamente porque de algún modo han ocurrido algunos fracasos en el trabajo de ese analista, es que a ese analista se le plantean dichas preguntas. Al planteárselo de esa manera se le plantean dos posibilidades depresivas ambas. Una: soy un mal analista. Otra: esto que hago no sirve. Estoy seguro que esto nos ha pasado a todos o por lo menos a la inmensa mayoría. Es más, cuando alguien no dice que le ha pasado esto, desconfío. Cuando dice: No, a mí siempre me fue bien. Me acuerdo de uno en este momento, al que le dieron el alta en plena elación. Recuerdo cuando me enteré que le habían dado el alta, pensé: pobre, en algún momento se va a dar la cabeza contra la pared, y vamos a ver que efectos le produce esto. Porque una cosa es cuando uno se encuentra con algún impacto de lo real cuando está volando tranquilo y otra cosa cuando uno está volando en la estratosfera.

Cuando a uno le está ocurriendo eso, no se está autorizando de sí mismo como analista. No es un problema de si cuelga la chapa o no. La chapa la colgamos todos, no nos engañemos, porque tenemos que comer tenemos familia queremos llevar adelante el oficio. Acá estamos hablando de algo más profundo que colgar la chapa. Por otro lado cualquiera de las dos Facultades básicas de que las que salen la mayoría de los futuros psicoanalistas, Psicología y Medicina dan título habilitante. Es cierto que algunos analistas vienen de Letras, Filosofía o Sociología, pero no es lo más común. Lo más común es que vengan de Psicología y Medicina. Cualquiera de las esas dos carreras nos autorizan a colgar la chapa y a macerarle la cabeza al primero que nos caiga en el consultorio. Es así, pero no es de eso de lo que se trata. De lo que se trata es de cuando justamente ya hemos tenido algunos errores.

Uno de mis primeros errores. Me mandan una dama que era muy joven y bonita, muy fóbica al sexo, que venía con esa indicación de parte del derivador. Lo tenía cortito a su hombre, en todo los sentidos de la palabra. ¡Impenetrable! Yo estaba de lo más curioso por comprobar las teorías de Freud sobre la sexualidad. Después de cinco o diez minutos de la primera entrevista le digo: ¿cuando tuvo sus primeras relaciones sexuales y qué tal le fue? No volvió más, como ustedes se imaginarán. Por supuesto, no quedé contento con la experiencia.

Después que pasa ese período llamémosle original, viene ese otro en el que uno tiene más experiencia y ha producido efectos analíticos. Sin embargo puede haber un momento fuerte de vacilación. Ahí me parece es donde se pone en juego lo de autorizarse. Estoy de acuerdo en ese sentido con el planteo de Roberto. Eso no se resuelve por la relación al saber académico. Algunos creen que sí, entonces estudian y estudian, pero los pacientes se siguen yendo del consultorio, siguen sin poder armar su consultorio. Entonces buscan algún trabajito subsidiario que les permita vivir, empiezan a aparecer síntomas de algún tipo de supuestos analistas que tienen al psicoanálisis como hobby, pero que viven de otra cosa. Pero el grueso no, el grueso transforma eso en tema de su análisis y se van transformando en analistas.

Recuerdo que en mi tercer análisis, ya no era ningún pibe, nunca fui pibe, bah alguna vez pero hace muchísimos años. Pero no en el análisis. Me acuerdo que mi dilema en esa época era que no podía pasar de las 34 horas semanales de trabajo. Más o menos en el 80 por ahí. Sesiones y sesiones que giraban alrededor de eso. Me acordé que mi papá a los 34 años tuvo un reumatismo infeccioso, de que le sacaron toda la dentadura y no sé cuantas cosas. Entonces yo estaba anclado al 34 en relación a otras cuestiones, no sé si en relación a otras cuestiones, no sé. Pero en realidad el análisis no cura porque uno diga: ah es eso! Por ejemplo, tenía fobia a la sangre. Cada vez que me sacaban sangre me desmayaba. Un buen día dejé de desmayarme. Tuvo que ver con el análisis, pero si me preguntan por qué, no tengo la más mínima idea.

Esta cuestión de que un psicoanalista no se autoriza más que de sí mismo, creo que tienen que ver con eso. Pero Lacan tuvo que plantearse ese problema, cuando él, que era Didacta fue expulsado de la Internacional. Se quedó sin respaldo institucional. Poco tiempo después de La proposición..., tres años después, en una jornada que hubo sobre el pase en la Escuela Freudiana de París, donde plantea que el pase no está andando, dice que se ha interpretado mal lo que él decía y que el psicoanalista no se autoriza más que de sí mismo y de algunos otros, agrega esta fracesita. Creo que se dio cuenta que había largado a un montón da kamikazes a creerse analistas. Este también es un problema, el yo se infla fácilmente y a la megalomanía se puede ir tan fácil como a la minusvalía de la depresión. Entonces, que alguien se crea que es analista no es nada fuera de lo común. Ahora, determinar si se está autorizando de sí mismo o lo que hay es una inflación narcisística, es algo a lo que sólo en el lazo social con el Otro el implicado puede aproximarse. Por eso lo mejor, es que la duda ocurra cuando se está en análisis.

Estos no son pequeños problemas. Fíjense que Lacan cuando empezó a ir a fondo sobre el tema del fin de análisis, hizo una crítica rigurosa a la concepción de Michael Ballint. Ballint no era cualquiera, era uno de los analistas más merecidamente importantes de la escuela inglesa. Además con aproximaciones muy interesantes y pioneras a muchas cuestiones, entre otras el trabajo grupal con médicos y enfermeros en función de analizar los efectos que producen en ellos sus tareas. Se puede leer sobre eso cuestiones muy interesantes en el libro de Benjamín Uzorskis, Clínica de la subjetividad en el territorio médico.

Lacan le criticó su planteo del fin de análisis como identificación al analista y con la elación como su síntoma. La elación como síntoma de fin de análisis, es opuesta a la observación de Melanie Klein sobre la tonalidad depresiva como indicio de finalización del análisis producto de la proximidad de separación con el analista. Melanie Klein plantea el fin de análisis a través de la posición depresiva, porque que se produce una pérdida en el fin de análisis, que al mismo tiempo que, hablando en términos de ella, favorece la integración de la personalidad llevaba a la depresión del paciente. Ballint eso la enfrentó.

Lacan no sólo en la Proposición... sino también en Los atolladeros de Michael Balint en el Seminario I, se lo critica. Y retoma lo de Melanie Klein. En La Proposición... habla de posición depresiva, toma el término tal cual. Es una temática compleja. Tan compleja que además un tipo tan inteligente como Oscar Masotta, que sin lugar a dudas fue el principal introductor de la obra de Lacan en Buenos Aires, luego jugaron un rol destacado también, Sciarretta y Macci, pero el gran introductor fue Masotta. Sin embargo, cuando presentó la Escuela Freudiana de Buenos Aires ante una asamblea la Escuela Freudiana de París dijo lo siguiente: "Si es que el psicoanalista se debe a sí mismo, habíamos entendido, es a él quien le corresponde determinar lo que eso quiere decir". Esa frase es terrible. Creo que marcó a fuego al movimiento lacaniano porteño. Éste en un territorio muy amplio de seguidores, es absolutamente narcisístico. Soberbio, pedante, intolerante, con lo que se suele ganar antipatías innecesarias. Creo que mucho proviene de esa frase de Masotta. Analizada a la letra, instala la cuestión del psicoanalista en el terreno de la deuda, pero en el terreno de una deuda absolutamente narcisística: se debe a sí mismo. Eso lo lleva a encerrarse: es a él quien le corresponde determinar lo que eso quiere decir. O sea que es la arbitrariedad más absoluta, es por fuera del Otro. Lo que no es lo mismo que la des-alienación del Otro, son dos cosas muy diferentes. Otra cuestión es la siguiente: ni a Freud, ni a los pos-freudianos, ni a Lacan, les quedó al margen que no había ninguna otra forma de decidir sobre la función del analista, que no fuera en una íntima relación con el análisis del analista. Desde ese hito común, cada uno tomó su camino. La Internacional lo burocratizó, haciendo que para llegar a titular hubiera que dar una serie de pruebas cada vez más de género académico y tener x cantidad de horas de vuelo y supervisión. Primero se era aspirante, luego adherente, después titular y “top” Didacta. Acá en la Argentina ahí por el año 78, condensaron al titular y al didacta. Después que se fue la gente de Plataforma, de Documento, etc. Quedaron con un problema, se les habían ido los principales didactas. Es un escalafón.

Me ha tocado analizar didactas de acá, no digo de cuál de las vertientes IPA. Me acuerdo de preguntarle, bueno: usted teóricamente está analizado, ¿para qué viene? La respuesta fue: no, no, ahora quiero analizarme en serio. Y efectivamente tenía pendientes problemas gruesos por como había transcurrido su análisis didáctico. Esto también tiene que ver con el camino que siguió acá en Buenos Aires el psicoanálisis. Pero les digo esto porque el problema con el llamado didáctico de la IPA fue que se burocratizó.

Lacan plantea algo genial: no importa con quién se analizó ni cuánto tiempo, lo que importa son los efectos. Desde ahí se plantea y piensa la cuestión del pase. Lo que propone sencillamente, es qué si alguien terminó o no su análisis hay que determinarlo por apres coup. No se puede decir por anticipado. He ahí, la cuestión clave. Es a partir de esa concepción que propone los dos jurados. El de confirmación, que no se juega tanto en relación al análisis, sino en relación a haber dado pruebas suficientes, o sea escritos, seminarios, charlas, etc. La institución reconocerá eso. Si el analista dio pruebas de formación suficiente lo reconoce Analista Miembro de la Escuela. Léanlo a la letra, porque ahí le están dando el título de analista y de miembro de la Escuela. En cambio en el movimiento del pase, el grado que se les da, es de Analista de la Escuela. También léanlo a la letra. Porque algo que ha pasado poco percibido es que los Analistas de la Escuela tienen la obligación de analizar y teorizar sobre la marcha del movimiento psicoanalítico. Cosa que a los analistas miembros no se les exige, a los Analistas Miembros se les reconoce la capacidad para practicar el análisis en intensión, a los Analistas de la Escuela se les va a exigir intervenir en el psicoanálisis en extensión. No sólo en el psicoanálisis en intensión. ¿De qué manera? Vayamos entonces a la Proposición... Dice: "El pasaje del psicoanalizando al psicoanalista, posee una puerta del que ese resto que hace su división es el gozne, (la bisagra) o sea que esta división que es la del sujeto, de la que este resto es la causa". Obviamente se está refiriendo al a como causa de deseo y en consecuencia de sujeto a éste. Se va a jugar el pasaje del analizando al analista en relación a esa bisagra que va a estar funcionando ahí. Digamos que eso es lo que él establece como axioma de la lógica que se va a desplegar.

Sigue: "En este viraje en el que sujeto ve zozobrar la seguridad que tomaba de ese fantasma en que se constituye para cada uno su ventana sobre lo real, lo que se percibe es que la aprehensión del deseo no es más que la de un des-ser, (desêtre)". Fíjense, parte del a, pero del a como causa dividiendo al sujeto. Luego les plantea que el sujeto toma su seguridad habitualmente del fantasma al que se refiere. Justamente lo que el análisis va a lograr es que zozobre ese fantasma y entonces el sujeto se enfrente a eso que causa su deseo que no es nada más que un des-ser. ¿Cómo podríamos decir de otra manera des-ser? Porque tampoco es no ser, pero sí es falta en ser. Eso sí podemos decir. “En ese des-ser, (en esa falta en ser) se devela lo inesencial del sujeto supuesto saber, de donde el psicoanalista por venir se consagra el agalma de la esencia del deseo...”. Paremos un poquito aquí. En esa falta en ser, se devela que no hay esencia de saber en el sujeto. Eso hace que ese psicoanalista que está por venir, que por ahora se está analizando, pero para que advenga un psicoanalista se consagra a analizar las vestiduras, el agalma. Ustedes recuerdan los que han leído el Seminario de la Transferencia[1], cuando Sócrates le dice al Alcibíades, no es conmigo es con Agatón. Él era sólo la apariencia de lo que Agatón buscaba y lo que éste buscaba, también era en definitiva otra vestidura.

Dice: "...dispuesto a pagarlo reduciéndose, él y su nombre, al significante cualquiera." Ahí de golpe, pega un golpe para decir, bueno: el que quiere advenir psicoanalista, justamente porque se encuentra con el vacío de su ser y el vacío de su ser lo toma, lo aprehende, hache intermedia, se va a poder reducir a ser un significante cualquiera. Es muy común, observen cualquiera de los otros oficios de la salud, que no se dejen insultar como nos dejamos insultar nosotros, o desconfiar como dejamos que desconfíen de nosotros, o pensar mal como dejamos que piensen de nosotros. Y no es porque somos santos en el sentido de que estamos buscando el cielo. En realidad el aprecio que sentimos por nosotros, es justamente porque no nos sentimos obligados por el peso de un lleno que no está. Eso nos permite disfrazarnos del significante que el analizando en su comienzo nos suponga.

"Dado que él ha rechazado el ser que no sabía la causa de su fantasma, en el momento mismo donde al fin ese saber supuesto, le ha devenido". Porque digamos, cuál es la causa de su fantasma? No es que la encuentre como tal, en el mismo momento que la encuentra la pierde. En los Cuatro conceptos..., Lacan toma el mito de Eurídice, recuerden: Orfeo va a salvar a Eurídice, la busca en las profundidades de la caverna, pero tiene una instrucción: no tienes que dar vuelta tu cabeza hasta que ella no haya salido. Cuando él ve la luz, se da vuelta y ahí la vuelve a perder. En relación a nuestro ser lo que nos pasa constantemente es eso, eso es lo que el análisis nos muestra, que nuestro ser no es consistente.

Más adelante dice: "Así el ser del deseo confluye con el ser del saber para renacer de él anudándose ambos en una banda hecha del único borde en el que se inscribe una única falta, la que sostiene la agalma". Fíjense que si el ser de deseo del analizando se articula al ser del saber, se entiende que inconsciente, -el único borde de banda es una referencia al que se recorre en la banda de Moebius y que en un único movimiento sin levantar lo que lo curse nos hace atravesar de una cara a la otra de la misma-. Ese único borde encuentra y encubre la falta, ya que su recorrido recorre imperceptiblemente las dos caras. Lo no percibido por quedar encubierto por ese borde que funciona tipo Agalma, y en consecuencia no sabido del recorrido, es lo que coloca en falta al ser del que recorre la banda. Dice: "La paz no viene de inmediato a sellar esta metamorfosis en la que el partenaire se desvanece al ser sólo saber en vano de un ser que se sustrae". Los pacientes creen que uno sabe todo sobre ellos y uno sabe muy poco, realmente sabemos muy poco. Una amigota del mercado sabe mucho más que nosotros sobre alguna amiga. Justamente, porque no es la función nuestra saber sobre los dimes y diretes de una persona, sino en todo caso trabajar con lo que aparece en falta en ellos. Por lo tanto nuestro saber hacer está referido a lugares y tiempos de emergencias de las faltas. Sabemos en vano[2]. Somos nada más que aberturas para saberes que advendrán para el sujeto. Sólo somos eso: agujero.

Esto, me parece muy importante, es la única vez que lo dice en toda su elaboración, y me parece muy importante. "Toquemos allí la futilidad del término de liquidación para este agujero en el que solamente se resuelve la transferencia". En general en psicoanálisis la mayoría de las escuelas hablan de la liquidación de la transferencia Lacan tiene razón, no hay liquidación de la transferencia, sino el sujeto quedaría totalmente por fuera del lazo social. Quien esté leyendo este libro, es porque por alguna razón está en transferencia con mis letras. Yo también, necesito entrar en transferencia con ustedes para transferirles mi transferencia con el psicoanálisis. Yo estoy sus preguntas y ustedes están esperando lo que les voy a decir. Ahora por supuesto, no es la misma la transferencia que se establece entre los lectores y el libro, que la utilización del poder de la transferencia por algún político o cualquier otro tipo de líder que monta escenas para cultivarlo. En esas circunstancias se puede captar la diferencia entre una transferencia resuelta y una transferencia salvaje como la que ellos utilizan.

"Veo allí sólo, contra la apariencia, denegación del deseo del analista." En lo de la futilidad del término liquidación, para la relación con ese agujero en el que se resuelve la transferencia, se manifiesta la denegación del deseo del analista. Es claro, si no hubiera agujero ahí no habría lo que causaría el deseo del analista. Esto es muy importante, tiene una relación muy estrecha con la cuestión de que la relación no es simple entre dos partenaires, entre dos seres vivientes, sino acomplejada por las relaciones de discurso que para eso se producen. Entonces, el deseo del analista no surge de los agujeros que causan los deseos del analista en sí, sino del agujero que se produce en esa relación con el analizante. Este punto es muy importante.

Luego da ejemplos que primero son complejos y sobre los que no especifica suficiente como para poder analizarlos a fondo[3]. Los transcribo al pasar. "Ya que hay quien, al divisar a los dos partenaires jugar como las dos caras de una pantalla giratoria en mis últimas líneas, no puede aprehender que la transferencia sólo ha sido siempre el eje de la alternancia misma". La relación no es entre dos partenaires, sino que toma la transferencia como eje, como relación de discurso. Agrega: "Así del que ha recibido la llave del mundo en la hendidura de la impúber,...". O sea, donde el niño o latente, se ha encontrado con la castración femenina alguna niña. "Así del que ha recibido la llave del mundo en la hendidura de la impúber, el psicoanalista ya no debe esperar una mirada, sino que se ve convertirse en una voz". Esto también me parece muy importante. No es que al final de análisis desaparezca el objeto, sino que se produce un movimiento en relación al mismo. El que estaba totalmente atrapado por la mirada, porque en realidad estaba atrapado por la imagen de aquel genital femenino que observó alguna vez; un síntoma, un indicio que el análisis ha caminado y está en otro punto, es si pasa la voz a ocupar ese lugar. La llave es el falo, si pasa la voz del analista a ocupar este lugar en vez de su mirada, hay un indicio de que algo importante se modificó.

"Y este otro que, niño, ha encontrado su representante representativo en su irrupción a través del diario desplegado con el que se amparaba el campo de esparcimiento de los pensamientos de su genitor, remite al psicoanalista el efecto de angustia donde él oscila en su propia deyección". Se está refiriendo a una escena típica más frecuente en las niñas pero no sólo, tratando de atraer la mirada del que no pasa de genitor a padre, en tanto habitualmente mira para otro lado por ejemplo un diario. Lo que los hace sentirse objetos deyectados. Algunos responden actuando “agresiva”, intempestivamente. Alrededor de esa escena va a volver repetidamente el análisis de esa niña/o y de la angustia que quedó de su lado.

"Así el fin del análisis conserva en sí una ingenuidad en relación con la que se plantea un interrogante de si se la debe considerar una garantía en el pasaje al deseo de ser psicoanalista". Dice que a su fin, un análisis conserva una fuerte cuota de ingenuidad. Tan trabajoso, tan doloroso, tan angustiante, tan... Que lleva tanto tiempo y demás. En definitiva ¿para qué? Para que ese ser parlante se pueda desprender de todas esas vestiduras que estaban sosteniendo su fantasma y encontrarse con eso que él llamó el des-ser. La carencia en ser. Alguien podría decir: ¿y para eso tanto lío? Antes había hablado de pacificación. Efectivamente produce una pacificación de un orden particular. No porque no se nos vayan a morir seres queridos, no porque no vaya a haber separaciones u otros disgustos familiares, amistosos, de trabajo o enfermedades. O encuentros con la muerte a la vuelta de esquina. Que a uno le resbalen esas cosas, sería una tontería. Lo que pasará es que lo transcurrirá desde otra posición, desde otro lugar. En definitiva, quien está siempre ligado a su fantasía llena de oropeles y vestiduras, a lo que está ligado es a lo que cree que puede tener y sabe que no tiene, ese es el dolor y la angustia mayor de ese sujeto. Es muy distinto de aquel que capta que en realidad son solamente oropeles y no lo esencial de esa levedad del ser, retomando la bella frase de Milan Kundera, que a cada uno nos habita y que soportándola, nos permite vivir un poco más tranquilos.

Pero subrayo en esa frase: con lo que se planteó el interrogante de que si se la debe considerar una garantía en el pasaje al deseo de ser psicoanalista. Se está planteando que no tiene claro si el fin de análisis garantiza que se instale el deseo del psicoanalista. Deja un interrogante. Que después nosotros hayamos hecho una ideología de eso y la hayamos creído, es problema nuestro, pero él lo dejó como interrogante.

"De quien podría si esperarse un testimonio justo sobre aquel que franquea este pase...". En realidad habría que decirlo en pregunta: "¿De quien podría si esperarse un testimonio justo sobre aquel que franquea este pase sino de otro que como él lo es aun este pase? Es decir, en quien está presente en ese momento el des-ser en el que su psicoanalista guarda la esencia de lo que le ha pasado (passé) como un duelo,..". Ahí retoma lo de Melanie Klein, "...,sabiendo así, como cualquier otro en función de didacta, que a ellos también se les pasará (passera)". Ahí hace un juego de palabras. Claro, los primeros encontronazos con la propia inconsistencia son dolorosos. Ustedes saben que duro tiene que ver con dolorosos. Son dolorosos. Cuentan de algunas experiencias en el París de tipos que andaban hechos zombis por la calle. Creo que además algunos jurados se metieron con psicosis no desencadenadas, es más, las desencadenaron. Pero si es un neurótico más o menos común, se le termina pasando, en definitiva se termina identificando a su falta de ser.

Ya fuera del texto de Lacan retomo, los planteos de los colegas de Reanudando con Joyce, cuando plantean la hipótesis sobre que el Seminario del Sinthoma es un seminario sobre el final de análisis. Creyendo seguir al Lacan de ese seminario, creo que el sinthoma, el cuarto nudo, es el que anuda el punto donde falla el anudamiento de los tres en cualquier tipo de estructura. Por lo tanto, efectivamente opera sobre fallas. Ninguno de nosotros cuando terminó su análisis se puso en bolas y salió a caminar por la calle, diciendo: no existo, no existo. Sino que cada uno siguió acostándose con su señora, o con la amante, comiendo, ejerciendo su profesión, cuidando a sus hijos, etc., etc. Se produce nudos sobre puntos de falta en ser. Sino sería esa ilusión que cada vez se escucha menos, pero que hace quince o veinte años se escuchaba mucho, de que lo simbólico podría totalizar y que si lo simbólico totalizara, todo andaría mejor. Eso es ignorar que simbólico, imaginario y real es una estructura, imposible de que no esté. Cuando no está va a la esquizofrenia su fase de demenciación, cada vez menos frecuente gracias a los psicoanalistas u otros terapeutas bien orientados y a los psicofármacos de última generación. En la Paranoia y en la Melancolía, aunque sea anudada por el delirio, la estructura de tres se sostiene con ese cuarto. Lo que dichos colegas dicen, si los interpreto bien, es cierto. Hay una cierta continuación en dicho seminario con el trabajo de la temática del fin de análisis. Porque justamente es el sinthoma el que hace que se nos pase el pase, no en el sentido de que no haya más pase, sino en ese punto del des-ser, tan angustiante, doloroso, deprimente, etc. "Quien podría mejor que este psicoanalizando en el pase autentificar allí lo que ya posee de la posición depresiva". Insisto, ahí es donde Lacan toma textualmente a Melanie Klein. "No exponemos así al viento nada de lo que es posible darse la apariencia si en ello no se está". Cuando alguien viene con falsa modestia, un analista puede darse cuenta que viene con falsa modestia. Si viene con soberbia, que viene con soberbia. Es muy distinto que el viene pinchado, pero no en el sentido melancólico donde en realidad se cree un genio incomprendido y eso se nota también, sino el que viene... qué se yo... ¿Conocen el cuento del asadito de los santiagueños? Uno está haciendo un asadito, pasa un tipo muy rico y le dice:
--¡¿Cómo usted perdiendo el tiempo acá haciendo un asadito?!
--Sí, estoy tomando unos mates acá con mi hijo...
--Por qué hace eso?
-Bueno, porque me gusta...
--¿Bueno y ya que sabe hacer eso por qué no pone un puesto de choripanes?
Se las hago corta. El rico imaginó al santiagueño, que terminaba teniendo una cadena de restaurantes.
--¿Y para qué todo eso?, le replica el santiagueño.
--¡Y..., así tiene tiempo después para comer un asadito tranquilo y tomar unos mates con su hijo!

Esa es la diferencia entre el des-ser y el estar jugado absolutamente a un supuesto ser.
El santiagueño le dice: ya, estoy comiendo el asadito.

El santiagueño. No está psicoanalizado, llegó por su propia cuenta. Es lo que a veces cuento de Atahualpa Yupanqui, llegó por su propia cuenta, él no se psicoanalizó jamás. Como él varios que podría nombrar. En Borges había algo de eso. Porque esa es la otra cuestión Ya que nombré a Yupanqui y a Borges, no es que el psicoanalizando que pasó a psicoanalista terminó con su psicoanalista, terminó su psicoanálisis, etc., resultó un superman, sin ningún problema, ni defecto, ni cuestión; eso sería justamente volver a creer en la consistencia del ser. No, cada uno va a arrastrar lo suyo, pero va a encarar de otra manera sus repeticiones y lo real de su vida en general. Estas condiciones son fundamentales para multiplicar la eficacia en el ejercicio del oficio de psicoanalista. Ustedes recuerdan que cuando le preguntan a Borges cuál ha sido su peor pecado, él decía: no haber sido feliz. Lo decía en serio. Como se habrán ido dando cuenta, no se puede regimentar qué es un fin de análisis. Comparto absolutamente lo que dijo Ricardo Estacolchic en su artículo publicado por http://www.psyche-navegante.com.ar/ “Si hay un código de fin de análisis entonces no es un análisis, no se puede codificar. Si la gente entra para lograr tal cosa eso no es un análisis. “Comparto ese razonamiento lógico, preciso y sencillo de Ricardo.

Alejandro del Carril: Una cuestión que se me ocurrió la otra vez leyendo la Proposición del 9 de octubre. Porque vos generalmente planteas la cuestión del fin de análisis, en relación a que el sujeto pueda analizar las formaciones del inconsciente y sus repeticiones, que su inconsciente siga produciendo. Por otro lado, ahí Lacan plantea la cuestión del pase del psicoanalizando a psicoanalista, que habría un plus sumado a lo otro o vendría por otro lado. La cuestión de identificarse al des-ser y dejarse tomar por el significante cualquiera. Porque ahí habría una diferencia. Aquel que termina un análisis y se dedica a cualquier otra cosa no necesita llevar a cabo esto de dejarse tomar por un significante cualquiera, sino solamente por sus significantes. Después, si esto podrá tener algo que ver, ahí va como pregunta, qué pasa con los que trabajan como analistas producen efectos en los análisis que conducen y no han finalizado su análisis. Si se da algún pase ahí que le permite a este analista a identificarse a su falta de ser y dejarse tomar por el significante cualquiera.

Sergio: A mi me pasó una cosa curiosa que por ahí es sólo personal. Que considero, por ahí me puedo equivocar, que han terminado su análisis conmigo, dentro de los pocos que lo han terminado, muchos más no analistas que analistas. Eso me llama mucho la atención, la verdad es que no tengo respuesta, es más, tiendo a pensar si será una cosa mía. Curiosamente, esa gente no se ha planteado la cuestión de cambiar de oficio, esa fue muy interesante. Un ejemplo es el caso que planteé en todo el seminario. Esa mujer siguió en su posición de vivir de su profesión, trabaja políticamente y ahí tiene puestas todas sus fichas. Otro es un hombre digamos del medio artístico. Otra persona, a mi me sorprende, tiene una agudeza notable a esta altura para analizarse y para analizar. Es una persona muy vinculada a cuestiones que tiene que ver con la antropología y a las lenguas, es muy impresionante la captación que tiene, los análisis que hace. Con respecto a ella misma muchas veces, me quedo callado a propósito y la dejo que vaya por sí misma. En el análisis mismo de sus sueños va muy rápido, ha variado mucho su posición subjetiva, síntomas de lo que ella se quejaba se han transformado o han tomado otra forma. A veces le hago un chiste, usted sería una buena analista, me gustaría traerla para el oficio porque sería un aporte, pero no quiere saber nada. A nosotros los analistas se nos agrega algo que tiene mucho que ver con los actores. Vos mismo presentaste el reportaje de Gassman y Mastroiani y lo de la caja vacía. Hoy uno de mis hijos que es actor, me citaba una cosa que les decía Augusto Fernández y que es muy aplicable: no hay buenos o malos actores, hay buenos o malos trabajos. Me parece una perlita.

Me parece que con los analistas no hay buenos o malos analistas, uno tiende a creer que son mejores tales y peores aquellos, que tales trabajan mejor con tal tipo de pacientes. Pero quiero decir, vuelvo a la pregunta de Roberto Vecchiarelli, los define el trabajo que hacen, el trabajo que hace que produce al analista y no el analista produce al trabajo. En ese sentido la cuestión de poder identificarse al significante cualquiera, no es sencilla, a nosotros tal vez nos empieza a parecernos, porque estamos acostumbrados a hacerlo. A veces le digo en broma a Laura, debo ser loco, completamente loco, porque me doy cuenta que termina una sesión y empieza otra, y soy totalmente distinto, y no es que me estoy disfrazando. Estoy entrando en esa órbita, es como si el paciente me hiciera.

Comentario: El cambio es otro instrumento.
S.R: Es así. Creo que tiene que ver con eso. Sabés que se discutió bastante esto porque en una época se decía, bueno así como lo planteó Lacan un carnicero puede ser analista. No, un carnicero no puede ser analista por más que haya llegado al final de su análisis. Si quiere ser analista, va a tener que estudiar además una serie de cosas, va a tener que pasar por una serie de prácticas, y por una serie de pruebas. Pero sí, ese carnicero puede llevar una vida muy distinta a la que llevaba antes. Ahí entra un problema clave, porque esa es la dificultad clave que tenemos en este momento.

Les cuento ahora una discusión privada vía mail que tuve con una colega, que no la voy a nombrar. Escribí un artículo que está en una de las revistas Imago Agenda, sobre el tema del didáctico, de la supervisión. En el artículo en algún momento planteo así al pasar, que es mejor tener algún título. Colega que me conoce hace muchos años, a quien yo no conozco en su práctica, pero sí como intelectual psicoanalista, en el sentido de una persona que ha producido mucho, que es inteligente, que es laboriosa, tengo un gran respeto por ella. Me manda un mail muy enojada, diciéndome que no esperaba que yo dijera eso, porque entonces qué pasaba con gente como ella que no tenía un título habilitante. Le dije: esa pregunta no te la puedo contestar, porque no soy tu analista. Si vos me preguntás como amigo, como conocido, te diría: mirá, si podés tratá de conseguir un título habilitante. Te guste o no, si tenés alguna acusación de mala praxis y no tenés título no va ser lo mismo, que tener un problema similar y tener título. Porque si no los psicoanalistas parece que discutiéramos en el aire. Claro, la gente se toma de lo que fue un momento fundacional, el de Análisis profano[4]. Un trabajo de Freud. Pero fue un momento fundacional. Creo que recién ahí Freud advirtió que el psicoanálisis no era médico. Que le hayan hecho un juicio a Theodor Reik, le hizo a repensar toda la cuestión del psicoanálisis. Hasta ese momento Freud hablaba del médico en sus escritos de técnica, cuando se refería al psicoanalista.

Comentario: Consejos al médico

S.R: Claro, consejos al médico por ejemplo. Cuando se le viene el juicio sobre Teodor Reik, tuvo que pensar a fondo y darse cuenta que el psicoanálisis tiene poco que ver con la medicina. Entonces, pasó a hacer es una defensa del psicoanálisis como tal, pero imaginando que tal vez se podría llevar el psicoanálisis a la universidad. Inclusive imaginó con qué materias. Los psicoanalistas tendemos a creernos la excepción, como que nosotros no tendríamos porque rendirle ninguna cuenta a la sociedad de lo que hacemos. Eso es muy complejo. También es cierto que esa idea servicial sobre la sociedad que tienen algunas profesiones, donde creen que la sociedad puede decidir sobre todo es una necedad. La otra vez salió no me acuerdo en que juicio, que un juez tomó un decisión no me acuerdo sobre qué cosa. Vos (Ethel Greizerstein) estuviste a punto de contestar en Clarín, porque un juez tomaba una decisión no me acuerdo sobre qué, asesorado por alguna bestia forense...

Ethel: Un paciente que quería hacer juicio por una medicación inadecuada.
Ah claro, porque era un TOC, un trastorno obsesivo compulsivo, ahora me hiciste acordar, hablando en lenguaje del DSM IV, un TOC. El paciente le reprochaba no haberle dado medicación. Si eso lo enfrenta un médico o un psicólogo, es una cosa. Recuerdo que a la colega que les contaba antes le aconsejé: mientras no tengas un título habilitante, te aconsejaría no tomar pacientes graves. Porque es así, si un tipo se sube a una ventana y se suicida, hay que cargarse lo que pueda venirse judicialmente.

Comentario: Además, ¿como sabés si el paciente es grave o no?
Otro comentario: Claro, hasta que no empieza el análisis...

Sergio: Bueno, pero puedes tener cierta idea. Creo que es mejor que la gente tenga su título. Al mismo tiempo, creo lo mismo que Freud, que no es la academia la que puede dictar quién es un psicoanalista y quién no. Porque justamente, el eje de la formación del psicoanalista es su análisis y no los exámenes que da. En ese conflicto es en el que nos estamos moviendo.

Comentario: Ahí el analista siempre opera como un infiltrado

Sergio: ¿Cómo?

Sigue el comentarista previo: Claro, opera como infiltrado de otras profesiones, con la chapa de psicólogo, de médico...

Sergio: ¡Y sí! Pero también hay un problema nuestro, no hemos sido capaces... No, no es que no hemos sido capaces, por ahí es imposible. Freud hablaba del psicoanálisis como la tercera profesión imposible.

Comentario: No tiene una solución, el catálogo de los catálogos, el teorema de Russell.

Sergio: El catálogo de todos los catálogos... no tiene solución. No existe aquel catálogo capaz de incluir al propio catálogo en una biblioteca catálogos que no se incluyan así mismos. Si incluye a todos, trasgrede la consigna y si no se incluye la biblioteca quedará incompleta. Es imposible. Creo que frente a esto estamos en un imposible donde podemos seguir debatiendo, pero no... Creo que el teorema de Russell como el de Goedel provocó modestia en las ciencias exactas.Ya no se creyeron ciencias absolutas. Ojalá nos lleve a nosotros a ser más modestos.

Comentario: No atribuirse tener la verdad...

Sergio: Exacto, lo que nos lleva a ser más modestos, el significante cualquiera, creo que vale la discusión pero no tiene solución o sino, es muy difícil, yo aún no la avizoro.



[1] De Lacan
[2] En el sentido tanto de desechable, como de vano de una abertura = “9. m. Arq. Parte del muro o fábrica en que no hay sustentáculo o apoyo para el techo o bóveda; como son los huecos de ventanas o puertas y los intercolumnios.” Diccionario de la Real Academia Española. Tiene sus equivalentes en francés.
[3] Seguramente se trataba de posiciones suficientemente conocidas en su círculo de seguidores de entonces.
[4] Freud a partir de la defensa de Theodor Reik

Capítulo Nº 11

Por qué creo que Lucía terminó su análisis

Qué pasó con sus síntomas.

A veces se escucha a algunos colegas dar una idea de los finales de análisis tomando la formulación de Lacan sobre la identificación al síntoma, sería algo así como en aquel viejo cuento: me sigo meando pero ya no me importa. No concuerdo con ellos. Sí es cierto, que uno toma otra distancia con respecto a ciertos problemas personales. Pero no en el sentido de: me sigo meando pero no me importa.

Esta señora, en los 12 años en que se analizó conmigo formó su segundo matrimonio de un modo muy diferente a como había armado el primero. En primer lugar, con un objeto erótico muy distinto a su primer marido. En ese segundo matrimonio, en que el análisis se desarrolló atravesándolo casi por completo, ella transcurrió situaciones complejas que le fue presentando la vida y que resolvió sin ceder en sus deseos y sin hacer de ellos ley para los otros. Acá estaciono un poco. Porque ese es otro tema importante a tener en cuenta y a mover en las conversaciones. Como Lacan en el Seminario La Ética en psicoanálisis planteó que sólo se siente culpable quien cedió en su deseo, hubo y creo que aún hay un sector del movimiento lacaniano, que tiene la idea que un análisis es exitoso cuando logra que cada uno haga lo que quiera. Lo digo así en términos sencillos. Y esto pasó y pasa también entre post-freudianos pre lacanianos. Me acuerdo, por ejemplo, de alguna gente que estaba en la APA de los años 60. Unos cuantos de ellos entraron en el juego de las camas redondas, el intercambio de parejas, el consumo de drogas, etc. En nombre de que estar bien analizado era llegar a la libertad total. Inclusive me tocó re analizar algunos de esos colegas cuando ya estaban..., no les digo de vuelta, porque uno de ellos no estaba para nada de vuelta y otro empezó a volver de eso en el análisis conmigo. Recuerdo los efectos desastrosos que produjo en ellos en primer lugar y en algunos de sus hijos. Efectos muy complejos, muy complicados para ellos y sus descendencias. Analicemos porque, no ceder en el deseo, no quiere decir “hacerlo”, sino que quiere decir: no ceder, que no es lo mismo. Lo que va ocurriendo con el deseo en la medida que va siendo analizado (o también por acontecimientos de la vida), es que puede ir cambiando de vestiduras a los “objetos” en falta, puede ir cambiando de fines, puede ir tomando vericuetos diferentes en cuanto a como acercarse a transformarlo en modalidades de goce (entre ellas, las sublimatorias) pero no es lo mismo que hacerlo tal cual. Hay algo que pareciera ser olvidado: el deseo es absolutamente asocial. El verdadero deseo, el deseo inconsciente es asocial, no tiene en cuenta al (O) otro. El deseo como tal, parte de la causa. Lo que tiene en cuenta al otro es la demanda, y sabemos que la demanda, al mismo tiempo que vehiculiza al deseo, lo vela, lo reprime. La demanda sí tiene en cuenta al otro porque precisa negociar con él, pero el deseo como tal no. Si fuera una sociedad donde todos hiciéramos lo que se nos canta, la especie humana duraría poco. Éste me parece un punto importante que en Lucía se hizo muy presente.

Otra cuestión ligada a esto, es que se asentó por muchos años en su amor por ese nuevo hombre que había aparecido en su vida. Se desplegó en su pasión por la política, y se mantuvo, pero cambiando de bando en función del amor por su nuevo marido y de su desilusión con respecto a los ideales anteriores. También de volverse más pragmática y cercana a sus antecedentes.

Varió muchísimo también, en la relación con su sexuación y su goce erótico. ¿Por qué digo estas dos cuestiones articuladas pero separadas a la vez? Porque en el terreno de lo sexual, ella se había identificado a una posición femenina pero con respecto al marido anterior tomaba a su cargo una cantidad de funciones que habitualmente están a cargo de quien supuestamente representa el hombre en una familia. En la medida en que se fue desarrollando el análisis y la relación con ese nuevo marido, se fue produciendo un desplazamiento en ese terreno. Pasó, dicho en términos sencillos, a funcionar mucho más como mujer y menos como hombre. Se lo facilitó que había un hombre que sé hacia cargo de las cosas de las que se tenía que hacer cargo un hombre en la casa. Eso, aunque no sólo, repercutió muy evidentemente en el goce erótico de Lucía. Suele escucharse que el análisis que va produciendo un “vaciamiento de goce”. Si se les pregunta a muchos de los que lo dicen ¿que es eso, que quiere decir? no pueden dar cuenta. Como entiendo esa frase, que suele estar sacada de contexto, lo que se produce es una re-distribución de goce. Por lo tanto un vaciamiento de determinadas posiciones y una re-orientación a otras. En esta mujer esto se tornó muy evidente en el goce erótico, el goce femenino de ella en las relaciones sexuales; pero también muy evidente la articulación que tenía a este desplazamiento que se había ido produciendo a través del análisis, en las funciones que ella ocupaba como mujer dentro de su casa.

Otra cuestión muy importante que fue variando, fue su relación con los hijos, y especialmente con el mayor. Fue aflojando el desplazamiento que volcaba sobre él su agresividad como consecuencia de la agresividad que no hacía operar contra el ex marido, por su dificultad de posicionarse en relación a saber quien había encarnado la función del Nombre del Padre que le dio origen. Por haber estado entre un padre débil (el de los documentos) y una figura fuerte pero no registrada decididamente como padre. Este drama en el que ella estuvo situada durante tanto tiempo, luego lo expresó en la vida práctica, no exigiéndole al ex marido que cumpliera con las funciones que le cabía cumplir como padre de sus hijos, al mismo tiempo que se enojaba con el hijo por la identificación que iba haciendo con su padre, o sea con el ex marido de ella. Es evidente que este ex marido, después que conocimos el conjunto de la historia, era muy metonímico con el padre de los documentos. Padre débil, padre cornudo, etc. Mientras que el otro, tenía rasgos parecidos al que se le apareció como una fuerte figura paterna. Pero que hasta muy avanzada la vida nunca afirmado legalmente como padre y tampoco legitimado en ese lugar. Quedando ella con la duda hasta los finales del análisis. Recién a los 14/15 años se había desarrollado esa complejidad de articulaciones en las imagos parentales que luego de un modo u otro aparecieron en la articulaciones sexuales, en las relaciones amorosas de esta mujer. Esta es una cuestión: los síntomas.

Otro terreno que me parece importante evaluar es el de los movimientos y límites en sus posiciones como sujeto. Tal vez sea el terreno mas interesante de trabajar. Es el terreno donde los efectos del análisis aparecen (uso la palabra a propósito, por apariencia) menos visibles, menos registrables. Los cambios de posición del sujeto.

Una vez hacia un chiste en un seminario (y es cierto), conozco a gran parte de los que tienen posiciones de liderazgo dentro del movimiento psicoanalítico lacaniano y no lacaniano de Buenos Aires, con algunos nos conocemos desde hace 40 años o más. Desde que éramos estudiantes. Y con aquellos que han pasado fuertemente por el análisis (porque hay otros que trabajan como analistas, pero que nunca han pasado fuertemente por un análisis) es muy impresionante la sensación. Porque es como que uno esta hablando con el que conoció y parece idéntico a aquel, pero sin embargo hay algo que es absolutamente distinto. Por eso digo que queda medio velado lo que se ha producido como cambios de posiciones. En ese sentido el que puede dar cuenta sólo es el propio sujeto, no la mirada del otro.

El re-posicionamiento: Lucía terminó situándose con ideales políticos y morales diferentes y hasta opuestos a los míos. Ya les conté durante el trayecto del Seminario que esa fue una de las dificultades más grandes para mí, no es con la única paciente que me ocurrió ni mucho menos, me sigue ocurriendo. Pero lo advierto en el sentido en que ahí sí, no hay que ceder en el deseo del analista (parafraseando la frase de Lacan). No es una cuestión de proponérselo a simple conciencia, a simple voluntad. Lo que a mí me ayudaba a no ceder, eran las lecturas de lo que iba ocurriendo en el desarrollo de ese análisis. Ellas me permitían advertir como muchos de esos movimientos que se le iban produciendo, se encadenaban formalmente a lo que había mamado en su infancia (por ejemplo la trasgresión de las leyes sociales). Pero uso mamado a propósito. Pongo a la madre en el medio porque así fue. Además meto lo que fue su actividad fundamental durante su infancia. Fue su sopa de letras. Los argentinos tenemos la suerte de poder usar esa alegoría. La sopa de letras con la que se alimentó, fue esa.

Hay algo que me impresiona mucho ahora que ha pasado el tiempo y que estoy mucho más viejo y tengo otra mirada sobre mí y los que me rodean. La cuestión reside en que los seres humanos parecemos muy parecidos, en todo caso las diferenciaciones que solemos hacer son a pincel grueso, que fulano es más paciente, que sultano es más cabrón, que perengana es mas pizpireta que en cambio la otra se cuida menos ..., pincel grueso. Pero cuando uno ha pasado muchos años trabajando como analista, se da cuenta que cada sujeto a pincel fino, es absolutamente distinto al otro. Y que esa diferencia tiene estrictamente que ver (retomando a Freud) con las series complementarias, o sea con lo filogenético lo ontogenético y el trauma, que plantean los límites mas allá de los cuales cada análisis no va a poder ir. Ahora, eso uno no lo sabe cuando empieza un análisis, pero sí uno debe evaluarlo cuando aparece la cuestión de una interrupción de análisis. ¿Podía ir mas allá, o no? Con Ricardo Estacolchic hablábamos mucho sobre el tema del fin de análisis y de los análisis de los analistas. A ambos nos preocupaba mucho, porque habíamos tenido experiencias importantes sobre las complicaciones que hay con muchos colegas en esos terrenos. Además porque habíamos llegado a una percepción común de que, son muy pocos los analistas que llegan al fin de sus análisis. Un 3, un 4%, no mucho más. Y evaluábamos que en condiciones de analizar quedaba un 10, un 20%. Al mismo tiempo trabajábamos también, y caso por caso, sobre que era lo que hacia que se produjera ese fenómeno tan fuerte. Lo que advertíamos era un entrecruzamiento entre los límites subjetivos del analizante y los límites del analista.

Este tema es importante, al analista que lo apasiona el psicoanálisis y recordando que funciona como instrumento, no está mal que recorra mas de un analista. Dos, tres, no esta mal, todo lo contrario. Con lo cual es evidente que rompo con una de las ideas que hay dentro del movimiento psicoanalítico. En IPA, con analizarse 4 años y medio, a un ritmo de 4 veces por semana, con un tipo que haya sido nombrado didacta, ya se lo da en condiciones de ser analista. Y no es así, puede haber quedado o no, en posición de analista.

Porque la cuestión está en la red de cadenas borromeicas en que nos criamos, como reaccionamos a ellas, qué posición subjetiva elegimos. Hay que tener en cuenta también que luego de atravesar la sexualidad infantil y el segundo despertar sexual de la pubertad, no hay un más allá. Los insumos básicos se establecieron. Lo que hacemos es trabajar con eso, no vamos a aportar otros. Trabajamos con lo que cada uno ya trae.

El trabajo del psicoanálisis se lleva a cabo a partir de esos insumos y su producto final responderá a contingencias varias. El psicoanalista no es un evangelista ni un pedagogo. Esto causa gracia, pero puedo darles ejemplos sencillos que los pueden palpar en la conversación con cualquier colega. Cuando un colega dice “fulano me llega tarde a todas las sesiones, entonces le puse un límite”¿Por qué le va a poner un límite? Antes tiene que tratar de entender de que se trata eso. Se puede pasar años sin entender porque llega tarde a todas las sesiones y por ahí hasta va a terminar su análisis llegando tarde a todas las sesiones, y el tipo se va a haber curado mucho mejor que algún otro que fue puntual todas las sesiones. Igual con respecto al manejo del dinero. Cuando uno empieza a escuchar las indicaciones que hacen algunos analistas, uno se da cuenta que tiene que ver con el narcisismo del analista, porque al que le molesta que llegue tarde, al que le molesta que falte, al que le molesta que le pague tarde, etc., etc., es al analista.

Entonces no tiene que ver solamente con una cuestión del inconsciente del analizante. Sí, en última instancia, tiene que ver con el yo del analista. El analista no se propone reformar a nadie, el analista lo que se propone, es que cada uno haga con los insumos de que dispone lo mejor que pueda en función de sus deseos y sus goces. Del resto que se ocupen los padres, docentes, parejas, jueces, etc., no nosotros.

Sobre esta paciente, en una discusión que tuve con un colega muy conocido, me decía “vos no podes pensar que esa mujer llegó al fin de análisis si tomó la defensa del menemismo en tales juicios”. ¿Y qué tiene que ver? ¿Por qué no?
Dicho hablante ser reconocía su ubicación en ese punto de cierta trasgresión, el lugar que fue a la vez, más fuerte y más débil de su eslabonamiento al Nombre del Padre. Ese fue el punto sensible de todo el análisis, y fue absolutamente paradojal, porque fue donde estuvo más anclada, de donde salió mas anclada, y a la vez fue el punto más frágil, fue el punto donde se podría haber quebrado la cadena.

El hecho en el lecho la fundó de un modo trasgresor desde el punto de vista social. En esa misma operación, a través de cómo circuló luego el mito familiar, le fue dado esa insignia para identificarse a su representante, al S1 que la representaría a ella.

Esa es otra cuestión. Nosotros tenemos que salir del discurso de la modernidad que cree que se puede enseñar a los chicos dándole explicaciones, haciéndole aprender cuestiones, dándole penitencias, etc. No porque no haya que darlas, ese no es el punto, sino que los chicos aprenden profundamente según cómo atravesaron las series complementarias. Recuerdan la descripción que hace Lacan de los 3 tiempos del Edipo en Formaciones del inconsciente, es en ellos donde cada uno de nosotros habrá adquirido por acción o por reacción sus blasones, sus insignias del nombre del padre que nos privó del acceso a la madre, que en ese sentido nos castró a nosotros y a ella y nos abrió el acceso a la Cultura. Es lo que se desprende del regalo final del helecho.

En el terreno del fantasma. Si me preguntan cuál es la frase del fantasma de Lucia Luciano, respondo: no sé. Tengo la impresión que nunca se la dije durante todo el análisis y que además no logro construirla actualmente, pero sí captar en que zona se movía el fantasma de ella. Ahí volvemos nuevamente a su identificación a la oscilación ética (matrizada por el balanceo riesgoso en la ventana), piensen que esa escena, la más temprana que ella recuerda, contenía ya los elementos básicos. Uno es el balanceo, otro es el riesgo, otro es la trasgresión. Estaban ahí, contenidos los tres elementos. También desde ahí, se sostenía su relación con la madre y el padre biológico y luego con el disimuladamente adoptivo. En ese balanceo, se habían constituido en tales para ella. Esa cuestión me parece que es la clave que la empuja a su segundo análisis. Recuerden que había tenido un primer análisis con una colega. En tanto y en cuanto la pretensión de Rudoni que lo acepte como novio para empezar a preparar una vida matrimonial, la empujó en ese fantasma y le produjo una gran conmoción angustiante que la hizo venir al segundo análisis. Esa salida fue justamente la que sus padres no habían efectuado. Pueden estar pensando, “pero ella ya se había casado con el anterior, por qué no se le conmovió el fantasma ahí, por que no fue a ver a un analista ahí...” Primero, no sé. Porque no conozco bien que pasó en el análisis anterior. Pero además, lo evidente es que la pasión amorosa a ella se le desató con este hombre, y no con el otro. Por lo tanto el casamiento con el otro, ya de por sí tenía un rasgo que la acercaba al casamiento del padre de los documentos y la madre: que era la falta de pasión. En cambio acá, el que estaba apasionado por ella y ella apasionada por él, la intimó a legitimar y legalizar la situación. Ese fue el punto que la devolvió al análisis. Creo que de él proviene también que en el final del análisis inconscientemente y por vía del acto, reivindicara el hecho en el lecho a la vez que se desprendía de él. Eso fue lo interesante de ese regalo. En el mismo acto donde ella me dijo, “quiero dejarle a Ud. algo por lo que me recuerde para toda la vida” (lo que logró: tengo el helecho arriba, en la terraza) se desprendía del hecho en el lecho. Lo que va a aparecer claramente después cuando sucede el episodio del pis. Entonces el hecho en el lecho, pasó a ser otro y con otras connotaciones. Ese hecho final del análisis, había empezado a formarse un par de años antes más o menos, cuando ella veía a través de la ventana de mi consultorio mi jardín. Yo tenia un jardín grande, lindo. Me iba haciendo comentarios sobre el jardín. Del tipo: “ah, plantaron un jazmín del cabo”..., enunciaciones así. En ese proceso cambió de casa y empezó a armar su propio jardín. Entonces progresivamente, y de vez en cuando me traía alguna plantita de su jardín que yo aceptaba gustosamente. Porque además las plantas me gustan y porque no entendía lo que estaba pasando, además porque no creía que rechazándole la planta iba a entender. Hasta que me di cuenta que ella estaba haciendo un acto donde todo era legal, ¿por qué, que tiene de ilegal el regalarle una planta del propio jardín al analista? Pero tenía ese cierto toque trasgresor, de ilegitimidad, que suele tomar para algunos analizantes el hacer regalos al analista.

Porque no sé que les pasa a Uds. cuando les regalan algo. Me doy cuenta que cuando un analizante me hace un regalo puede tomar diferentes significaciones, hay analizantes que por ahí todos los fines de año nos hacen un regalito porque es fin de año, y uno no puede leerlo más allá de eso. Pero en cambio hay otros analizantes que si en determinado momento traen un regalo y uno se da cuenta que hay nerviosismo, cierta vergüenza, algún comentario “no me lo vaya a interpretar” por ejemplo, ese regalo obviamente tiene un valor libidinal. Distinto a los otros regalos.

A posteriori me pude dar cuenta de que había algo nuevo en eso de traerme las plantitas, que había algo nuevo que estaba ligado libidinalmente a mí. Eso lo tuve claro porque evidentemente ella había pescado el valor que tenía mi jardín para mí, pero estrictamente que quería decir, yo no lo podía saber. Y por suerte no se me ocurrió interpretar. Porque ahí es muy fácil extraviarse y suponer que hay amor de transferencia y que tener una plantita en común es tener un hijo en común, falo, pene, niño, etc., etc., e irse al carajo. En verdad, recién en los finales advierto con lo del helecho, qué era lo que ahí se había estado preparando.

Finalmente, lo que me parece más importante, lo que a mí más me impresionó de este caso, fue como apareció de encarnada la cuestión del nombre. También me ha pasado en otros análisis ver como cayó para algún paciente la utilización de un apelativo, de un sobrenombre familiar y pasó a usar su propio nombre. Pero fue menos espectacular, porque que un tipo se niegue a que lo sigan llamando chiquito cuando tiene 45 años, no es tan espectacular. Alguien cuenta que, chiquito, chiquito de acá, chiquito de allá hasta que uno pregunta; ¿y por qué le dicen chiquito?. Entonces empieza una historia de porque le dicen chiquito que culmina en un momento en que dice: ya no me dicen más chiquito en mi familia.

Pero este pasaje que hizo de Lucia Luciano, a Lucia Rudoni cuando se casó con este hombre, cosa que no había hecho cuando se había casado la primera vez, en el primer matrimonio ella siguió usando Lucia Luciano. Luego, terminado el análisis y pasado un tiempo, separada de su segundo marido, veo un cartel que dice “vote a Lucia”. Me sorprendió y le pregunté al remisero: ¿cómo, ahora Lucia Rudoni se hace llamar solamente Lucia?. Me cuenta: no sabe, se separaron, y me contó una historia (que no importa) y a partir de ahí se presenta como Lucía. Fíjense el movimiento que hubo en el terreno del nombre. Lo cual no tiene porque ocurrirle al resto de los analizantes, pero en ella, la cuestión del nombre daba justo en el clavo de su problema constitutivo principal. Seguramente fue un recorrido inconsciente el de ella. Recuerdo que en alguna sesión pasamos por el tema, pero en todo caso el que haya pasado a usar el nombre Lucia Rudoni no fue efecto de una interpretación. Lo que sí ocurrió después en análisis, fue que le hiciera notar que ella había cambiado la modalidad de usar el apellido, lo cual le produjo risas, pero ninguna cosa espectacular.

Ahora creo que, unido al relato de su propio análisis del acto sintomático del pis, que no olvidemos que ocurre en la cama y en relación al marido, indicaron que había un sujeto capaz por retroacción de analizar las producciones de su inconsciente y de hacerse responsable de sus propios deseos. Para mí, éste fue un dato clave para que cuando ella me dijo me parece que no tengo para que seguir, yo le dijera que estaba de acuerdo. Tengamos en cuenta que de la tercera derivación del nombre me enteré varios años después, también lo del pis, pero no una serie de movimientos que había ido haciendo en relación con lo del nombre, hasta arribar a Lucia Rudoni.

Bien, esas son las razones que me hacen suponer que esta mujer terminó su análisis. También algunas otras, que también conté en el curso del seminario y que no dejan de tener importancia, como por ejemplo que ella se haya abierto de cualquier tipo de relación conmigo, o de cualquier gente conocida mía, no porque esto sea obligatorio sino porque respondía a la lógica de su reubicación social y política.
De acá voy a la cuestión del pase, del reconocimiento del analista, etc.

El pase. Alrededor de esta cuestión, Lacan dio una serie de vueltas y produjo también algunas definiciones que hay que leerlas en el contexto con otras cosas que también decía en el mismo período o a partir de ahí hasta los finales de su vida, porque en la “Proposición del 9 de Octubre” define el pase como pase de analizante a analista, y lo que plantea es que en el desarrollo de un análisis hay una serie de pases. Por otro lado lo plantea como un dispositivo, un artefacto para que la escuela investigue el tema del fin de análisis y al mismo tiempo nomine a quienes considera que han hecho el pase. Esta modalidad de plantear la cuestión me parece que armó algunas confusiones. ¿En qué sentido? Muchas veces se encuentra que dice: “Me paso la vida pasando el pase”. Si él dice: me paso la vida pasando el pase, quiere decir que no hay El pase sino que hay “los pases”. Evidentemente hizo una apuesta para encontrar algún mecanismo que permitiera interpretar si se habían dado los pases necesarios en un análisis como para darlo por terminado. Lacan, en los Cuatro conceptos, anterior a la Proposición del 67, habla de rizar el rizo varias veces. Considero que en cierto sentido era una formulación equivalente a pasar el pase. Lo que trataba de evaluar era eso. Hizo una proposición sobre que, a los que se les reconociera que habían hecho el pase, se les daría un grado de Analista de la Escuela, que además les produciría a ellos una obligación. La de hacerse cargo del análisis del movimiento psicoanalítico, del movimiento conceptual del psicoanálisis. Para eso propuso una modalidad, la de lo que llamó Pase ante un jurado de nominación, integrado en los inicios por los más viejos de la escuela, con más experiencia, los que después irían siendo sustituidos por aquellos que hubieran hecho el pase. Planteó que el que pidiera el pase tenía que dar cuenta de su análisis ante lo que llamó “pasadores”. Esos pasadores serían elegidos por los propios analistas que estuvieran conduciendo curas, entre los analizantes que consideraban que estaban cercanos a su final de análisis. Lacan planteaba esto ilusionado en que los pasadores no iban a mirar desde arriba a los que pidieran el pase, porque ellos mismos se sentirían en situaciones parecidas.

Veo un inconveniente, ¿para qué los pasadores?. ¿Por qué no dar cuenta ante el Jurado directamente? La argumentación más fuerte que he escuchado fue que Lacan intentaba defender al que pedía el pase del prestigio del jurado, llamémosle así, a través de que la exposición la tuvieran que hacer ante los pasadores. El inconveniente que le veo a eso es que cuando se comente ese relato va a pasar por el filtro de la propia subjetividad del relator incluyendo, nada más ni nada menos que la transferencia.

Les recomiendo que lean en http://www.psyche-navegante.com/ el artículo póstumo escrito por Ricardo Estacolchic donde marcaba, subrayaba que Safouan dijo que no hubo ningún Pase en la Escuela Freudiana de Paris y que muchos de los pedidos de Pases, en realidad eran pedidos de análisis. Acá en Argentina ha habido cosas turbias. En una escuela a la que no voy a nombrar porque esas cosas cuando uno las hace saltar tiene que tener el poder y las pruebas suficientes para ir a fondo después, sino corre el peligro de ser incriminado y condenado judicialmente. Pero en una escuela había un tipo que estaba en el jurado, que no había hecho el pase y que las votantes de la escuela se enteraron que había tenido actuaciones no éticas con analizantes. Entonces, cuando hubo una elección de nuevo jurado, no votaron al transgresor. Con lo cual este hombre se enfureció. Hubo una de las colegas que se animó a decirle en persona: no te voté por tal cosa, y vos tenés que hacerte cargo de eso y decir que pasó. En lugar de eso, como aun estaba en el lugar de jurado del periodo anterior y terminando el trabajo de tal, no le dio el pase a dicha colega. Después en cambio, la propuso para un cargo en la comisión directiva.

Cuento estas pequeñeces, estas miserabilidades, para mostrarles que este tipo de cosas no quedan, tampoco entre nosotros, fuera de lo que son los mecanismos humanos en general.

Lacan propuso dos grados, el de Analista Miembro de la Escuela (AME) y el de Analista de la Escuela (AE). Sobre el AME planteaba que la escuela daba garantías de formación suficiente de esa persona y por eso lo nombraba tal. En cambio para AE, el mecanismo lo descrito antes, no era de reconocimiento sino de nominación. Planteaba que no había que tomar esto como Jerarquías sino de grados. Curiosamente grados es lo que se porta en las iglesias y las fuerzas armadas y de seguridad, pero además no hay una gran diferencia, grados y jerarquías son casi sinónimos. En los hechos para las Escuelas resulta más respetable ser AE que ser AME.

Me parece que Lacan allí cometió un error grave. Al proponer dar garantías de formación suficiente. Algo que analizó exhaustivamente fue que las garantías del Otro son una ilusión neurótica. Plantear por reglamento garantías, es un mal paso. Lo que creo por mi lado, es que si hubiera una Institución que funcionara y sabiendo que se correrían los riesgos de cualquier institución, pero que para reconocer que alguien funciona como analista lo mejor es hacerlo hablar (ante un jurado) de cómo analiza, o sea que cuente casos, dejarlo hablar, hablar y hablar. Ahí se podría escuchar si esa persona trabaja como analista o no trabaja como analista. Con todo, es complicado. En la institución de la cual fui presidente unos años, no llegamos a formar un jurado de ese orden, pero como se había armado un lugar de atención a pacientes de la propia institución, dos de los que formábamos parte de la comisión directiva, teníamos que recibir las entrevistas de los colegas que se ofertaban para trabajar en ese lugar, que eran colegas de la institución. Y se armó un lío muy grande, porque había uno que tendía a ser mas blando, con el asunto de que, y bueno, que la institución, que estamos entre nosotros, que esto y que aquello, y yo que me ponía firme, no fulana es una psicóloga, no hay caso, no funciona como analista y venía la contra argumentación, pero hace años que esta con nosotros... Fue imposible ese funcionamiento, pero en todo caso creo que la cuestión es analizar la práctica de cada uno, y no si hizo el pase o no.

En cuanto a si alguien termino su análisis o no, ya se abran dado cuenta por lo que fui diciendo de Lucia Luciano, para mí lo fundamental es observar la relación del susodicho con las producciones de su Inconsciente y con su disposición al acto. Hay colegas que dicen que el neurótico va a analizarse para saber por qué le pasan las cosas. Si alguien va a analizarse para saber por qué le pasan las cosas, es un pajero intelectual. Es así, digámoslo con todas las letras. Justamente lo que cambia el Psicoanálisis lacaniano debe centrarse en el saber hacer, no en el saber por qué.

Creo que Lacan hizo un chiste. Embarcó a todo el movimiento lacaniano en un chiste, porque cualquiera sabe que lo de grados es lo del ejército y la iglesia. Proponer como lo máximo de las instituciones lacanianas los grados fue un chiste.

Alejandro del Carril: con la cuestión del tema del goce y del deseo, el otro día leí una frase de Colette Soler que me pareció bastante piola, decía algo así como que el Psicoanálisis curaba un goce con otro goce. Y la cuestión esta del pase y de la Proposición del 9 de octubre...el otro día estuve leyendo...porque hay dos versiones de la Proposición del 9 de octubre. Una, si no me equivoco, es la versión oral que da Lacan y la otra es la versión que después escribe. Y la versión oral esta establecida por Miller, no sé si tendrá algo que ver. Pero lo que me llamo la atención al leerla es que esa versión, la oral, es mucho más burocrática, mucho más establecida y hace mucho más hincapié en esta cuestión de establecer garantías sobre la capacidad de un analista, y más en relación también a la cosa de dar garantías ante la sociedad. En cambio la otra, la versión escrita es con mucho mas movimiento y me parece mas preocupado por una cuestión de investigar el análisis y ver que pasa ahí, que por establecer garantías o parecer un reglamento institucional. La versión, la que establece Miller, parece mas un reglamento institucional, la otra no, parece mas un trabajo teórico, más interesante.

Sergio Rodríguez: bueno, ya que trajiste eso. Tiene una historia. Mientras que Lacan estuvo en la IPA no puso en cuestión la modalidad de la IPA para otorgar grados o jerarquías. Pero cuando sale de la IPA, a él se le plantea un problema, grueso, personal. Se queda sin grados, pasa a ser un paria, por decir así. Ahí acuñó esa frase: un psicoanalista no se autoriza más que de sí mismo, esa es una buena traducción. Busqué expresamente alguien que sabe mucho francés para que me traduzca eso correctamente. Me parece que es interesante, primero, porque evidentemente respondió a una necesidad de su pasar al acto de reconocerse líder psicoanalítico cuando la IPA lo desautorizaba. No le quedó otro remedio que autorizarse él y punto. Pero dio esa vuelta alambicada a la frase, que me parece interesante tenerla en cuenta porque en primer lugar, empieza con una frase con la que podría ir a otro lugar por ejemplo “un psicoanalista no se autoriza por un colegio de keroseneros”, “un psicoanalista no se autoriza”, ahí le pega la vuelta “más” o sea no hay nada que lo autorice “más” que de sí mismo.

Utilizó una noción puesta a circular por Freud básicamente en Duelo y Melancolía, sí mismo. Fue tomada por gente como Helene Deutsch y después, básicamente, por la escuela inglesa, y dentro de ella Winnicott. Es una noción que no termina de estar definida. No está definida como “yo”, “superyo”, “ello”. Alude evidentemente a algo del sujeto, pero tampoco a lo que es la versión lacaniana de sujeto. Es algo mas flu... que el yo. En ese sentido creo que Lacan tenía razón en que se puede darle a un analista (o a alguien que se presenta como analista) cualquier título, pero que se autorice o no como analista va a aparecer en como trabaje, no en los que escriba o en el cartelito que cuelgue en el consultorio, sino en como trabaje. Mucha gente con mucha cosa publicada, cuando se entra a averiguar que le pasa en el consultorio se advierte que no se autorizan de sí mismos. Me acuerdo un caso grave que tuvimos en la escuela de psicoanálisis del Borda, un obsesivo, que había escrito y publicado no sé cuanta cosa, no estaba en el cuerpo docente, era un alumno, y se mantenía encerrado en la casa escribiendo y publicando, escribiendo y publicando, no tenía pacientes. Me acuerdo que se armó una discusión ética entre los docentes de si lo dejábamos seguir o no. Porque decíamos, este tipo se va a recibir como “recibido de la escuela de psicoanálisis del Borda”, va a tener un título que va a andar mostrando por ahí y en realidad está totalmente incapacitado para atender pacientes. La sensación de cuando se ha empezado a autorizarse de sí mismo como analistas y de cuando todavía no se autoriza, se siente según como uno siente que se mueve dentro del consultorio. Este es un primer punto. Si tuvo una virtud esa definición de Lacan, que por un lado tiene un origen no virtuoso de tener que autorizarse él, porque no le quedaba mas remedio, tuvo la virtud de captar algo de lo que le pasa al analista en relación a su trabajo. Eso no quiere decir que de por si dé ningún título, justamente todo lo que produce es un modo de estar en el consultorio, lo digo de esta manera.

Después, la cuestión de las dos versiones que decís vos. La cuestión de las dos versiones tiene además en el medio, un hecho, que es que después que él hace la exposición oral en la Escuela Freudiana de Paris, se le van cuatro grandes. Uno de los problemas para Lacan, fue que de los viejos, quedaron con él hasta el pre-final: la Doltó, y que Lacan aceptaba y era a la que le derivaba los pibes para analizar. Quedó entonces, la Doltó, los Manoni, Melman y Safouan. Después que leyó la Proposición, se fueron Piera Aulagnier, Francoise Perrier y Vladimir Granoff. Entre la exposición verbal y la escrita, estuvo ese hecho importante.

Pero efectivamente, probablemente, esa lectura fina que vos hiciste yo no la hice, o no la hice tratando de pensar desde ese lugar, pero probablemente esté. Pero lo concreto es que me parece que fracasó, cosa que el propio Lacan dijo tres años después.

Después, lo que decís de Colette Soler, el pasaje de un goce al otro. Eso es así. Piensen que la sublimación es una forma de goce también, o sea que lo que planteaba Freud del aumento de la capacidad de amar, de gozar y de trabajar, tiene que ver con eso.

Roberto Vecchiarelli: Esto... no digo para trabajarlo ahora, porque aparte estamos cansados, o por lo menos yo, pero podríamos trabajar esta aparente, y digo aparente, contradicción. El analista que se autoriza de sí mismo, y esto de la inaccesibilidad del sí mismo. Sobre lo que ya se ha hablado en algunos seminarios. Se me ocurría pensar si es el “sí mismo” entendido como algo del self, de un falso self, que descubre un verdadero self, podríamos ahí derivarnos por el lado de creer que puede tener que ver con un grado de acumulación, de algún saber constituido. En realidad lo que me parece, es lo que vos decías recién, que en realidad hay momentos en que uno siente y se autoriza. Subrayo esto, como momentos, instantes en que uno se da cuenta como se mueve, que esta funcionando como analista, y que a veces uno se sorprende a uno mismo. Me parece que tiene más que ver con el artista, en este aspecto, con el artista como aquello que irrumpe. Que por supuesto está el trabajo del análisis de uno. De ahí me parece que es desde donde va surgiendo el autorizarse, de una posición subjetiva, más que de una relación al saber. Bueno, esto lo dejo como para charlar, como planteo.

Alejandro: creo que del autorizarse a sí mismo, me parece más importante ese cambio que hay del “a” al “de”. Leyendo la Proposición del 9 de Octubre, también, Lacan plantea toda la cuestión del des-ser del analista y todo lo demás, como que va de la mano de la destitución del sujeto supuesto saber.

Lo tomé más por el lado de la caída del sujeto supuesto saber, que no es ni de un lado ni del otro, pero más bien del lado del analizante, si uno quisiera ponerlo de algún lado, y la cuestión del des-ser, al menos a mí, hasta donde leí me parece que estaba mas jugado del lado del analista porque cuando cae la transferencia, (y esto me parece que uno lo puede ver trabajando) lo que se revela es que el analista estaba portando el significante, y me parece que en ese momento cae todo lo que tenga que ver con el ser del analista, uno hacia semblante, digamos. Si se hiciera un paralelo entre el sí mismo y el ser, se podría pensar el autorizarse de sí mismo como desprendimiento del sí mismo del ser, entonces ahí estuviese además en relación a la transferencia de los pacientes.

Entonces analista seria ya con una condición primera: que haya pacientes en transferencia y que eso pueda trabajarse y llevarse a cabo hasta el final, y por los efectos de las curas que el analista conduce uno se autorizaría de sí, algo de eso....